Todos estábamos preparados para partir por uno de aquellos caminos.
Karl, como siempre, desprendía mucha energía y estaba realmente emocionada por adentrarse a la aventura, repitiendo una y otra vez mi cargo y mi nombre para intentar meterme prisa - Hmfefefe, ¡Lo sé, Karl, lo sé, nos iremos ahora mismo! - Dije con una sonrisa y los brazos apoyados en mi cintura, en forma de tetera. Sephiroth ultimó los detalles para asegurarse que el barco estaba bien y no quedaba ningún cabo suelto, disculpándose por la tardanza de juntarse con nosotros - ¡Gracias Sephi, no hay mejores manos que las tuyas para que el barco esté perfecto! - Dije con la voz alzada agradeciéndole su trabajo. Por último, la que más me sorprendió fue Ikirami.
Fue la que más me ayudó a elaborar un plan y que fuera todo en el orden correcto. Incluso me comentó que fue capaz de ver a través de toda esa gigantesca vegetación una especie de edificio dorado, por lo que la idea de civilización era ya un punto a favor para ponernos en marcha cuanto antes. De repente, se dio media vuelta y se dirigió a la pasarela del barco para, en un acto de responsabilidad y profesionalidad, empezó a dar órdenes a todos los marines que había a mi cargo, dejándoles claro el plan que íbamos a tomar, añadiendo que los que se quedarían en el barco podrían ponerse en contacto con nosotros por Den den mushi por lo que pudiera pasar, dándose media vuelta otra vez para volver hacia nosotros, dejando claro que aquello no era un debate, sino una orden. La observé totalmente atónito, pues no me esperaba algo así, me pilló desprevenido. Aquello me enseñó dos cosas importantes: la primera es que debo de tener esa actitud frente al resto, se supone que soy el que está al cargo de todos, y tengo que ser rápido a la hora de pensar las cosas, y después ser firme y claro cuando de una orden. Pero la otra cosa que aprendí es que, Ikirami, a pesar de ser alguien de un rango más bajo que yo, era alguien en quien poder confiar ciegamente, y que podríamos formar un gran equipo juntos y solucionar los problemas más enrevesados. No pude evitar esbozar una sonrisa al verla bajar de la pasarela, pues se la veía completamente feliz y con confianza tras su acción. Cuando se paró de nuevo a nuestro lado no pude contenerme - ¡Muchas gracias, Ikirami! No sé qué decir, estoy impresionado ¡Realmente en cuestión de segundos has puesto todo en su sitio! ¡Eres increíble! - Le dije ruborizado mientras la miraba, pero no quise apartar la mirada de ella, que menos que demostrarle que mis palabras eran sinceras.
Tras esto, decidimos acercarnos al camino central, y mientras, Ikirami soltó al aire una pregunta muy directa, que iba dirigida a Karl y a mí. Preguntaba si éramos usuarios de Akuma no mi. Parece ser que desde hace un tiempo la mosca le rondaba la oreja, y el chiste siempre de "el pollo de fuego" de Karl no pasaba desapercibido, además antes pudo ver como al meter la mano en aquellas nubes húmedas perdía la fuerza, y de nuevo, el comentario de Karl de que tuviéramos cuidado. Noté a Ikirami algo preocupada por ello, preguntándome con duda si es que no confiaba en ella, el cual Sephi intentó calmar la situación alegando que no se dio la situación para decírselo. Al dudar ella sobre la confianza me giré rápidamente para mirarla - ¡En absoluto! ¡Claro que confió en ti ciegamente! - Dije algo nervioso - Es lo que dice Sephi. En Toko no se dio la situación para contártelo... - Dije sonrojado, llevándome el dedo a la mejilla para arrascarla, recordando la noche en la que ambos estuvimos juntos - Así que ahora podemos decírtelo sin problema. Tanto Karl como yo somos usuarios de Akuma no mi. En mi caso, una Zoan, la serpiente cascabel. No es que sea precisamente algo muy poderoso, pero puedo controlarla al menos perfectamente y me he adaptado a ella desde bien pequeñito, hmfefe - Dije entre risas y de forma calmada, intentando que Ikirami no se sintiera mal - La de Karl es algo más rara. No entiendo mucho sobre frutas, pero desde luego ese "pollo de fuego" es espectacular, creo que hasta ni ella sabe lo que es ¿Verdad? ¡Hmfefefe! Así que si tú sabes sobre las Akuma, quizás puedas ayudarla para saber que es, ¿qué os parece a ambas? ¡Sería genial! - Grité alegremente para romper la posible tensión que pudiera tener encima Ikirami. Volví a mirarla, agachando un poco mi cuerpo - A partir de ahora, nada de secretos. Lo que necesitemos hablar, lo hablamos ¿Vale? - La dije mientras sonreía y cerraba los ojos.
Estábamos llegando ya al principio de aquel camino central, cuando de repente, algo desde el cielo impactó en el suelo, levantando una polvareda de humo enorme, por la cual pude ver dos siluetas enormes y gordas. Una de ellas estaba en medio del camino por el cual íbamos a ir, y la otra, estaba en la entrada del extremo izquierdo. Mi primer acto reflejo fue transformarme instantáneamente en mi forma híbrida y ponerme delante de todos mis compañeros - ¡Estad en alerta, todos detrás de mí! - Grité, dando una orden rápida y clara a todos. Cuando el humo empezó a disiparse pude ver más claramente lo que esas siluetas eran. Dos pájaros enormes, muy feas, y sobre todo, con cara de pocos amigos, se podía notar con solo mirarlas que no estaban precisamente alegres. No se movían, no hacían nada, solo hacían un sonido muy desagradable, pero no podía perder la concentración por lo que pudiera pasar. Rápidamente, las dos aves levantaron sus alas, la del centro, su ala derecha, y la de la izquierda, su ala izquierda, señalando ambas el camino que había entre las dos, sin moverse, sin hacer nada raro. Me calmé al ver que, a pesar de su aspecto, estaban calmadas, no buscaban pelea ni nada parecido. Poco a poco, volví a mi forma humana sin perderlas de vista a ambas, pero estaba claro, estaban indicándonos claramente que fuéramos por ese camino en concreto - Mmmm... - Se me pudo escuchar levemente - ... Está bien. Iremos por aquí - Eché la mirada hacia atrás mirando a mis compañeros - Parece ser que cambiamos la ruta establecida. No me hace gracia, pero al menos no son agresivos. No sé qué tipo de bichos son, pero vamos a hacerlos caso - Miré a Karl rápidamente - Y no, no vamos a adoptar uno de estos - Dije de manera seria, pero con una leve sonrisa en tono de sarcasmo.
Nos adentramos por el camino que aquellos animales nos indicaron sin problema ninguno. Yo iba delante de todos, estando atento a lo que pudiera pasar y poder actuar en consecuencia, pero aquel camino era de lo más reconfortante y agradable. El camino era lo suficientemente ancho como para que las tropas pudieran ir cómodamente sin perderse, apenas entraban los rayos del sol por la vegetación, pero era lo suficientemente cómodo para disfrutar de la caminata y de la buena temperatura que se podía palpar. A pesar de querer estar en alerta, me relajé un poco sacando un cigarrillo de mi cajetilla metálica y encendérmelo con mi Zippo del pulpo estampado - Oye, chicos - Alcé un poco la voz, mirando al frente del camino - Tras realizar el trabajo que tengamos que hacer aquí, había pensado en tener nuestro propio barco de la División 21. Que podamos tener el nuestro propio, en el que cada uno tenga su camarote a su gusto y con lo que más le guste - Miré hacia arriba con una sonrisa, contemplando los leves rayos de rol que pasaban por la vegetación - Incluso con una cocina enorme en la que poder hacer cualquier receta ... Un gran estudio en el que estar tranquilamente con muchos libros alrededor ... Una zona en la que no falte todo lo necesario para el cuidado del barco ... Y mucho espacio para correr y divertirse sin parar. O incluso quién sabe... volar. Hmfefe - Me dejé llevar por los pensamientos y la visión de futuro que tenía en la mente. La subida a Comodoro me cambió por completo, y quería poder tener un sitio en el que todos estuviéramos cómodos y felices - Y no os preocupéis por el coste de este, todo irá a mi cargo - Me giré para mirarlos - Es una orden, hmfefe - Ahora cobraba bien, así que quería invertirlo en algo útil para todos.
Mientras avanzábamos no pude evitar fijarme tanto en el suelo fértil de aquel lugar como algunas frutas que colgaban de los árboles. Era capaz de distinguirlas a distancia, el aroma que desprendían era suficiente para mí - Ni se os ocurra coger ni siquiera nada de lo que hay en este sitio. Tanto las plantas como las frutas no son comestibles - Justo, pasé justo al lado de una especie de hongo grisáceo con un patrón moteado de color negro, el cual le di un leve golpe con mi zapato - Y estos de aquí, aún menos. Estos directamente te destrozan el cuerpo por dentro, envenenándolo por completo - Suspiré - ¡Quién tenga hambre que coma algo de las provisiones que hemos traído! ¡O si no que se espere a ver que descubrimos y ver si se puede comer en algún lado! - Grité para que le quedase claro a todo el mundo. No quería una intoxicación en estos momentos.
Tras unas 3 horas andando, al fin llegamos al final del camino, y para nada esperaba lo que iba a encontrarme. Lo que más llamaba la atención era una construcción gigantesca de oro, la cual era imposible no ver - ¿¡Esto es lo que viste, Ikirami¡? ¡Es increíble! - Grité totalmente incrédulo por lo que estaba viendo. Las casas también eran de oro, había una especie de coliseo. Estaba completamente abrupto por todo aquello que no era capaz de ver con claridad nada a la perfección. Por allí andaban gente con alas en la espalda, de varios tamaños, pero daba la impresión de que todos convivían en paz y armonía, pues se veía que se llevaban bien. Agité la cabeza rápidamente - ¡Vale vale vale! - Me di con las palmas de mis dos manos en la cara para concentrarme - ¡Tenemos que buscar a alguien que nos pueda informar bien del trabajo que tenemos que hacer! - Grité dejando claro cual era la prioridad en este momento. Aquello era como un cuento de crios, era imposible no emocionarse, por un momento me sentia como Karl. Pero teniamos que concentrarnos y buscar al responsable de nuestra llegada allí y ver cual era el trabajo que realizar.
Karl, como siempre, desprendía mucha energía y estaba realmente emocionada por adentrarse a la aventura, repitiendo una y otra vez mi cargo y mi nombre para intentar meterme prisa - Hmfefefe, ¡Lo sé, Karl, lo sé, nos iremos ahora mismo! - Dije con una sonrisa y los brazos apoyados en mi cintura, en forma de tetera. Sephiroth ultimó los detalles para asegurarse que el barco estaba bien y no quedaba ningún cabo suelto, disculpándose por la tardanza de juntarse con nosotros - ¡Gracias Sephi, no hay mejores manos que las tuyas para que el barco esté perfecto! - Dije con la voz alzada agradeciéndole su trabajo. Por último, la que más me sorprendió fue Ikirami.
Fue la que más me ayudó a elaborar un plan y que fuera todo en el orden correcto. Incluso me comentó que fue capaz de ver a través de toda esa gigantesca vegetación una especie de edificio dorado, por lo que la idea de civilización era ya un punto a favor para ponernos en marcha cuanto antes. De repente, se dio media vuelta y se dirigió a la pasarela del barco para, en un acto de responsabilidad y profesionalidad, empezó a dar órdenes a todos los marines que había a mi cargo, dejándoles claro el plan que íbamos a tomar, añadiendo que los que se quedarían en el barco podrían ponerse en contacto con nosotros por Den den mushi por lo que pudiera pasar, dándose media vuelta otra vez para volver hacia nosotros, dejando claro que aquello no era un debate, sino una orden. La observé totalmente atónito, pues no me esperaba algo así, me pilló desprevenido. Aquello me enseñó dos cosas importantes: la primera es que debo de tener esa actitud frente al resto, se supone que soy el que está al cargo de todos, y tengo que ser rápido a la hora de pensar las cosas, y después ser firme y claro cuando de una orden. Pero la otra cosa que aprendí es que, Ikirami, a pesar de ser alguien de un rango más bajo que yo, era alguien en quien poder confiar ciegamente, y que podríamos formar un gran equipo juntos y solucionar los problemas más enrevesados. No pude evitar esbozar una sonrisa al verla bajar de la pasarela, pues se la veía completamente feliz y con confianza tras su acción. Cuando se paró de nuevo a nuestro lado no pude contenerme - ¡Muchas gracias, Ikirami! No sé qué decir, estoy impresionado ¡Realmente en cuestión de segundos has puesto todo en su sitio! ¡Eres increíble! - Le dije ruborizado mientras la miraba, pero no quise apartar la mirada de ella, que menos que demostrarle que mis palabras eran sinceras.
Tras esto, decidimos acercarnos al camino central, y mientras, Ikirami soltó al aire una pregunta muy directa, que iba dirigida a Karl y a mí. Preguntaba si éramos usuarios de Akuma no mi. Parece ser que desde hace un tiempo la mosca le rondaba la oreja, y el chiste siempre de "el pollo de fuego" de Karl no pasaba desapercibido, además antes pudo ver como al meter la mano en aquellas nubes húmedas perdía la fuerza, y de nuevo, el comentario de Karl de que tuviéramos cuidado. Noté a Ikirami algo preocupada por ello, preguntándome con duda si es que no confiaba en ella, el cual Sephi intentó calmar la situación alegando que no se dio la situación para decírselo. Al dudar ella sobre la confianza me giré rápidamente para mirarla - ¡En absoluto! ¡Claro que confió en ti ciegamente! - Dije algo nervioso - Es lo que dice Sephi. En Toko no se dio la situación para contártelo... - Dije sonrojado, llevándome el dedo a la mejilla para arrascarla, recordando la noche en la que ambos estuvimos juntos - Así que ahora podemos decírtelo sin problema. Tanto Karl como yo somos usuarios de Akuma no mi. En mi caso, una Zoan, la serpiente cascabel. No es que sea precisamente algo muy poderoso, pero puedo controlarla al menos perfectamente y me he adaptado a ella desde bien pequeñito, hmfefe - Dije entre risas y de forma calmada, intentando que Ikirami no se sintiera mal - La de Karl es algo más rara. No entiendo mucho sobre frutas, pero desde luego ese "pollo de fuego" es espectacular, creo que hasta ni ella sabe lo que es ¿Verdad? ¡Hmfefefe! Así que si tú sabes sobre las Akuma, quizás puedas ayudarla para saber que es, ¿qué os parece a ambas? ¡Sería genial! - Grité alegremente para romper la posible tensión que pudiera tener encima Ikirami. Volví a mirarla, agachando un poco mi cuerpo - A partir de ahora, nada de secretos. Lo que necesitemos hablar, lo hablamos ¿Vale? - La dije mientras sonreía y cerraba los ojos.
Estábamos llegando ya al principio de aquel camino central, cuando de repente, algo desde el cielo impactó en el suelo, levantando una polvareda de humo enorme, por la cual pude ver dos siluetas enormes y gordas. Una de ellas estaba en medio del camino por el cual íbamos a ir, y la otra, estaba en la entrada del extremo izquierdo. Mi primer acto reflejo fue transformarme instantáneamente en mi forma híbrida y ponerme delante de todos mis compañeros - ¡Estad en alerta, todos detrás de mí! - Grité, dando una orden rápida y clara a todos. Cuando el humo empezó a disiparse pude ver más claramente lo que esas siluetas eran. Dos pájaros enormes, muy feas, y sobre todo, con cara de pocos amigos, se podía notar con solo mirarlas que no estaban precisamente alegres. No se movían, no hacían nada, solo hacían un sonido muy desagradable, pero no podía perder la concentración por lo que pudiera pasar. Rápidamente, las dos aves levantaron sus alas, la del centro, su ala derecha, y la de la izquierda, su ala izquierda, señalando ambas el camino que había entre las dos, sin moverse, sin hacer nada raro. Me calmé al ver que, a pesar de su aspecto, estaban calmadas, no buscaban pelea ni nada parecido. Poco a poco, volví a mi forma humana sin perderlas de vista a ambas, pero estaba claro, estaban indicándonos claramente que fuéramos por ese camino en concreto - Mmmm... - Se me pudo escuchar levemente - ... Está bien. Iremos por aquí - Eché la mirada hacia atrás mirando a mis compañeros - Parece ser que cambiamos la ruta establecida. No me hace gracia, pero al menos no son agresivos. No sé qué tipo de bichos son, pero vamos a hacerlos caso - Miré a Karl rápidamente - Y no, no vamos a adoptar uno de estos - Dije de manera seria, pero con una leve sonrisa en tono de sarcasmo.
Nos adentramos por el camino que aquellos animales nos indicaron sin problema ninguno. Yo iba delante de todos, estando atento a lo que pudiera pasar y poder actuar en consecuencia, pero aquel camino era de lo más reconfortante y agradable. El camino era lo suficientemente ancho como para que las tropas pudieran ir cómodamente sin perderse, apenas entraban los rayos del sol por la vegetación, pero era lo suficientemente cómodo para disfrutar de la caminata y de la buena temperatura que se podía palpar. A pesar de querer estar en alerta, me relajé un poco sacando un cigarrillo de mi cajetilla metálica y encendérmelo con mi Zippo del pulpo estampado - Oye, chicos - Alcé un poco la voz, mirando al frente del camino - Tras realizar el trabajo que tengamos que hacer aquí, había pensado en tener nuestro propio barco de la División 21. Que podamos tener el nuestro propio, en el que cada uno tenga su camarote a su gusto y con lo que más le guste - Miré hacia arriba con una sonrisa, contemplando los leves rayos de rol que pasaban por la vegetación - Incluso con una cocina enorme en la que poder hacer cualquier receta ... Un gran estudio en el que estar tranquilamente con muchos libros alrededor ... Una zona en la que no falte todo lo necesario para el cuidado del barco ... Y mucho espacio para correr y divertirse sin parar. O incluso quién sabe... volar. Hmfefe - Me dejé llevar por los pensamientos y la visión de futuro que tenía en la mente. La subida a Comodoro me cambió por completo, y quería poder tener un sitio en el que todos estuviéramos cómodos y felices - Y no os preocupéis por el coste de este, todo irá a mi cargo - Me giré para mirarlos - Es una orden, hmfefe - Ahora cobraba bien, así que quería invertirlo en algo útil para todos.
Mientras avanzábamos no pude evitar fijarme tanto en el suelo fértil de aquel lugar como algunas frutas que colgaban de los árboles. Era capaz de distinguirlas a distancia, el aroma que desprendían era suficiente para mí - Ni se os ocurra coger ni siquiera nada de lo que hay en este sitio. Tanto las plantas como las frutas no son comestibles - Justo, pasé justo al lado de una especie de hongo grisáceo con un patrón moteado de color negro, el cual le di un leve golpe con mi zapato - Y estos de aquí, aún menos. Estos directamente te destrozan el cuerpo por dentro, envenenándolo por completo - Suspiré - ¡Quién tenga hambre que coma algo de las provisiones que hemos traído! ¡O si no que se espere a ver que descubrimos y ver si se puede comer en algún lado! - Grité para que le quedase claro a todo el mundo. No quería una intoxicación en estos momentos.
Tras unas 3 horas andando, al fin llegamos al final del camino, y para nada esperaba lo que iba a encontrarme. Lo que más llamaba la atención era una construcción gigantesca de oro, la cual era imposible no ver - ¿¡Esto es lo que viste, Ikirami¡? ¡Es increíble! - Grité totalmente incrédulo por lo que estaba viendo. Las casas también eran de oro, había una especie de coliseo. Estaba completamente abrupto por todo aquello que no era capaz de ver con claridad nada a la perfección. Por allí andaban gente con alas en la espalda, de varios tamaños, pero daba la impresión de que todos convivían en paz y armonía, pues se veía que se llevaban bien. Agité la cabeza rápidamente - ¡Vale vale vale! - Me di con las palmas de mis dos manos en la cara para concentrarme - ¡Tenemos que buscar a alguien que nos pueda informar bien del trabajo que tenemos que hacer! - Grité dejando claro cual era la prioridad en este momento. Aquello era como un cuento de crios, era imposible no emocionarse, por un momento me sentia como Karl. Pero teniamos que concentrarnos y buscar al responsable de nuestra llegada allí y ver cual era el trabajo que realizar.
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