31-01-2024, 08:31 PM
Ver a Peteiro teniendo dificultades para encontrar a su amigo, de algún modo me hizo sentir algo. No lo llamaría ternura, yo no siento esas mierdas (Mandarina no cuenta), quizá lástima al verlo abatido de nuevo. Pero no lástima en el mal sentido, sino en el bueno, si es que existe alguno. Parecía que Balban no era muy sociable, o quizás allí había algo más que a Eaa y a mí se nos escapaba. Tal vez algún día fuésemos dignas de que el escurridizo amigo quisiera aparecer frente a nosotras, si es que no nos íbamos cada uno por nuestro lado antes.
—No, no tengo amigos tan tímidos. No tengo muchos, de hecho —reconocí.
No me parecía motivo de vergüenza admitir algo así en voz alta, era una realidad que yo misma escogía. De pronto, recordé a la revolucionaria Hécate, aunque no es que pudiera llamarla amiga. Sí conocida.
—No, no tengo amigos tan tímidos. No tengo muchos, de hecho —reconocí.
No me parecía motivo de vergüenza admitir algo así en voz alta, era una realidad que yo misma escogía. De pronto, recordé a la revolucionaria Hécate, aunque no es que pudiera llamarla amiga. Sí conocida.
Las siguientes palabras del gyojin volvieron a hacer alusión a la muerte. No utilizó esa palabra, sino "final", pero a mí me quedaba bastante claro. Me llamó la atención, al igual que su extraña creencia de que todos teníamos un amigo tan... raro.
Siempre me gustó lo raro, todo lo "normal" era demasiado aburrido. Curiosos son los límites de la "normalidad", ¿verdad?
—El final siempre llega, lo divertido es el viaje hasta alcanzarlo —le respondí mientras le miraba a los ojos de pez. Su sonrisa me contagió y tracé la mía, más pequeña en todos los sentidos.
Eaa, después, me aseguró que estaba bien. Por supuesto, hablaba del motivo por el que yo había montado el drama (para ellos, imagino, un comportamiento irracional). Me alegraba, me alegraba de verdad de que así fuese. No deberíamos pagar por los actos crueles elegidos por otras personas, pero lo cierto es que se convierten en una mochila que nos acompaña toda la vida. Era estupendo que la semi oni hubiese sido capaz de aligerar su peso.
Siempre me gustó lo raro, todo lo "normal" era demasiado aburrido. Curiosos son los límites de la "normalidad", ¿verdad?
—El final siempre llega, lo divertido es el viaje hasta alcanzarlo —le respondí mientras le miraba a los ojos de pez. Su sonrisa me contagió y tracé la mía, más pequeña en todos los sentidos.
Eaa, después, me aseguró que estaba bien. Por supuesto, hablaba del motivo por el que yo había montado el drama (para ellos, imagino, un comportamiento irracional). Me alegraba, me alegraba de verdad de que así fuese. No deberíamos pagar por los actos crueles elegidos por otras personas, pero lo cierto es que se convierten en una mochila que nos acompaña toda la vida. Era estupendo que la semi oni hubiese sido capaz de aligerar su peso.
Escuchar otra vez que le caía bien a Mandarina me hizo sentir... contenta. Bonita capacidad la mía de congeniar más con los animales que con la mayoría de la gente. Pensé entonces que tal vez con el misterioso Balban se diese una situación parecida si algún día llegaba a conocerlo.
La pelirroja cambió de tema. Volvió a sacar a relucir su gusto por la lectura. En concreto, por la fantasía. Y por el misterio. Y algo me decía que no eran los únicos géneros que estimulaban la mente de mi peculiar compañera de mesa. Buscó algo entre sus cosas y sacó un cilindro, guardándolo de nuevo. Total, que no encontró lo que quería.
—Ohara debe de ser como un pequeño paraíso para ti —dije tras beber—. Nunca he ido allí. Y, la verdad, tampoco es que lea mucho. Nunca tuve esa afición. —Me encogí de hombros—. Debe de estar muy bien, como dices, sumergirte en otros mundos y aventuras, pero supongo que prefiero crear la mía. Sin ofender. Pero si tuviera que elegir algo que me guste de verdad, es la música. —Casi siempre que revelaba algo sobre mí, luego me sentía rara, como si me hubiese traicionado a mí misma. Como si les hubiese dejado entrar demasiado a mi mundo interior, que tan celosamente protegía. Bueno, tampoco era muy grave en esta ocasión, no era algo tan íntimo, aunque lo que la música me hacía sentir sí lo fuese—. Una buena bebida también, por supuesto —añadí más alegremente para restarle importancia—. Y si se mezclan los dos, ya es perfecto. Si los marineros borrachos de ayer hubiesen cantado mejor, habría sido un gran momento, aunque admito que lo disfruté igualmente.
¿Cómo la conversación había pasado de hablar de nuestros peores crímenes a hacerlo sobre lecturas y música?
RESUMEN
