Directo y al hueso.
Joe no había hecho un gran despliegue de detalles al referirse a Sohem. Solo que tuviera cuidado y que se calentaba con facilidad. No supe a qué se refería todavía. El cazador, que dejó salir la pajita por la que bebía de su vaso, espetó firmemente que se le daba mejor matar que cazar. Curiosa elección de palabras. Sobre todo porque matar no es condición sine qua non para la caza. No obstante, era bastante obvio que Sohem era un tipo brusco, incluso para haberle abordado como lo hice. No es que me importe. Cuando me amenazó ordenando que quitara la mano de Shimei Kaeru su voz se tornó seria y, curiosamente, el vaso que aún sujetaba comenzó a burbujear, hirviendo y echando vapor. Arqueé mi ceja y miré de reojo, al vaso y a la máscara, lentamente. — Usuario. — sentencié mentalmente. — Así que a esto se refería el Marine. — Parece que el afamado cazador enmascarado tenía el día torcido y la razón no era ni más ni otra que estar varado en Toko, sin posibilidad de salir por no tener un barco. Durante sus palabras, dentro de los diminutos agujeros de su casco, pude divisar dos brillos de color ámbar, dos pequeñas ventanas al alma que se asomaban de manera feroz a través de los agujeros. Tras sus palabras, el calor en la sala aumentó. La gente comenzó a mirar a todos lados buscando la causa y, no sería cuestión de demasiado tiempo que dieran con el origen de la energía calorífica. Ya tenía claro, gracias a Joe y a esto, que era obra suya y que su poder iba más que acorde a su temperamento. O quizás era al revés. No es que me importe.
— Pues la verdad, a mí también se me da bien. — inicié mientras levantaba la mano de la katana y la llevaba al vaso de batido que, tal y como el suyo, estaba comenzando a acercarse a la temperatura de ebullición. — Supongamos que yo tuviera un barco. — proseguí mientras lo levantaba por encima del nivel de mis ojos ligeramente y trataba de mirarlo a trasluz frunciendo el ceño, como tratando de enfocar. Al mismo tiempo, comencé a cambiar mi morfología, creciendo en tamaño y peso, volviéndome completamente blanco debido al pelaje del lobo y dejando que la cola quedara bajo mi largo abrigo, recogida, mientras todo el ambiente se enfriaba a una temperatura considerablemente normal, debido al contraste entre Sohem y mío propio. — Y supongamos que estuviera buscando un Gremio al que unirme. — dejé el vaso, que ahora portaba agarrando con mis afiladas garras, en el borde de la barra y con total confianza, alargué mi mano derecha con un gesto calmado y amarré el suyo para, acercando ligeramente mi tronco al frente sin dejar de mirar la máscara, dar un fuerte soplido en dirección al líquido ya prácticamente derramándose por las crecientes burbujas fruto de la temperatura. El soplido, cargado de mi gélido aliento, enfrió el contenido del vaso al instante, dejando una fina capa de vaho sobre el cristal en el exterior. — ¿Qué me dices? — finalicé soltando el vaso y reclinándome hacia atrás, mirando a los agujeros que hace unos instantes revelaron sus ojos, mientras inclinaba mi cabeza hacia abajo y miraba por el borde superior de mis ojos, con una sonrisa irónica.
Joe no había hecho un gran despliegue de detalles al referirse a Sohem. Solo que tuviera cuidado y que se calentaba con facilidad. No supe a qué se refería todavía. El cazador, que dejó salir la pajita por la que bebía de su vaso, espetó firmemente que se le daba mejor matar que cazar. Curiosa elección de palabras. Sobre todo porque matar no es condición sine qua non para la caza. No obstante, era bastante obvio que Sohem era un tipo brusco, incluso para haberle abordado como lo hice. No es que me importe. Cuando me amenazó ordenando que quitara la mano de Shimei Kaeru su voz se tornó seria y, curiosamente, el vaso que aún sujetaba comenzó a burbujear, hirviendo y echando vapor. Arqueé mi ceja y miré de reojo, al vaso y a la máscara, lentamente. — Usuario. — sentencié mentalmente. — Así que a esto se refería el Marine. — Parece que el afamado cazador enmascarado tenía el día torcido y la razón no era ni más ni otra que estar varado en Toko, sin posibilidad de salir por no tener un barco. Durante sus palabras, dentro de los diminutos agujeros de su casco, pude divisar dos brillos de color ámbar, dos pequeñas ventanas al alma que se asomaban de manera feroz a través de los agujeros. Tras sus palabras, el calor en la sala aumentó. La gente comenzó a mirar a todos lados buscando la causa y, no sería cuestión de demasiado tiempo que dieran con el origen de la energía calorífica. Ya tenía claro, gracias a Joe y a esto, que era obra suya y que su poder iba más que acorde a su temperamento. O quizás era al revés. No es que me importe.
— Pues la verdad, a mí también se me da bien. — inicié mientras levantaba la mano de la katana y la llevaba al vaso de batido que, tal y como el suyo, estaba comenzando a acercarse a la temperatura de ebullición. — Supongamos que yo tuviera un barco. — proseguí mientras lo levantaba por encima del nivel de mis ojos ligeramente y trataba de mirarlo a trasluz frunciendo el ceño, como tratando de enfocar. Al mismo tiempo, comencé a cambiar mi morfología, creciendo en tamaño y peso, volviéndome completamente blanco debido al pelaje del lobo y dejando que la cola quedara bajo mi largo abrigo, recogida, mientras todo el ambiente se enfriaba a una temperatura considerablemente normal, debido al contraste entre Sohem y mío propio. — Y supongamos que estuviera buscando un Gremio al que unirme. — dejé el vaso, que ahora portaba agarrando con mis afiladas garras, en el borde de la barra y con total confianza, alargué mi mano derecha con un gesto calmado y amarré el suyo para, acercando ligeramente mi tronco al frente sin dejar de mirar la máscara, dar un fuerte soplido en dirección al líquido ya prácticamente derramándose por las crecientes burbujas fruto de la temperatura. El soplido, cargado de mi gélido aliento, enfrió el contenido del vaso al instante, dejando una fina capa de vaho sobre el cristal en el exterior. — ¿Qué me dices? — finalicé soltando el vaso y reclinándome hacia atrás, mirando a los agujeros que hace unos instantes revelaron sus ojos, mientras inclinaba mi cabeza hacia abajo y miraba por el borde superior de mis ojos, con una sonrisa irónica.
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