[Pasado FIC] [+18] - El castigo infligido es desproporcionado al crimen cometido
#4

     Descubrí que viajar por el mar sin ser polizón era una maravilla que lamenté no haber experimentado antes. El vaivén del barco, las olas rompiendo en su madera, la brisa salada que mecía mi cabello y acariciaba mi rostro con sus dedos etéreos, dándome la bienvenida a un viaje, para mí, emocionante.
     La visión de un horizonte infinito y repleto de historias aún no contadas.
     Un cielo abierto de cuyo sol me escondía y entre cuyas nubes grises, cuando lo cubrían por completo, mis ojos se perdían.
     Una oscura cúpula plagada de estrellas rutilantes que, cuando las olas descansaban en calma, pintaban la superficie del agua con idéntico brillo.
     La llamada del mar, aquella que solo quienes la han sentido pueden vivirla abrazando sus corazones, reconfortándolos, dándoles un sentido.
     Todo esto, por supuesto, complementado con la vida pirata, que amé desde el principio.
     Por el día había espacio para todo tipo de tareas en el barco. La Llama Áurea, lo había bautizado Jasper. Al principio, solo me encomendaban las más fáciles, dando por hecho de que mis manos eran de cristal a juzgar por mi apariencia. Rectificaron al darse cuenta de que mis anillos —en el caso de que los tuviera— no se caían por ensuciarme, rasparme, golpearme ni cualquier otra cosa típicamente atribuida a los hombres de forma cultural e histórica. Mientras mi fuerza física me lo permitiese, no sería yo quien me negase a cualquiera de esas labores en navegación.
     Ni en tierra. Salvo que en tierra estas eran de otra índole, más… criminales.
     Y se dieron cuenta de que ahí me desenvolvía aún mejor. Al fin y al cabo, en ese campo sí tenía experiencia. Y ningún reparo en mancharme de sangre si era necesario.
     Con el paso de las semanas, socializar con el resto de la tripulación cada vez era más sencillo. No con Lynette, por supuesto, seguía manteniendo la excusa de que no se fiaba de mí. May, la otra mujer de la banda, no tuvo ningún reparo en tratarme como a una más, así que no sé qué mosca le había picado a la del parche, quien —pronto supe— era la vicecapitana.
     —No me mentiste cuando me dijiste que eras capaz de aprender cualquier cosa y que ya habías sido delincuente antes —me asaltó un día O’Rourke mientras yo permanecía apoyada en la barandilla de la popa, observando la estela blanca que dejaba La Llama Áurea en el vasto azul.
     Di un respingo.
     Su maldita voz siempre conseguía en mí efectos que me esforzaba mucho por ocultar, pero cuando me pillaba por sorpresa, tardaba unos segundos más en conseguirlo.
     —Por supuesto que no te mentí —respondí. Seguí mirando la estela del barco cuando se colocó a mi lado, sin desviar mis ojos hacia él. Me era fácil, ya que vestía mi capucha siempre que el sol ardía en el cielo.
     Pocos días habían bastado para que me enamorase de Jasper O’Rourke. Era la primera vez que sentía algo así por alguien, algo que había comenzado con la atracción brutal hacia él al verlo en persona en el tugurio Siete Monedas. Ahora mi fuero interno se debatía entre quererlo cerca y necesitarlo lejos: lo primero porque mi corazón lo exigía y lo segundo porque no se lo podía permitir. Estaba segura de que un hombre como él jamás se fijaría en alguien como yo en esos términos.
     En aquel momento, yo ya con diecinueve y él con veintisiete, lo veía a años luz de mí. Por eso y por los rangos.
     Y por Lynette.
     Había visto cómo ella lo miraba cuando creía que nadie la miraba a ella. Si era algo recíproco o no, yo no lo sabía, nunca había visto indicios más allá de la camaradería de dos que se conocían desde hacía mucho tiempo. Sin embargo, pensar en ello me enfermaba, así que procuraba hacerlo lo menos posible. De hecho, procuraba no dedicarle minutos al capitán en mi mente. Pero era difícil, muy difícil.
     Su sonrisa, el azul imposible de sus ojos, su mirada intensa, sus brazos, su cuerpo, su voz rasgada y grave…
     La misma que estaba utilizando en ese momento para dirigirse a mí en la popa.
     —Me das curiosidad, ¿sabes? Cómo has conseguido ser tan diestra en el arte del crimen siendo tan… —Se detuvo, dubitativo.
     —¿Joven? —Añadí, pensando no en mi presente, sino en la adolescente que acuchilló al Patrón para huir de sus garras.
     —Guapa.
     Solo está siendo amable contigo, boba. Sí, para aquel entonces, mi crítica voz interior ya me hacía compañía, siendo especialmente cruel por ruborizarme ante el comentario. Agradecí a mi fiel capucha negra.
     —A la vista está que no tiene nada que ver la belleza física con ser un cabrón —solté. Y me refería a mí, porque nunca he sido idiota y sí consciente de mi rostro, pero caí en que había hablado en masculino. Mi puto subconsciente me había traicionado.
     Y él se había dado cuenta.
     —¿Me estás llamando guapo o cabrón? —rio.
     Las dos cosas.
     —No, no me refería a ti, es… una forma de hablar.
     Al dar las patéticas explicaciones, me giré hacia él, dejando mi rostro visible. Error. Lo que antes había sido rosado, ahora me hacía parecer un tomate. Entonces él rio más. Y se le formaron los putos hoyuelos en las mejillas. Y yo me quería morir.
     Jasper despegó los labios para decirme algo mientras yo pensaba seriamente si tirarme por la borda, pero lo interrumpieron primero.
     —¡Isla a la vista! —gritó John, un compañero pirata a quien le faltaba la mitad de la oreja derecha.
     Aproveché para marcharme de allí, buscando alguna tarea que no supiera sobrevivir sin mí. Cualquier cosa que me permitiera alejarme de tal bochorno. Y, antes de desembarcar, había muchas cosas que hacer.
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RE: [Pasado FIC] - El castigo infligido es desproporcionado al crimen cometido - por Maeve Knox - 14-02-2024, 05:22 PM

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