02-02-2024, 11:17 AM
PERSONAJE
Cuando Waj me guiñó un ojo, un escalofrío recorrió mi atrapado cuerpo emplumado. Ojalá me encontrase en una situación donde el escalofrío fuese de placer, de anticipación a lo que vendría después con alguien que me gustase, me atrajese, me pusiera a mil. Pero no. El escalofrío era de auténtica repulsión. Aún no me había soltado y mi fuerza era irrisoria en comparación con la del tipo, así que por mi cabeza transcurrieron las mil y una situaciones de mierda que el cabrón me querría hacer pasar en el barco.
Peteiro se había rendido. ¿Rendido o "rendido"? No es que fuese mi gran amigo, pero... me parecía demasiado fácil, sabía que podía pelear más. Había pasado de ser un sanguinario a un fiel acatador del puto titán. ¿Acaso me estaba... protegiendo? Deseé con fuerza que fuese así, no por la protección en sí, sino porque no se pasase al bando enemigo. Aunque, claro, lo mismo podrían pensar ellos de mí.
Estúpida, eso es lo que eres. Te has dejado atrapar como un puto canario y todo esto es por tu culpa, ¿lo sabías? No vales para nada, me soltó mi juez interior. Y quedaba poco para que me lo empezase a creer de verdad, pero mi orgullo se antepuso.
Waj, después de darle una orden al gyojin, comenzó a andar en clara dirección al barco.
Oh, mierda.
El idiota me habló otra vez. Me halagó. Me habló de su barco. Se llamaba La Dama Errante; lo peor es que el nombre me gustaba, la gran embarcación me parecía un precioso espectáculo siniestro. Me resultaba insultante que aquella maravilla fuese de su propiedad. Su mayor tesoro, lo llamó. Noté un ligero cambio en su tono de voz al dirigirse a mí, menos... hostil.
Peteiro se había rendido. ¿Rendido o "rendido"? No es que fuese mi gran amigo, pero... me parecía demasiado fácil, sabía que podía pelear más. Había pasado de ser un sanguinario a un fiel acatador del puto titán. ¿Acaso me estaba... protegiendo? Deseé con fuerza que fuese así, no por la protección en sí, sino porque no se pasase al bando enemigo. Aunque, claro, lo mismo podrían pensar ellos de mí.
Estúpida, eso es lo que eres. Te has dejado atrapar como un puto canario y todo esto es por tu culpa, ¿lo sabías? No vales para nada, me soltó mi juez interior. Y quedaba poco para que me lo empezase a creer de verdad, pero mi orgullo se antepuso.
Waj, después de darle una orden al gyojin, comenzó a andar en clara dirección al barco.
Oh, mierda.
El idiota me habló otra vez. Me halagó. Me habló de su barco. Se llamaba La Dama Errante; lo peor es que el nombre me gustaba, la gran embarcación me parecía un precioso espectáculo siniestro. Me resultaba insultante que aquella maravilla fuese de su propiedad. Su mayor tesoro, lo llamó. Noté un ligero cambio en su tono de voz al dirigirse a mí, menos... hostil.
Entonces, mientras me hablaba en su camino al puerto, mi prisión en las alturas me permitió ver, por encima del hombro del enorme pirata, a mis dos compañeros —esperaba que lo fuesen todavía— caminar en nuestra misma dirección. A través de la lluvia podía comprobar que hablaban entre sí, pero no podía escucharles por la distancia y la tormenta. Esperaba que el oído de Waj no fuese tan fino, y menos a través del violento repicar de las gotas, pero si algo podía aportar yo en aquella situación, por diminuto que fuese, lo haría.
—Es precioso —reconocí para que me escuchase. Y no mentía. Era probable que le gustase que halagase su bella posesión, así que continué—: La verdad es para... estar orgulloso, es digno de... admiración. —Aún me costaba hablar al continuar en el interior de su mano y bajo la presión de sus enormes dedos—. Estoy deseando que... me lo enseñes por dentr...
De pronto, escuché la voz de Eaa interrumpir mi actuación (fingida hacia Waj, sin fingir con respecto al barco). Le insultó, le retó, nos volvió a poner como trofeo. Joder, yo ya lo era en ese momento. Sentí que mi rostro perdía el poco color que de por sí vestía. ¿Qué estaba haciendo? Estábamos siguiendo un plan, ¿no? Un plan que en mi cabeza sonaba espectacular, pero que realmente no habíamos hablado y yo estaba suponiendo que los tres llevábamos a cabo, cuando la realidad podría ser bien distinta. ¿Estaba intentando salvarme? Porque si a Waj se le cruzaban los cables, me espachurraría como a una puta croqueta.
Mi corazón comenzó a latir muy rápido. Pensaba que habíamos controlado la situación, al menos Peteiro y yo, o al menos yo, y ahora volvía a sentir a la muerte respirando, caliente, en mi nuca.
Escuchar a Peteiro me alivió, intentaba quitar importancia al acto de Eaa, pero... ¿era para apaciguar los ánimos o porque realmente se había pasado al bando de aquel gilipollas? Porque si no estaban actuando en sintonía, era que quizá ya no fuésemos un equipo, aunque realmente nunca lo fuimos. Tal vez sí, por un rato.
Estaba empezando a ponerme nerviosa y eso no era bueno. Debía pensar con claridad. Puede que aquellos fuesen mis últimos momentos para pensar si al imbécil le daba por aplastarme y quitarme la capacidad para siempre. Una ráfaga ígnea me quemó las entrañas por la impotencia de sentirme tan vulnerable.
Una vez más, solo podía tirar de un recurso: la supervivencia.
—Ca... pitán —la puta palabra me abrasó la garganta, pero sabía que le gustaría—, no irás a tomarla en serio, ¿verdad? Eaa es... peculiar... es... es... —Piensa, inventa—. Le cuesta aceptar obviedades. A veces. Créeme, la conozco desde... hace tiempo y... —mentira— no es muy buena controlando su carácter, pero es buena chica...
Mi sumisión podría hacerme vomitar, pero necesitaba seguir viviendo, por lo menos hasta que me liberase de sus garras. Necesitaba sobrevivir para que pudiésemos arrancarle la vida a él. Si es que Peteiro seguía en nuestro bando, porque contra esos dos la cosa se complicaría, y mucho.
Los relámpagos no cesaban, seguidos de sus fieles truenos. La lluvia arreciaba.
En realidad, admiraba la postura de Eaa, era la única que se había mantenido fiel a su posición en lugar de fingir rendición. Ojalá yo hubiese podido hacerlo. Podía. De hecho, cuando quisiera. Eso sí, moriría.
Boba, idiota. Si no te hubiese atrapado, no estaríamos en esta situación. Mi voz interior e intrusiva me atacó de nuevo.
Ya lo sé, le respondí mentalmente.
—Perdona si... no puedo hablar bien... Me estás haciendo daño... —Odié profundamente admitirlo, pero tal vez, solo tal vez, me soltase... Cosa que veía complicada si volvía a ponerse en tensión por la provocación de Eaa. Intenté volver a atraer su atención—. Cuéntame más... cosas sobre el barco...
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