28-01-2024, 01:04 PM
Gromm no hizo mucho caso a las contestaciones de Kisuke, se limitó a asentir con mala cara. Hasta que Kisuke mencionó lo de la cerveza, en ese momento sus ojos se iluminaron un poco, y se pudo apreciar una pequeña mueca que se podría considerar sonrisa en su cara.
El hombre, con su cigarro encendido, fue hacia el almacén que le indicó Gromm, donde pudo investigar con más detenimiento las pruebas o los destrozos que hubieran dejado a su paso los asaltantes. El suelo estaba lleno de pisadas y marcas lineales que dejaban los carros al entrar y al salir. Todo eso podría ser tanto de los supuestos bandidos, como de los mismos trabajadores. Con esas pruebas no iba a sacar nada en claro. Al acercarse al portón, el cual estaba visiblemente dañado y maltrecho, tampoco pudo sacar ninguna conclusión en claro. Él había venido a repartir leña, no a hacer de detective.
El hombretón se quejó en voz alta de la situación, ya que no podía sacar nada en claro. Lo que sí que fue capaz de ver en el marco de los portones, fue un pequeño trozo de tela azul, con una mancha que recordaba a la sangre. Si era de los bandidos, alguno se habría rascado con los portones y se habría hecho una herida. Esto eran suposiciones, ya que era lo primero que se le ocurriría a cualquier persona que viese estas misma pruebas.
Fue hacia Gromm con el trozo de tela en la mano. Gromm estaba en la parte interior del almacén central, justo en la parte derecha del portón. Kisuke se le acercó preguntando si el granjero sabía algo de eso, a lo cual, sobresaltado, el chico le contestó:
- Mira tío, quiero que te largues de aquí, no pintas nada en nuestros campos. Si lo que quieres es ir a Ohara ya puedes ir al muelle y pirarte. - Se le veía notablemente nervioso, demasiado.
Antes de que Kisuke pudiera hacer nada, el muchacho, del lateral de la puerta, sacó una vara de bambú de unos 2 m aproximadamente, fina como un bastón y la agarró como si de una arma se tratase.
Amenazando a Kisuke, muy nerviosos, Gromm seguía con su discurso: - ¡Que te vayas, esto es cosa nuestra joder!
El chico se puso en una posición de guardia con el arma, adelantando una de sus piernas, donde se podía ver perfectamente su pantalón azul ligeramente rasgado en un lateral. Le faltaba un trozo de tela de unos 10 cm aproximadamente, y debajo del agujero que había en su ropa, se podía apreciar perfectamente una herida ya cicatrizando.
La situación había cambiado por completo en cuestión de apenas unos segundos. De querer invitarle a una cerveza, a estar siendo amenazado con un largo bastón de bambú.
El hombre, con su cigarro encendido, fue hacia el almacén que le indicó Gromm, donde pudo investigar con más detenimiento las pruebas o los destrozos que hubieran dejado a su paso los asaltantes. El suelo estaba lleno de pisadas y marcas lineales que dejaban los carros al entrar y al salir. Todo eso podría ser tanto de los supuestos bandidos, como de los mismos trabajadores. Con esas pruebas no iba a sacar nada en claro. Al acercarse al portón, el cual estaba visiblemente dañado y maltrecho, tampoco pudo sacar ninguna conclusión en claro. Él había venido a repartir leña, no a hacer de detective.
El hombretón se quejó en voz alta de la situación, ya que no podía sacar nada en claro. Lo que sí que fue capaz de ver en el marco de los portones, fue un pequeño trozo de tela azul, con una mancha que recordaba a la sangre. Si era de los bandidos, alguno se habría rascado con los portones y se habría hecho una herida. Esto eran suposiciones, ya que era lo primero que se le ocurriría a cualquier persona que viese estas misma pruebas.
Fue hacia Gromm con el trozo de tela en la mano. Gromm estaba en la parte interior del almacén central, justo en la parte derecha del portón. Kisuke se le acercó preguntando si el granjero sabía algo de eso, a lo cual, sobresaltado, el chico le contestó:
- Mira tío, quiero que te largues de aquí, no pintas nada en nuestros campos. Si lo que quieres es ir a Ohara ya puedes ir al muelle y pirarte. - Se le veía notablemente nervioso, demasiado.
Antes de que Kisuke pudiera hacer nada, el muchacho, del lateral de la puerta, sacó una vara de bambú de unos 2 m aproximadamente, fina como un bastón y la agarró como si de una arma se tratase.
Amenazando a Kisuke, muy nerviosos, Gromm seguía con su discurso: - ¡Que te vayas, esto es cosa nuestra joder!
El chico se puso en una posición de guardia con el arma, adelantando una de sus piernas, donde se podía ver perfectamente su pantalón azul ligeramente rasgado en un lateral. Le faltaba un trozo de tela de unos 10 cm aproximadamente, y debajo del agujero que había en su ropa, se podía apreciar perfectamente una herida ya cicatrizando.
La situación había cambiado por completo en cuestión de apenas unos segundos. De querer invitarle a una cerveza, a estar siendo amenazado con un largo bastón de bambú.
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