07-02-2024, 01:42 AM
Ichitaro no esperaba eso, ya había asumido su muerte, pero no dudó ni un segundo al ver la imagen de su hermano en su cabeza, tenía que vivir para protegerlo, ya fuera de Ridel y sus secuaces como de cualquier peligro que viniera. Ese pelirrojo quería enfrentarse a todos aquellos tipos solo, o estaba loco o sabía bien lo que hacía. El joven ex-agricultor esperaba que fuera la segunda opción.
- ¡Gracias! - Salió corriendo en dirección a su casa sin mirar atrás. Ardía en deseos de abrazar a su familia, aunque no sabía si sería definitiva, la vida le estaba dando otra oportunidad. "No es mal tipo, seguro que tiene una buena razón para querer ver a Ridel, pero que busque justicia no suena bien, no parece que solo quiera hablar con él... Bueno eso no es asunto mío"
Zorak salió del bosque penetrando en el claro para gritar en dirección de la casa. Retó a Ridel ahí mismo, forzándolo a salir de su escondite, no iba a meterse en la boca del lobo, sabia decisión. El tiempo pareció congelarse. Ni una brizna de aire, ni un animal produjo ningún ruido. En la casa había luz, pero parecía abandonada, nadie respondía ni aparecía por las ventanas o la puerta. El joven mestizo incluso llego a dudar que hubiera alguien ahí dentro. Solo silencio y frío.
De pronto se abrió la puerta y salieron al porche de la casa diez figuras encapuchadas que sin mediar palabra se acercaron hasta Zorak, quedándose a ocho metros del él. Claramente no tenían intención de hablar, quien les había ordenado salir no quería conocer las intenciones de su invasor, simplemente quería eliminarlo. Se dispusieron en semicírculo, separados un metro entre ellos cubriendo casi ciento ochenta grados del campo de visión del pelirrojo. Por la misma puerta salieron también dos sujetos encapuchados, a simple vista ya se veían mucho mejor preparados para lo que venía que los diez primeros, pero se quedaron bajo el tejado del porche, observando la escena desde allí, a uno quince metros de Zorak.
- Acabad con él. - Era la voz de un chica joven, una de las dos figuras que acababan de asomarse lanzaba la orden de ataque. La fiesta iba a dar comienzo.
- ¡Gracias! - Salió corriendo en dirección a su casa sin mirar atrás. Ardía en deseos de abrazar a su familia, aunque no sabía si sería definitiva, la vida le estaba dando otra oportunidad. "No es mal tipo, seguro que tiene una buena razón para querer ver a Ridel, pero que busque justicia no suena bien, no parece que solo quiera hablar con él... Bueno eso no es asunto mío"
Zorak salió del bosque penetrando en el claro para gritar en dirección de la casa. Retó a Ridel ahí mismo, forzándolo a salir de su escondite, no iba a meterse en la boca del lobo, sabia decisión. El tiempo pareció congelarse. Ni una brizna de aire, ni un animal produjo ningún ruido. En la casa había luz, pero parecía abandonada, nadie respondía ni aparecía por las ventanas o la puerta. El joven mestizo incluso llego a dudar que hubiera alguien ahí dentro. Solo silencio y frío.
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De pronto se abrió la puerta y salieron al porche de la casa diez figuras encapuchadas que sin mediar palabra se acercaron hasta Zorak, quedándose a ocho metros del él. Claramente no tenían intención de hablar, quien les había ordenado salir no quería conocer las intenciones de su invasor, simplemente quería eliminarlo. Se dispusieron en semicírculo, separados un metro entre ellos cubriendo casi ciento ochenta grados del campo de visión del pelirrojo. Por la misma puerta salieron también dos sujetos encapuchados, a simple vista ya se veían mucho mejor preparados para lo que venía que los diez primeros, pero se quedaron bajo el tejado del porche, observando la escena desde allí, a uno quince metros de Zorak.
- Acabad con él. - Era la voz de un chica joven, una de las dos figuras que acababan de asomarse lanzaba la orden de ataque. La fiesta iba a dar comienzo.
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