27-01-2024, 09:31 PM
Casi sin empatía.
La tiradora pasó por encima del pobre hombre que custodiaba las cámaras y ni siquiera reparó en haber matado a sangre fría a un desgraciado. Alma solitaria. Tras asestar varios golpes con su cola a la maquinaria de vigilancia y rematar con un preciso disparo a bocajarro, la tiradora cumplió con su misión. Los ordenadores y controladores de los caracoles de transmisión visual yacían ahora destrozados, chisporroteando y echando humo a causa del mal funcionamiento por las numerosas partes destrozadas. Tras esto, se acercó a las rendijas de ventilación de la sala, que bien podría haber usado para subir, y trató de entrar. Ya había visto el plano y conocía el camino, si se había fijado bien, solo tenía que ser capaz de entrar por tan pequeño conducto.
En el vestíbulo la acción no había cesado en ningún momento. Aspros, que había adquirido la llave y comunicado al equipo su éxito en el encargo que se le había asignado, seguía siendo perseguido por un encolerizado y desorientado Phat. — ¡AAAS! ¿DÓNDE ESTÁS? — gritaba el colérico gigantón mientras arrastraba a sus subordinados tras de él. Todo podía haber quedado ahí, pero en ese preciso instante, el capitán de los Alas Negras, que había cruzado todas las plantas desde la azotea haciendo uso de su fruta, atravesando como si de las aguas se tratase cada techo y suelo del hotel hasta llegar al vestíbulo y aterrizar sobre una mesa de juego. Cuando el alado capitán se dirigió al jefe de seguridad, éste lo ignoró por completo. Estaba absorto en busca de la mujer que le había robado el corazón y... sin saberlo, también la llave. Cosa que era cuestión de tiempo que descubriera.
El gordo jefe se acercaba más y más hasta Aspros que se ubicaba escondido cerca de la puerta hasta que, para sorpresa de todos, Triana Tempesta apareció en escena. De momento, el foco de Phat cambió y tras un manotazo hacia su espalda que mando a volar a los pocos subordinados que le quedaban, preso a partes iguales por el deseo y la cólera, cambió de objetivo, acercándose rápidamente a Triana. — ¿ERES TU MI AS? — exclamó el gordo mientras se abalanzaba sobre la rubia espadachina y la abrazaba violentamente en un fútil esfuerzo de mantener el contacto físico, mientras comenzaba a salivar de manera notoria y a resoplar como un cochino. Phat estaba deslumbrado y confundido por la belleza de Triana y, solo quería satisfacer sus deseos, fuera o no con su As. El terrible abrazo del grandullón aplastó a la espadachina, que podría sentir como sus huesos y articulaciones crujían con la presión del abrazo. — NO SE VA NADIE SI NO TENGO MI AS. — anunció el jefe mientras todo el vestíbulo centraba su a atención en el gordo.
La tiradora pasó por encima del pobre hombre que custodiaba las cámaras y ni siquiera reparó en haber matado a sangre fría a un desgraciado. Alma solitaria. Tras asestar varios golpes con su cola a la maquinaria de vigilancia y rematar con un preciso disparo a bocajarro, la tiradora cumplió con su misión. Los ordenadores y controladores de los caracoles de transmisión visual yacían ahora destrozados, chisporroteando y echando humo a causa del mal funcionamiento por las numerosas partes destrozadas. Tras esto, se acercó a las rendijas de ventilación de la sala, que bien podría haber usado para subir, y trató de entrar. Ya había visto el plano y conocía el camino, si se había fijado bien, solo tenía que ser capaz de entrar por tan pequeño conducto.
En el vestíbulo la acción no había cesado en ningún momento. Aspros, que había adquirido la llave y comunicado al equipo su éxito en el encargo que se le había asignado, seguía siendo perseguido por un encolerizado y desorientado Phat. — ¡AAAS! ¿DÓNDE ESTÁS? — gritaba el colérico gigantón mientras arrastraba a sus subordinados tras de él. Todo podía haber quedado ahí, pero en ese preciso instante, el capitán de los Alas Negras, que había cruzado todas las plantas desde la azotea haciendo uso de su fruta, atravesando como si de las aguas se tratase cada techo y suelo del hotel hasta llegar al vestíbulo y aterrizar sobre una mesa de juego. Cuando el alado capitán se dirigió al jefe de seguridad, éste lo ignoró por completo. Estaba absorto en busca de la mujer que le había robado el corazón y... sin saberlo, también la llave. Cosa que era cuestión de tiempo que descubriera.
El gordo jefe se acercaba más y más hasta Aspros que se ubicaba escondido cerca de la puerta hasta que, para sorpresa de todos, Triana Tempesta apareció en escena. De momento, el foco de Phat cambió y tras un manotazo hacia su espalda que mando a volar a los pocos subordinados que le quedaban, preso a partes iguales por el deseo y la cólera, cambió de objetivo, acercándose rápidamente a Triana. — ¿ERES TU MI AS? — exclamó el gordo mientras se abalanzaba sobre la rubia espadachina y la abrazaba violentamente en un fútil esfuerzo de mantener el contacto físico, mientras comenzaba a salivar de manera notoria y a resoplar como un cochino. Phat estaba deslumbrado y confundido por la belleza de Triana y, solo quería satisfacer sus deseos, fuera o no con su As. El terrible abrazo del grandullón aplastó a la espadachina, que podría sentir como sus huesos y articulaciones crujían con la presión del abrazo. — NO SE VA NADIE SI NO TENGO MI AS. — anunció el jefe mientras todo el vestíbulo centraba su a atención en el gordo.
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