30-01-2024, 02:27 AM
Los animales pequeños podían llegar a ser tan molestos como útiles. El curioso poder que aquella fruta me brindaba no era solo el de ser un bicho medio lagarto de gran tamaño. A mi gusto, era capaz de hacerme tan pequeña como un camaleón de verdad. Tras haber dado la señal para que mis compañeros entraran en acción, me dirigí hacia el conducto de ventilación más cercano, arranqué la rendija que estaba encima de la puerta y, colocando mis manos en el borde del conducto, abandoné mi forma híbrida para alcanzar mi transformación completa.
Sujeta al borde, solo tuve que impulsarme con mis extremidades hasta poder entrar por completo dentro del tubo. Era estrecho, pero suficiente para que cupiera mi cuerpo y me pudiera arrastrar por el mismo. Una vez en su interior, me enfoqué en seguir el recorrido que marcaba el plano. Me recordaba fácilmente a mis búsquedas del tesoro en la granja, en las que escondía los huevos de mis gallinas y me pasaba el día buscándolos, aunque ya supiera perfectamente dónde estaban.
Izquierda, todo hacia abajo, luego derecha... El detalle del plano me permitió seguir sus indicaciones sin mayor complicación, y así, recorrería el camino hasta llegar al vestíbulo del hotel; el punto de partida. Una tenue luz a lo lejos me indicó que ya había llegado a mi destino, y las voces se volvieron más audibles conforme me acercaba a ella. Pegué mi cara a la rendija para examinar la situación y me encontré con el revuelo que se estaba armando en aquella habitación. - Pero ¿qué hacen estos peleando? ¿Y el pedrusco? – pensé extrañada mientras negaba con resignación. Usando mi lengua, volví a empujar la rendija hasta que se aflojara, y de un cabezazo, conseguí que cayera.
Yo ya había cumplido con mi misión y solo me quedaba retirarme. Supongo que era lo que tenía ser la más trabajadora y responsable de nuestra cuadrilla. No sabía qué demonios estaba pasando ahí fuera pero confiaba en que los demás no tardaran mucho más en robar el diamante y salir por patas. La abertura de salida no quedaba muy alta y, sirviéndome del mobiliario, llegué sin contratiempos hasta el suelo. Mientras todos presenciaban un enfrentamiento en el vestíbulo, yo, en forma de camaleón, pasearía por en medio de todos ellos hasta llegar a la puerta, que empujaría para salir del hotel como el que no quiere la cosa.
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