La noche era preciosa y tranquila, era de las pocas cosas que podían hacer que mi mente dejara de pensar y se relajara, el frío de la noche junto a la paz que trae el silencio, mientras jugueteaba con mi mechón y fumaba era como un pequeño refugio de tranquilidad, aunque parecía que el niño se había echado atrás y el hermano no aparecía, pero por lo menos ahora sabia que aquí tenía un hilo por el que tirar, pude escuchar pasos, cuatro pies, por el sonido de estos parecía que andaban abrazados. Una sonrisa nostálgica adorno mi cara mientras recordaba como Ridel me había enseñado a interpretar los pequeños detalles en el arte del espionaje, acto seguido apareció en mi vista una pareja, bastante acaramelados.
Mientras la pareja daba largas para despedirse un recuerdo azoto mi mente, una joven Melisa de dieciocho años abrazada a Ridel, mientras celebraban un botín obtenido en equipo y Ridel lo felicitaba por como estaba aprendiendo de el "mi obra magna" le gustaba llamarme... y a mí que lo hiciera. Unos pasos más cautelosos sonaron desde la parte trasera de la casa, bastante más sigilosos... conozco bien esa forma de caminar. Me agazapé en el tejado y pude ver a un chico que entraba al patio y se aproximaba a la casa, acto seguido escuche como golpeaba el cristal y como hablaban entre hermanos, por la forma de hablar no parecía mala persona, de hecho me recordaba a mí en la época en la que estaba bajo el ala de Ridel, el chico comento que donde antes veía justicia ahora veía egoísmo, tenía que procesarlo todo y tomar una decisión.
Estaba claro que si era alumno de Ridel seguirle sin ser descubierto podría ser un problema, puesto que no conocía las capacidades del chico, tampoco podía presentarse ante el cómo un enemigo de Ridel, pero esa frase sobre el egoísmo... si alguien conocía bien el egoísmo de Ridel era yo mismo, quizá podría hablar con el chico e intentar sonsacarle información.
El chico comenzó a caminar fuera del terreno de la casa mientras se despedía de su hermano de forma cariñosa, cosa que me hizo pensar en Melisa, cuando esto acabe debo hablar con ella y pedirle disculpas, cuando el chico salió del recinto, salte de la casa y comencé a seguirle a unos veinte metros, era curioso, pero escuchar sus pisadas al compás de las mías volvía a traerme recuerdos, no oculte el sonido de mis pisadas, quería que el chico se diera cuenta de mi presencia, así que cuando entro en la arbolada acorte mi distancia hasta quedarme a diez metros de él.
"Muy buen juego de pies, chico, tu maestro debe ser bastante bueno" dije mientras saludaba amigablemente.
La suerte estaba echada, ahora solo quedaba ver la parte del chico, no quería hacerle daño, pero si era necesario le arrancaría una confesión del lugar donde estaba Ridel, pero para saber si realmente trabajaba para el debía jugar bien mis cartas.
Mientras la pareja daba largas para despedirse un recuerdo azoto mi mente, una joven Melisa de dieciocho años abrazada a Ridel, mientras celebraban un botín obtenido en equipo y Ridel lo felicitaba por como estaba aprendiendo de el "mi obra magna" le gustaba llamarme... y a mí que lo hiciera. Unos pasos más cautelosos sonaron desde la parte trasera de la casa, bastante más sigilosos... conozco bien esa forma de caminar. Me agazapé en el tejado y pude ver a un chico que entraba al patio y se aproximaba a la casa, acto seguido escuche como golpeaba el cristal y como hablaban entre hermanos, por la forma de hablar no parecía mala persona, de hecho me recordaba a mí en la época en la que estaba bajo el ala de Ridel, el chico comento que donde antes veía justicia ahora veía egoísmo, tenía que procesarlo todo y tomar una decisión.
Estaba claro que si era alumno de Ridel seguirle sin ser descubierto podría ser un problema, puesto que no conocía las capacidades del chico, tampoco podía presentarse ante el cómo un enemigo de Ridel, pero esa frase sobre el egoísmo... si alguien conocía bien el egoísmo de Ridel era yo mismo, quizá podría hablar con el chico e intentar sonsacarle información.
El chico comenzó a caminar fuera del terreno de la casa mientras se despedía de su hermano de forma cariñosa, cosa que me hizo pensar en Melisa, cuando esto acabe debo hablar con ella y pedirle disculpas, cuando el chico salió del recinto, salte de la casa y comencé a seguirle a unos veinte metros, era curioso, pero escuchar sus pisadas al compás de las mías volvía a traerme recuerdos, no oculte el sonido de mis pisadas, quería que el chico se diera cuenta de mi presencia, así que cuando entro en la arbolada acorte mi distancia hasta quedarme a diez metros de él.
"Muy buen juego de pies, chico, tu maestro debe ser bastante bueno" dije mientras saludaba amigablemente.
La suerte estaba echada, ahora solo quedaba ver la parte del chico, no quería hacerle daño, pero si era necesario le arrancaría una confesión del lugar donde estaba Ridel, pero para saber si realmente trabajaba para el debía jugar bien mis cartas.
Resumen
Karmas
