18-02-2024, 08:20 PM
Sohem se tomó a broma mi indicación para comunicarle la ruta que habíamos escogido. Ante mis tres dedos, el enmascarado optó por alzar única y exclusivamente el corazón. Si tiene sentido del humor, pensé. Cabroncete sin cara... va a caerme bien al final, pensé sonriéndome. Mientras el enmascarado desembarcaba, Chloe me contestó escuetamente que si pasaría algo en caso de que alguien le interesase. No entendía la respuesta, si es que lo era. — Si te interesa, nos interesa. Confío en tus ojos. — contesté y tras eso, giré la cara hacia el barco, arqueando las cejas y los labios con gesto de incertidumbre mientras sujetaba y ajustaba a Shimei Kaeru en mi cinturón. ¿Habría dicho algo inadecuado? No tenía esa sensación, pero... mujeres. Sohem había desembarcado y Chloe le remarcaba que obviamente no íbamos a marcharnos sin él, para, justo después, informar de lo que había visualizado. Nada sumamente interesante. Yo por mi parte no podía aportar nada más, pues cuando bajé del barco, ya habían desaparecido de mi campo visual las figuras que la peli morada había avistado. Sohem por su parte señaló lo óptimo de una situación como la que nos acontecía. Un evento como este era, con casi toda seguridad, un reclamo para piratas y desgraciados con más peso por su cabeza que lo que podían cargar y... para su mala suerte, nosotros estábamos dispuestos a aliviar dicho peso.
Una vez que Sohem se unió a nosotros, juntos, iniciamos el camino por la ruta tres, justo en el centro de las cinco disponibles y señalizadas. El camino atravesaba el bosque de pleno y parecía adentrarse a la vegetación sin ningún tipo de camino señalizado por el hombre antes. Desconozco si era un camino transitado a menudo, pero poco a poco, conforme avanzábamos, el terreno se volvía cada vez más inestable, lleno de piedras y maleza que dificultaban el paso. Durante el camino, Sohem se dirigió a mí directamente para cuestionar qué sabía sobre Skypiea aludiendo a mi afán por la lectura. — Skypiea. Hogar natal de los skypieanos y, para muchos, un mito. El porqué se realiza aquí el evento, lo desconozco, pero es un terreno completamente neutro, y eso permite ciertas... Libertades. — expliqué, mientras continuábamos ascendiendo con cierta dificultad, cada vez más, por el pedregoso sendero, siendo Sohem quien abría camino, con Chloe detrás y en la última posición, cubriendo la retaguardia, yo. Además del lugar, al jefe le interesaba el organizador, el tal Zarutsuki. — Zarutsuki. — espeté corrigiendo al enmascarado — Aquí lo llaman Emperador, pero en realidad es uno de los Ouka Sichibukai. No es una presa fácil de cazar o robar. — maticé seriamente — Tú mejor que nadie sabes de lo que son capaces. — concluí, continuando el camino, apoyando de vez en cuando la mano sobre la rodilla para impulsarme y salvar algún desnivel algo mayor al de un escalón común.
Pasadas unas horas alcanzamos el final del camino, llegando a un enorme risco que permitía observar en su totalidad la civilización. Ante nosotros una enorme arena rodeada por una ciudad dorada con edificaciones no demasiado grandes. Al fondo, de manera majestuosa, un enorme palacio de oro contemplaba la escena desde las alturas. Mientras Chloe simplemente se quedó impactada, Sohem se paró y retiró el casco para observarlo mientras se volvía totalmente loco por la estructura dorada. Quizás la peli morada pudo verle la cara al jefe, pero yo estaba muy mal posicionado. Y sinceramente, no me interesaba para nada. Yo, por mi parte, no estaba tan impactado, pues ya había leído ampliamente sobre el lugar, pero solo el áureo resplandor del sol sobre los edificios hacía justicia a las palabras de mis libros. Era fascinante. — Bienvenidos a Shandora, damas y caballeros, la ciudad dorada. — introduje a mis asociados mientras me sacudía un la ropa y me secaba el sudor de la frente, a unos cinco metros por detrás de mis compañeros. Sohem se enfundó su casco de nuevo, giró y dio la orden: conseguir lo suficiente para comprar una isla. — Suena bien. A ver cómo lo hacemos. — pensé. La prioridad había pasado de los juegos, los piratas y los tesoros a simplemente el oro.
Tras esto, se volvió hacia la arena mientras parecía que seguía analizando la escena. — Si nos separamos, actuemos para no levantar sospechas y, cuando haya oportunidad... Showtime. — dije mientras observaba como Sohem, tras volver a matizar la prioridad, saltaba al vacío dejándonos en el risco. Desconocía si Chloe puede realizar tal acrobacia, pero... yo sí. — Si tú saltas... — mascullé mientras reaccionaba como una centella y corría hacia Chloe, que aún miraba hacia la arena, agarrándola por las rodillas con mi brazo derecho y sobre la espalda con mi izquierdo, para saltar con ella al vacío detrás del jefe, llevándola en mis brazos. La caída que, a priori, no era ningún problema, sucedió rápidamente y nos permitió atajar una cantidad de tiempo increíble. — ¡WOO HOOOO! — gritaba presa de la emoción de la caída. Era la primera vez después de Ebony Shard que me adentraba con un gremio en una misión y estaba emocionado. Aterricé con Chloe sobre mis brazos en una posición de zancada, con mi pierna izquierda por delante y clavando la diestra en el suelo, amortiguando la caída mientras flexionaba tobillos, rodillas y cadera, dejando a la tercera del equipo sobre el suelo. — Por la vía rápida. — dije animado mirando a Chloe mientras colocaba mi puño hacia ella en gesto de camaradería para que lo chocara con el suyo para, justo después, posicionarme a la siniestra de Sohem, dejando mi brazo izquierdo reposando sobre Shimei Kaeru y observando a mi alrededor mientras el polvo del aterrizaje se disipaba.
Una vez que Sohem se unió a nosotros, juntos, iniciamos el camino por la ruta tres, justo en el centro de las cinco disponibles y señalizadas. El camino atravesaba el bosque de pleno y parecía adentrarse a la vegetación sin ningún tipo de camino señalizado por el hombre antes. Desconozco si era un camino transitado a menudo, pero poco a poco, conforme avanzábamos, el terreno se volvía cada vez más inestable, lleno de piedras y maleza que dificultaban el paso. Durante el camino, Sohem se dirigió a mí directamente para cuestionar qué sabía sobre Skypiea aludiendo a mi afán por la lectura. — Skypiea. Hogar natal de los skypieanos y, para muchos, un mito. El porqué se realiza aquí el evento, lo desconozco, pero es un terreno completamente neutro, y eso permite ciertas... Libertades. — expliqué, mientras continuábamos ascendiendo con cierta dificultad, cada vez más, por el pedregoso sendero, siendo Sohem quien abría camino, con Chloe detrás y en la última posición, cubriendo la retaguardia, yo. Además del lugar, al jefe le interesaba el organizador, el tal Zarutsuki. — Zarutsuki. — espeté corrigiendo al enmascarado — Aquí lo llaman Emperador, pero en realidad es uno de los Ouka Sichibukai. No es una presa fácil de cazar o robar. — maticé seriamente — Tú mejor que nadie sabes de lo que son capaces. — concluí, continuando el camino, apoyando de vez en cuando la mano sobre la rodilla para impulsarme y salvar algún desnivel algo mayor al de un escalón común.
Pasadas unas horas alcanzamos el final del camino, llegando a un enorme risco que permitía observar en su totalidad la civilización. Ante nosotros una enorme arena rodeada por una ciudad dorada con edificaciones no demasiado grandes. Al fondo, de manera majestuosa, un enorme palacio de oro contemplaba la escena desde las alturas. Mientras Chloe simplemente se quedó impactada, Sohem se paró y retiró el casco para observarlo mientras se volvía totalmente loco por la estructura dorada. Quizás la peli morada pudo verle la cara al jefe, pero yo estaba muy mal posicionado. Y sinceramente, no me interesaba para nada. Yo, por mi parte, no estaba tan impactado, pues ya había leído ampliamente sobre el lugar, pero solo el áureo resplandor del sol sobre los edificios hacía justicia a las palabras de mis libros. Era fascinante. — Bienvenidos a Shandora, damas y caballeros, la ciudad dorada. — introduje a mis asociados mientras me sacudía un la ropa y me secaba el sudor de la frente, a unos cinco metros por detrás de mis compañeros. Sohem se enfundó su casco de nuevo, giró y dio la orden: conseguir lo suficiente para comprar una isla. — Suena bien. A ver cómo lo hacemos. — pensé. La prioridad había pasado de los juegos, los piratas y los tesoros a simplemente el oro.
Tras esto, se volvió hacia la arena mientras parecía que seguía analizando la escena. — Si nos separamos, actuemos para no levantar sospechas y, cuando haya oportunidad... Showtime. — dije mientras observaba como Sohem, tras volver a matizar la prioridad, saltaba al vacío dejándonos en el risco. Desconocía si Chloe puede realizar tal acrobacia, pero... yo sí. — Si tú saltas... — mascullé mientras reaccionaba como una centella y corría hacia Chloe, que aún miraba hacia la arena, agarrándola por las rodillas con mi brazo derecho y sobre la espalda con mi izquierdo, para saltar con ella al vacío detrás del jefe, llevándola en mis brazos. La caída que, a priori, no era ningún problema, sucedió rápidamente y nos permitió atajar una cantidad de tiempo increíble. — ¡WOO HOOOO! — gritaba presa de la emoción de la caída. Era la primera vez después de Ebony Shard que me adentraba con un gremio en una misión y estaba emocionado. Aterricé con Chloe sobre mis brazos en una posición de zancada, con mi pierna izquierda por delante y clavando la diestra en el suelo, amortiguando la caída mientras flexionaba tobillos, rodillas y cadera, dejando a la tercera del equipo sobre el suelo. — Por la vía rápida. — dije animado mirando a Chloe mientras colocaba mi puño hacia ella en gesto de camaradería para que lo chocara con el suyo para, justo después, posicionarme a la siniestra de Sohem, dejando mi brazo izquierdo reposando sobre Shimei Kaeru y observando a mi alrededor mientras el polvo del aterrizaje se disipaba.
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