14-02-2024, 11:37 PM
Tras varios meses de entrenamiento duro, disciplina y esfuerzo, vuelvo, por fin, a ver la belleza del horizonte y la costa. El Sol se impone en lo alto de la Isla Swallow, que hace resplandecer el mar con su brillo y propone un día de bullicio y comercio en la villa y el puerto de esta. Golondra está a rebosar de gente, que se mueve de un lado a otro consumiendo productos, turisteando y no dejando apenas espacio para pasar. De vez en cuando, algún que otro transeúnte despistado choca o tropieza conmigo, quedándose pasmados observando mi fisionomía y mis pintas. Ciertamente, un tipo de dos metros cubierto completamente de negro y encapuchado, a plena luz del día, pues llama la atención sin mucha dificultad. Además, la bolsa de lino blanca que cargo en la espalda junto a mis pertenencias, hace contraste con el fondo de la propia sudadera oscura. Sin perder tiempo en distracciones banales, me dirijo al puerto, donde me espera mi barco, el Espíritu Vengativo. Lleva mucho tiempo bajo el cuidado de un pescador y me pregunto si se habrá mantenido bien después de tantos meses sin atención ni tratamiento. Al llegar a la zona portuaria, el ajetreo se multiplica de forma exponencial. Es exagerado el número de personas que hay y el moverse entre la gentuza es casi un desafío. -¿A que cojones se debe esta puta marea de personas en el puerto, loco?- me pregunto mientras voy apartando gente con la mano libre y doy empujones para avanzar. Mirando al cielo se pueden ver un conjunto de gaviotas con sacas de periódicos, pero eso no justifica la marabunta que hay aquí. Lo que sí lo justifica es un enorme mostrenco de barco, que destaca por encima de todos por su tamaño en comparación y por el vaivén de personas que maneja. Parece el epicentro y el causante de todo este caos. Sonrío con la idea de asaltarlo y quedarme con todo lo que lleva, pero me centro en buscar mi nave y salir de allí cuanto antes. Apartando ya al último grupo de peña que se interpone entre mi muelle y yo, consigo vislumbrar mi navío, que se mantiene firme y estable, justo como lo dejé. A su lado el también fornido pescador, hablando con uno igual de uniformado que él pero de aspecto decrépito y canoso. Me acerco a la escena para preguntar por mi nave y saldar la deuda.
-Varios meses fuera y tú sigues con ese uniforme de mierda amarillo chillón, SHIHahaHAHaH-
-Oh- se sorprende y se acerca para hablar. -Me sorprende que aún sigas aquí. Cómo ves, tú barco está de una pieza.-
-Si, y te lo agradezco. Has cumplido y la peña que cumple me mola. Pero bueno, me las piro que me voy para el cielo.- me doy la vuelta y me dispongo a marchar.
-Oye, ¿No me vas a pagar nada?- me reclama el pescador en la distancia. -Sabemos que eres un pirata, podríamos haberte vendido.-
-¿¿¡PERDONA!??- me giro encabronado y dejo la bolsa en el suelo. Me acerco hasta estar a dos palmos de él. Este da un paso atrás asustado. -Mira tío, ya te he dado las gracias. No sigas que al final pillas por pesao'.- amenazo con rabia.
-Mi... Mira... Hagamos un trato, ¿si?- tartamudea
-Ni tratos ni pollas. Me largo de aquí.- me doy la vuelta y me empiezo a retirar.
Recojo las cosas del suelo y me acerco a la soga que sostiene mi barco. Empiezo a desatar el nudo cuando el marinero se acerca por detrás. Giro un poco la cabeza y este se acojona. Porta en su mano un puñado de papeles. Cuando pilla aire y valor, se digna a hablar.
-Mi...Mira.- señala entonces en su papel. Es el periódico, y en el un artículo titulado "Billete al cielo". -Es...esto te interesa tanto como... Como a mí.
-¿Ehh?- me giro con aparente desdén, pero el titular había llamado mi atención. Me acerco y le arrebato de un gesto rápido los papeles. Me pongo a leer la noticia con detenimiento, mientras me rasco la barbilla y manejo las posibilidades. -¿Y que pasa con esto?¿Trabajas para Nozama o algo?- pregunto sin quitar ojo del resto de noticias, a ver qué me llama la atención.
-Mi padre está viejo, y el barco inmenso de allá se lleva parte de nuestro producto a una feria gastronómica.- señala entonces el navío que generaba tanta afluencia de gente. -Ven conmigo y hazte pasar por un trabajador. Eso te garantizará un ascenso seguro a Skypiea. ¿No querías ir al cielo?-
-¿Consideras que no puedo llegar por mi mismo?- tiro el periódico al agua. Me pongo bravucón, aunque soy consciente de lo beneficioso que es esto.
-N... No dudo de tus habilidades como navegando... Pero ese barco no aguantará el ascenso tan salvaje...- entonces señala a su padre. -Puedes dejarlo aquí a buen recaudo y volver tiempo después... Puedes confiar en nosotros.
-Vaya...- me rasco el mentón. -Bien, vamos a ello.
Me consigue el marinero una bolsa de lino blanca también, pero esta con un cordel resistente con el que poder cruzarme la cintura y tener a modo de cinturón mis aparatos varios. Tenía la posibilidad de guardarlos dentro de mi, pero todavía no quería jugar esa carta. Tras charlar un poco por encima sobre cuál sería la jugada, acordamos que cargaría con una caja de madera de gran envergadura y peso. Que eso, junto a la capucha y al montón de personal que subía y baja del barco, garantizarían mi subida sin saltar las alarmas de ningún inspector o vigilante. Y así fue. Cargado con un enorme cajón lleno de pescados malolientes y productos locales, subí la rampa de acceso al inmenso navío de Nozama sin que nadie se diera cuenta de que el criminal más peligroso del North Blue se subía.
-Buenos días, ¿su nombre?- pregunta el controlador de acceso antes de embarcar.
-Colmenero. Del chiringuito local.-
-¿Y el grandullón?- pregunta por mi, aunque soy tan incapaz de verle la cara por cargar la caja como el de ver la mía. -¿Está apuntado?-
-Es Machupichu, mi trabajador. Pero quizá no está... Viene por mi padre, que está mayor...-
-Caballero, sabe que debe apuntarse...-
-Ya, pero... Haga una excepción. Me sube la caja y se marcha.-
-Bueno, suba la caja y que se baje, porfavor. ¡Siguiente!-
Gracias a la bondad estúpida del vigilante y la cantidad de personas que hay, el trafico es alocado y descontrolado, así que uno no sabe realmente quien se te cuela o quien no. Evidentemente el subterfugio y el siglo no son lo mío para nada. Pero la idea de ir de frente junto a la artimaña del pescador este, ha salido con un resultado de huevos.
Ya dentro del navío, se me mandó dejar la carga en un compartimento interior, dentro de la propia bodega. Me despedí del trabajador, que se retiraba a su camarote, mientras que mis intenciones eran dejar la caja en su sitio y quedarme por allí, en la oscuridad, alimentándome de lo que pillara para cuando llegáramos a destino, salir por patas de allá o dentro de alguna caja. Me indicaron vagamente por donde bajar. Al parecer el barco contaba con una inmensa bodega por la que acceder bajando unas escaleras ocultas tras una escotilla de madera. Ya en el interior del barco, podía ver qué todo estaba repleto de cajas de madera, cargada cada una con suministros de todo tipo y de todas partes del North Blue. En un rincón, ya numerado para la caja que llevo, dejo mi cargamento y lo ensamblo con un par de cinchas que sujetaban productos frágiles. Todas las cajas estaban amarradas así. Supongo que para aguantar la subida a las islas de los cielos. Yo, sin embargo me quedo por allí, en la oscuridad de la bodega, esperando el momento de partir.
El tiempo sucede lento y pesado dentro de aquel lugar. Si tengo sueño duermo. Si tengo hambre rompo alguna caja de por aquí y me como lo que pillo. Nadie más baja en todo el tiempo en el que me mantengo dentro, pues todo son cargas que, se supone, están aseguradas y a buen recaudo, pues nadie imagina que hay un polizón consumiendo a placer. Dando vueltas por la bodega, descubro un conducto de ventilación de grandes dimensiones, que ventila la sala y ayuda a que la humedad no consuma todo lo que hay por aquí. ¿Por mi parte? Una vida de escape por la que poderme escurrir en caso de necesidad. Prácticamente la oscuridad es total, menos por las rendijas de los tablones del techo, que filtran la luz y dejan oír su crujido cuando alguien las pisa. Alguna vez me he tropezado tontamente, generando un poco de estruendo, pero la peña lo asocia con ratas o algún que otro bicho. Y a mí ya me va bien.
Cuando menos lo espero, mientras consumo una lata de conservas de una caja ya a medio acabar, un temblor invade la bodega y el resto del barco. La gente empieza a correr en la cubierta de un lado al otro, algunos más animados que otros. Al parecer está por suceder, comienza el ascenso a las nubes. Rápidamente me acerco a una de las cinchas que sostiene un gran cargamento y me agarro con fuerza a este, aplicando mochi para mejorar la sujeción tanto en manos como en los pies con la madera. Con todo el esfuerzo que he hecho, no puedo resistir mis ganas y grito cuando siento que el barco empieza a ser empujado con violencia -¡¡¡POR HORUS, ALLÁ VAMOOOOOOS!!!-. Las cajas empiezan a temblar con fuerza y las cinchas hacen un esfuerzo titánico para mantener el cargamento en su sitio. Siento como el barco despega y la fuerza de la sacudida afecta a la estructura de la nave y a sus integrantes. Sea como fuere, esta era la forma de alcanzar el cielo de manera directa, y ahora solo el destino sabría que me esperaría más allá del mar y la tierra.
-Varios meses fuera y tú sigues con ese uniforme de mierda amarillo chillón, SHIHahaHAHaH-
-Oh- se sorprende y se acerca para hablar. -Me sorprende que aún sigas aquí. Cómo ves, tú barco está de una pieza.-
-Si, y te lo agradezco. Has cumplido y la peña que cumple me mola. Pero bueno, me las piro que me voy para el cielo.- me doy la vuelta y me dispongo a marchar.
-Oye, ¿No me vas a pagar nada?- me reclama el pescador en la distancia. -Sabemos que eres un pirata, podríamos haberte vendido.-
-¿¿¡PERDONA!??- me giro encabronado y dejo la bolsa en el suelo. Me acerco hasta estar a dos palmos de él. Este da un paso atrás asustado. -Mira tío, ya te he dado las gracias. No sigas que al final pillas por pesao'.- amenazo con rabia.
-Mi... Mira... Hagamos un trato, ¿si?- tartamudea
-Ni tratos ni pollas. Me largo de aquí.- me doy la vuelta y me empiezo a retirar.
Recojo las cosas del suelo y me acerco a la soga que sostiene mi barco. Empiezo a desatar el nudo cuando el marinero se acerca por detrás. Giro un poco la cabeza y este se acojona. Porta en su mano un puñado de papeles. Cuando pilla aire y valor, se digna a hablar.
-Mi...Mira.- señala entonces en su papel. Es el periódico, y en el un artículo titulado "Billete al cielo". -Es...esto te interesa tanto como... Como a mí.
-¿Ehh?- me giro con aparente desdén, pero el titular había llamado mi atención. Me acerco y le arrebato de un gesto rápido los papeles. Me pongo a leer la noticia con detenimiento, mientras me rasco la barbilla y manejo las posibilidades. -¿Y que pasa con esto?¿Trabajas para Nozama o algo?- pregunto sin quitar ojo del resto de noticias, a ver qué me llama la atención.
-Mi padre está viejo, y el barco inmenso de allá se lleva parte de nuestro producto a una feria gastronómica.- señala entonces el navío que generaba tanta afluencia de gente. -Ven conmigo y hazte pasar por un trabajador. Eso te garantizará un ascenso seguro a Skypiea. ¿No querías ir al cielo?-
-¿Consideras que no puedo llegar por mi mismo?- tiro el periódico al agua. Me pongo bravucón, aunque soy consciente de lo beneficioso que es esto.
-N... No dudo de tus habilidades como navegando... Pero ese barco no aguantará el ascenso tan salvaje...- entonces señala a su padre. -Puedes dejarlo aquí a buen recaudo y volver tiempo después... Puedes confiar en nosotros.
-Vaya...- me rasco el mentón. -Bien, vamos a ello.
Como se ve Zarek
Me consigue el marinero una bolsa de lino blanca también, pero esta con un cordel resistente con el que poder cruzarme la cintura y tener a modo de cinturón mis aparatos varios. Tenía la posibilidad de guardarlos dentro de mi, pero todavía no quería jugar esa carta. Tras charlar un poco por encima sobre cuál sería la jugada, acordamos que cargaría con una caja de madera de gran envergadura y peso. Que eso, junto a la capucha y al montón de personal que subía y baja del barco, garantizarían mi subida sin saltar las alarmas de ningún inspector o vigilante. Y así fue. Cargado con un enorme cajón lleno de pescados malolientes y productos locales, subí la rampa de acceso al inmenso navío de Nozama sin que nadie se diera cuenta de que el criminal más peligroso del North Blue se subía.
-Buenos días, ¿su nombre?- pregunta el controlador de acceso antes de embarcar.
-Colmenero. Del chiringuito local.-
-¿Y el grandullón?- pregunta por mi, aunque soy tan incapaz de verle la cara por cargar la caja como el de ver la mía. -¿Está apuntado?-
-Es Machupichu, mi trabajador. Pero quizá no está... Viene por mi padre, que está mayor...-
-Caballero, sabe que debe apuntarse...-
-Ya, pero... Haga una excepción. Me sube la caja y se marcha.-
-Bueno, suba la caja y que se baje, porfavor. ¡Siguiente!-
Gracias a la bondad estúpida del vigilante y la cantidad de personas que hay, el trafico es alocado y descontrolado, así que uno no sabe realmente quien se te cuela o quien no. Evidentemente el subterfugio y el siglo no son lo mío para nada. Pero la idea de ir de frente junto a la artimaña del pescador este, ha salido con un resultado de huevos.
Ya dentro del navío, se me mandó dejar la carga en un compartimento interior, dentro de la propia bodega. Me despedí del trabajador, que se retiraba a su camarote, mientras que mis intenciones eran dejar la caja en su sitio y quedarme por allí, en la oscuridad, alimentándome de lo que pillara para cuando llegáramos a destino, salir por patas de allá o dentro de alguna caja. Me indicaron vagamente por donde bajar. Al parecer el barco contaba con una inmensa bodega por la que acceder bajando unas escaleras ocultas tras una escotilla de madera. Ya en el interior del barco, podía ver qué todo estaba repleto de cajas de madera, cargada cada una con suministros de todo tipo y de todas partes del North Blue. En un rincón, ya numerado para la caja que llevo, dejo mi cargamento y lo ensamblo con un par de cinchas que sujetaban productos frágiles. Todas las cajas estaban amarradas así. Supongo que para aguantar la subida a las islas de los cielos. Yo, sin embargo me quedo por allí, en la oscuridad de la bodega, esperando el momento de partir.
El tiempo sucede lento y pesado dentro de aquel lugar. Si tengo sueño duermo. Si tengo hambre rompo alguna caja de por aquí y me como lo que pillo. Nadie más baja en todo el tiempo en el que me mantengo dentro, pues todo son cargas que, se supone, están aseguradas y a buen recaudo, pues nadie imagina que hay un polizón consumiendo a placer. Dando vueltas por la bodega, descubro un conducto de ventilación de grandes dimensiones, que ventila la sala y ayuda a que la humedad no consuma todo lo que hay por aquí. ¿Por mi parte? Una vida de escape por la que poderme escurrir en caso de necesidad. Prácticamente la oscuridad es total, menos por las rendijas de los tablones del techo, que filtran la luz y dejan oír su crujido cuando alguien las pisa. Alguna vez me he tropezado tontamente, generando un poco de estruendo, pero la peña lo asocia con ratas o algún que otro bicho. Y a mí ya me va bien.
Cuando menos lo espero, mientras consumo una lata de conservas de una caja ya a medio acabar, un temblor invade la bodega y el resto del barco. La gente empieza a correr en la cubierta de un lado al otro, algunos más animados que otros. Al parecer está por suceder, comienza el ascenso a las nubes. Rápidamente me acerco a una de las cinchas que sostiene un gran cargamento y me agarro con fuerza a este, aplicando mochi para mejorar la sujeción tanto en manos como en los pies con la madera. Con todo el esfuerzo que he hecho, no puedo resistir mis ganas y grito cuando siento que el barco empieza a ser empujado con violencia -¡¡¡POR HORUS, ALLÁ VAMOOOOOOS!!!-. Las cajas empiezan a temblar con fuerza y las cinchas hacen un esfuerzo titánico para mantener el cargamento en su sitio. Siento como el barco despega y la fuerza de la sacudida afecta a la estructura de la nave y a sus integrantes. Sea como fuere, esta era la forma de alcanzar el cielo de manera directa, y ahora solo el destino sabría que me esperaría más allá del mar y la tierra.
Aclaraciones y justificaciones

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