01-02-2024, 01:26 AM
Sin tener que acelerar el paso, el joven Zorak se posicionó a unos veinte metros de distancia del carromato y los tres hombres, siguiéndoles el paso manteniendo esa distancia. Dos eran jóvenes, incluso más que él, y el otro debía rondar los cincuenta a duras penas. Claramente volvían a su hogar tras una fructífera jornada de labranza en los arrozales, los tres reían tras una ocurrencia del que parecía menor, debía tener unos dieciséis años. Tras escucharlos un rato, advirtió la posibilidad que fueran padre e hijos. Nada de lo que decían resultaba de utilidad para el fin de Zorak, banalidades sobre acontecimientos familiares y chismes del pueblo.
Unos veinte minutos después, un par de casas aparecieron, una a cada lado del camino. Al fondo más siluetas de pequeñas estructuras fueron dibujándose, aumentando la densidad de estas a medida que el camino se perdía en el horizonte, ya estaban cerca del pueblo. Las ganas del más joven de salir a dar un paseo nocturno con sus amigos puntualizaron un detalle en un comentario del más adulto, que llamó la atención del mestizo.
- ¡Gosuke! Ya sabes cual es la respuesta, no seas pesado. -
- Pero todos mis amigos tienen permiso para salir esta noche... Eres un paranoico. No tiene por qué pasarme nada. -
- De noche no vas a salir, lo siento. -
- Pero durante el día siempre estamos trabajando. ¿Cuándo veo a mis amigos? -
- Durante el día de descanso. Desde que llegaron esos tipos al pueblo han sucedido demasiadas desgracias y no quiero tener que vivir otra pérdida. -
- Ichitaro se fue porque estaba cansado de vivir bajo tu yugo y de trabajar en el campo. Si le hubieras dado la libertad que te estoy pidiendo yo, seguiría en casa. -
- ¡Ya basta Gosuke! Padre se preocupa por nosotros. ¿No eres consciente de que han abandonado sus hogares ya diez personas contando a Ichitaro? Eso no puede ser una casualidad. Esos malnacidos les están comiendo la cabeza y tu seguro que caerías en sus falacias con lo simplón que eres. -
- ¡Callate Yonjuro! Eres igual que padre, te conformas con trabajar día tras día, sin más aspiraciones que sembrar y recoger arroz. A Ichitaro no le ha pasado nada malo, todo lo contrario, se fue para tener una vida más digna que la que tenemos nosotros. Tiene sueños y aquí no los iba a alcanzar. -
- Se acabó la conversación. La ambición y el egoísmo de tu hermano son fruto de una rebeldía enaltecida por esos rufianes. Si no hubieran aparecido por aquí ese tipo de oscura mirada, no se habría ido de casa. ¿Cómo se puede ser tan influenciable? En cuanto descubra donde se esconden, iré a buscarlo y lo traeré de vuelta cogido por la oreja, si es que sigue vivo, el muy zoquete... - La conversación se había prolongado a lo largo del camino, rodeado cada vez de más casas, y se terminó a la par que los tres y el carro se detenían delante de una de esas estructuras de madera. Confirmado que eran miembros de una misma familia, el padre cargó con un par de sacos de arroz mientras se dirigía hacia la puerta de entrada a la vivienda. - Llevad el carro al granero, descargadlo y dadle de comer y beber a Hinba, no tardéis, vuestras hermanas ya habrán preparado la cena. - El patriarca entró en la casa, mientras los dos jóvenes hermanos cumplían con su cometido y llevaban el carromato a una pequeña edificación adyacente a su hogar. El más joven abrió la gran puerta de madera y el otro tomó las riendas del asno para conducirlo hacia dentro.
- Ichitaro está perfectamente, me ha venido a visitar unas cuantas noches. A vosotros no os quiere ni ver, no lo entendéis, yo soy el único que lo hace. -
- Por mi como si se muere. Es un egoísta y un cobarde. Preferiría que lo hubieran raptado, saber que se ha ido por voluntad propia me provoca un odio irrefrenable. Hace bien en no venir a verme a mi, como lo haga, lo mataré. No sabe el dolor que ha sembrado en casa y eso no se lo perdonaré nunca. - La conversación entre hermanos se perdió dentro de aquel establo.
Unos segundos después, el más joven salía del granero, cargando un par de cubos de madera, y se dirigía hacia la parte trasera de edificio a lo que parecía un pozo. Hablaba solo. - Esta noche me voy con él, ya estoy harto. -
Todo apuntaba a que el primogénito de la familia se había unido a un grupo de gente de dudosa reputación y si iba a visitar a su hermano pequeño con asiduidad, significaba que el lugar donde se refugiaban no debía estar muy lejos. ¿Tendría algo que ver Ridel con todo eso? La luna llena inundaba de luz la entrada a aquel bello pueblo, la niebla era menos densa, al igual que las dudas de si su antiguo maestro podía estar allí. Aquella conversación que acababa de escuchar, apuntaba a que la información que había adquirido podía ser cierta. Su venganza parecía cada vez más palpable.
Unos veinte minutos después, un par de casas aparecieron, una a cada lado del camino. Al fondo más siluetas de pequeñas estructuras fueron dibujándose, aumentando la densidad de estas a medida que el camino se perdía en el horizonte, ya estaban cerca del pueblo. Las ganas del más joven de salir a dar un paseo nocturno con sus amigos puntualizaron un detalle en un comentario del más adulto, que llamó la atención del mestizo.
- ¡Gosuke! Ya sabes cual es la respuesta, no seas pesado. -
- Pero todos mis amigos tienen permiso para salir esta noche... Eres un paranoico. No tiene por qué pasarme nada. -
- De noche no vas a salir, lo siento. -
- Pero durante el día siempre estamos trabajando. ¿Cuándo veo a mis amigos? -
- Durante el día de descanso. Desde que llegaron esos tipos al pueblo han sucedido demasiadas desgracias y no quiero tener que vivir otra pérdida. -
- Ichitaro se fue porque estaba cansado de vivir bajo tu yugo y de trabajar en el campo. Si le hubieras dado la libertad que te estoy pidiendo yo, seguiría en casa. -
- ¡Ya basta Gosuke! Padre se preocupa por nosotros. ¿No eres consciente de que han abandonado sus hogares ya diez personas contando a Ichitaro? Eso no puede ser una casualidad. Esos malnacidos les están comiendo la cabeza y tu seguro que caerías en sus falacias con lo simplón que eres. -
- ¡Callate Yonjuro! Eres igual que padre, te conformas con trabajar día tras día, sin más aspiraciones que sembrar y recoger arroz. A Ichitaro no le ha pasado nada malo, todo lo contrario, se fue para tener una vida más digna que la que tenemos nosotros. Tiene sueños y aquí no los iba a alcanzar. -
- Se acabó la conversación. La ambición y el egoísmo de tu hermano son fruto de una rebeldía enaltecida por esos rufianes. Si no hubieran aparecido por aquí ese tipo de oscura mirada, no se habría ido de casa. ¿Cómo se puede ser tan influenciable? En cuanto descubra donde se esconden, iré a buscarlo y lo traeré de vuelta cogido por la oreja, si es que sigue vivo, el muy zoquete... - La conversación se había prolongado a lo largo del camino, rodeado cada vez de más casas, y se terminó a la par que los tres y el carro se detenían delante de una de esas estructuras de madera. Confirmado que eran miembros de una misma familia, el padre cargó con un par de sacos de arroz mientras se dirigía hacia la puerta de entrada a la vivienda. - Llevad el carro al granero, descargadlo y dadle de comer y beber a Hinba, no tardéis, vuestras hermanas ya habrán preparado la cena. - El patriarca entró en la casa, mientras los dos jóvenes hermanos cumplían con su cometido y llevaban el carromato a una pequeña edificación adyacente a su hogar. El más joven abrió la gran puerta de madera y el otro tomó las riendas del asno para conducirlo hacia dentro.
- Ichitaro está perfectamente, me ha venido a visitar unas cuantas noches. A vosotros no os quiere ni ver, no lo entendéis, yo soy el único que lo hace. -
- Por mi como si se muere. Es un egoísta y un cobarde. Preferiría que lo hubieran raptado, saber que se ha ido por voluntad propia me provoca un odio irrefrenable. Hace bien en no venir a verme a mi, como lo haga, lo mataré. No sabe el dolor que ha sembrado en casa y eso no se lo perdonaré nunca. - La conversación entre hermanos se perdió dentro de aquel establo.
Unos segundos después, el más joven salía del granero, cargando un par de cubos de madera, y se dirigía hacia la parte trasera de edificio a lo que parecía un pozo. Hablaba solo. - Esta noche me voy con él, ya estoy harto. -
Todo apuntaba a que el primogénito de la familia se había unido a un grupo de gente de dudosa reputación y si iba a visitar a su hermano pequeño con asiduidad, significaba que el lugar donde se refugiaban no debía estar muy lejos. ¿Tendría algo que ver Ridel con todo eso? La luna llena inundaba de luz la entrada a aquel bello pueblo, la niebla era menos densa, al igual que las dudas de si su antiguo maestro podía estar allí. Aquella conversación que acababa de escuchar, apuntaba a que la información que había adquirido podía ser cierta. Su venganza parecía cada vez más palpable.
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