03-02-2024, 10:08 PM
Todos lograron salir rápidamente del hotel y, protegidos bajo el manto de la noche, fuimos directos a nuestro barco. Aunque tuvimos tiempo de sobra para hacerlo, no conseguimos contactar con Kosax durante todo el trayecto, y solo pudimos escuchar ruidos raros por el Den Den Mushi. Tampoco le di tanta importancia en el momento, ya que hasta yo misma había tenido problemas en el pasado para comunicarme a través de ese artilugio, pero solo era cuestión de acostumbrarse. En su lugar, quería contarles cómo yo, Jolyne, había llegado hasta la sala de máquinas y había hecho frente a toda una delicada tecnología para cumplir mi parte de la misión. No quería su reconocimiento, solo asegurarme de que estuvieran al tanto de mis contribuciones al equipo, pero Aspros interrumpió para hablar sobre sus líos amorosos clandestinos. – Pos no te creas. En el pueblo todo se acaba sabiendo – le contesté con la sinceridad que me caracterizaba.
Cuando pudimos subir al barco, nos encontramos con un caótico panorama. La cubierta estaba vacía, manchada de un pringue rojo y sin ningún rastro de Kosax. Antes de alarmarme, incliné levemente la cabeza y entorné los ojos extrañada para observar la cubierta del barco. No iba a engañar a nadie; en época de matanza se veían cosas peores en mi granja, pero afortunadamente este no era el caso.
– ¿Se puede saber por qué hay salsa de tomate en el suelo? – dije con cierto tono de molestia. No podía entender quién de nosotros había sido tan desconsiderado como para tirar comida al suelo. ¿Es que acaso no sabían lo que costaba cosechar los alimentos? Iban listos si se pensaban que en nuestro barco eso iba a ser lo habitual. Al menos aún se podía comer a lametones. No obstante, había algo que me escamaba en todo este asunto. Seguí junto a Triana el rastro de tomate hasta llegar a la bodega y, cuando ella abrió la puerta, me asomé para ver su interior. Lo que vi fue un puñado de ropajes embolicados que hacían una forma perturbadora. - Está hecho a mala gana, pero eso no es un cuerpo de verdad. – les advertí. – Aquí hay gato encerrado - dije mientras me tocaba la nariz, indicando que algo me olía mal en todo este asunto. Además, había demasiado silencio. - ¿Y Kosax? Miré a mi alrededor buscando alguna señal de vida. Solo esperaba de todo corazón que su verdadero objetivo no fuera la gallina y que esto conformara una elaborada treta para despistarnos y robárnosla.
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