20-08-2023, 01:33 AM
(Última modificación: 20-08-2023, 02:16 AM por Jolyne Jones.)
Conforme se acercaba, podía ver que era más grande de lo que yo me imaginaba. Nunca había visto a nadie de ese tamaño; debía medir por lo menos como 3 vacas juntas. Me hizo recordar el rumor que estuvo corriendo por el pueblo durante mucho tiempo. Al parecer, en una taberna, un par de viejos juraban haberse topado con una criatura gigantesca. Según ellos, el animal los miró con ojos del tamaño de faroles y les rugió tan fuerte que sus sombreros salieron volando. Aunque bueno, después de unas cuantas jarras de alcohol todo puede parecer más grande y feroz de lo que en realidad es.
Tenía el cabello blanco y picudo hasta el medio de la espalda, como si fueran mechones de nube. Me sorprendió su voz intimidante. Chocaba bastante con su forma de ser; despreocupada y alegre. Su respuesta sobre sus cuernos me pareció curiosa. Yo estaba acostumbrada a esconder mis rasgos distintivos para evitar habladurías. No era la primera vez algún vecino me señalaba con el dedo, acusándome de haber robado una de sus cabras para llevármela a mi escondite. Como si yo pudiera volar, pensé con resentimiento.
-¿En esta isla todo el mundo come patatas sin lavarlas ni cocinarlas? – me preguntó el forastero. - ¿Lo dices por esto?, no pasa nada, si está bueno. Por aquí vas a encontrar gente de todo tipo. Por ejemplo, ¿ves esa casa de ahí? -dije señalándole una casa en la distancia-. Ahí vive una vieja que dice que tiene un cerdo que sabe contar hasta diez. La gente se amontonaba para ver cómo el cerdito movía sus patas y oinkaba en orden numérico. Algunos decían que tenía el ojo agudo para los números, pero yo creo que más bien se dejaba llevar por los pedacitos de manzana que le daban. ¿Y esa de allí? -dije señalándole otra de las casas-. Dicen que sus vacas dan leche con sabor a miel, a mí la verdad es que no supo a nada-. Conocer pequeños detalles de la vida de la gente era una de las ventajas de haber vivido en el mismo sitio durante tantas cosechas.
Después de toda esta charla me dijo su nombre alegremente. - Yo soy Jolyne, ¡Igualmente! - dije devolviéndole la sonrisa. Daba gusto encontrarse con gente tan simpática para variar.
– Acabamos de llegar a este pueblo y me dirigía a la taberna del lugar. Me han hablado bien de ella, ¿Allí cocinan las patatas o es una tradición del lugar comerlas así? – me comentó con cierto tono burlón que me hizo gracia.
-Aah sí, la clásica taberna. Yo nunca me he acercado porque siempre andan pidiendo dinero, pero la gente sale de allí tan feliz como un perro con dos colas. Y, sobre las patatas, supongo que las cocinarán, pero si te soy sincera a mí me sabe todo igual- dije entre risas. -De todas formas, esas cosas tan refinadas no van conmigo ni por asomo. Mira, sígueme. Te voy a llevar a un sitio que tengo en mente, más cerquita y que seguro que te encantará, ya verás.
Empecé a caminar hacia ese lugar y le hice una seña para que me siguiera. -Pero cuéntame Legan, ¿de qué rincón vienes tú? ¿qué te ha traído hasta este pueblito tan sencillo como un nido de ratones?- saqué un poco de mi tabaco para mascar y empecé a mascarlo despacito. -¿Quieres?- le pregunté.
