05-02-2024, 05:11 AM
John tenía toda su atención en Bisbal, el pequeño traidor que había resultado ser más listo y fuerte de lo que pensaba, pero no el único de los presentes. Kevin y Gideon aprovecharon que el bandido estaba herido y distraído para atacarle también. Ndhalf escuchó como el oficinista gritaba el nombre de su compañera y miró como se disponía a asestarle un golpe, un acto temerario llamar la atención si iba a atacar, pero como el hombre estaba de espaldas y el pequeño perro lo tenía agarrado le era imposible poder defenderse. El daño fue tan fuerte que dejó confuso al bandido y ocasionó que bajara la mano - abriéndola en el proceso - interrumpiendo su siguiente ataque a Bisbal. La cosa no quedó ahí, pues la skypian también aprovechó para atacarlo y dar así el golpe de gracia.
Ndhalf sintió como su cuerpo perdía fuerza y empezaba a ver borroso, sus ojos estaban perdiendo brillo mientras cerraba lo parpados, había perdido ante dos personas que había subestimado y lo peor es que le había traicionado quien creía que había llegado a considerar su amigo en mucho tiempo, Bisbal. El cuerpo del bandido se desplomó bocabajo, haciendo que la sangre que brotaba de su espalda por el corte goteara hasta llegar al suelo, y cuando el can no notó ningún movimiento por su parte lo soltó dándose la vuelta y lanzándole un poco de tierra con sus patas traseras a modo de enfado.
El pequeño animal empezó a oler y siguió un rastro hasta el bolsillo derecho de John, rebuscó usando su hocico y luego su patita delantera derecha hasta que logró sacar algo. Agachó la cabeza y lo cogió con la boca para dárselo a Gideon, elevándose en sus patas traseras y apoyando las delanteras en la pierna izquierda de la skypian. Se trataba de un collar de cuero marrón con una chapa dorada que se podía leer grabado por una parte el nombre “Bisbal” y por detrás “Isla Toroa”.
El animal esperó unos minutos para que la chica se lo pusiera cuando se vieron sorprendidos por un grupo de sesenta guardias, perfectamente uniformados, liderados por una mujer que se sorprendió al ver a ambos cazadores y justo en el suelo a John Ndhalf inconsciente. — Así que este es el motivo por el cual nos hemos encontrado veinte bandidos y a Anne Dalushia inconscientes más adelante — dijo la capitana del grupo. — Arrestad a John Ndhalf y a Anthony Flags — ordenó mirando de reojo a los soldados, quienes se irguieron haciendo un saludo militar con la mano derecha antes de avanzar cuatro de ellos hacia los bandidos.
Mientras los guardias - separados en dos grupos de dos - enmanillaban a ambos delincuentes, la mujer se fijó por fin en el pequeño perro que estaba a los pies de Gideon. — ¡Bisbal! Aquí estabas amigo — dijo con una sonrisa. — Cuando empezaron los rumores de que este indeseable y su grupo andaban por aquí, el pequeño guardián de la isla desapareció y nos preocupó — añadió haciendo referencia a Bisbal, quien fue a ponerse delante de la capitana y se sentó lo más recto que pudo, sacando pecho de forma orgullosa por las palabras.
La mujer se acercó hacia los cazadores - quedándose a un metro de distancia - con una mirada más seria que hasta el momento. — Muchas gracias por salvar nuestra isla. Por supuesto os entregaremos en el pueblo la recompensa de Ndhalf, de diez mil berries, junto a las que acababan de darle a Flags y Dalushia de cinco mil cada uno. Os la habéis ganado — comentó mientras veía el estado en el que se encontraban ambos, llenos de heridas y cansados. La capitana se puso recta y se llevó la mano derecha a la frente, siendo imitada por los soldados detrás de ella. — La isla de Toroa está en deuda con vosotros ¿Quiénes sois? — preguntó con curiosidad queriendo saber el nombre de la pareja que se había adelantado a la guardia evitando una masacre en el pueblo.
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aclaraciones
