20-02-2024, 03:04 PM
La presencia de aquel rio era de lo más peculiar, teniendo en cuenta que nos encontrábamos a decenas de metros por encima del habitual nivel del mar. Tenía sentido pues que una sociedad hubiese podido prosperar aquí arriba, más alteraba totalmente la percepción que había tenido hasta entonces de las nubes; no eran simples acumulaciones de vapor de agua, en el reino del cielo poseían una consistencia mayor, como si se tratase de una perfecta simbiosis entre tierra y algodón. No obstante, desconfiaba de la naturaleza del lecho del río puesto que, si era demasiado profundo, no podría atravesarlo por mi condición de usuario, y si no lo era, pero el lecho era “débil”, podía caer de la nube y poner punto final a mi existencia con una caída magistral.
Libreta y pluma en mano, decidí realizar un rápido bosquejo de la posible distribución y del relieve de la zona, tanto del trayecto boscoso como de lo que era capaz de abarcar en aquel momento mi visión, a la orilla del traicionero rio. Confiaba plenamente en mi memoria, más la profesión requería de consistencia y metodología. Fue en plena delimitación de una curva de nivel cuando un profundo y gutural sonido me extrajo de mi flujo de pensamiento. Tal fue el sobresalto que fui incapaz de mantener la pluma recta, haciendo que me saliese del trazado perfecto que hasta entonces había efectuado. - Agh, maldita sea, que rabia me da cuando ocurre esto, casi peor que cuando no me sale la raya...del ojo.
Al finalizar el grave sonido, dejando tras de si un silencio incómodo en el que incluso la fauna no parecía atreverse a pronunciarse, un fuerte flash me obligó a cerrar los ojos y girar la cabeza hacia el costado, cubriendo en un acto reflejo mi rostro con la libreta que sujetaba con la zurda. En la oscuridad me asaltaban motas púrpuras y amarillentas, que flotaban a su antojo y se desvanecían lentamente. Durante el pasado, había estado muy acostumbrado a los flashes cegadores de las cámaras, pero aquel shooting me había pillado totalmente de improvisto. - Fotos no, ¡FOTOS NO! -alerté mientras sacudía la libreta por delante de mí, como espantando moscas. Ya no trabajaba en el mundo de la moda, pero mi pulcra y hermosa imagen tenía un alto precio en el mercado.
Abrí los ojos lentamente, temeroso de un segundo resplandor, cuando frente a mí, a escasos metros, una figura imperiosa y alada se alzaba imperturbable. – Ay mi madre, llévame contigo al paraiso -pensé al recrearme en sus fuertes pectorales, su enorme en verga dura envergadura y las poco convencionales esferas incrustadas en su apolíneo cuerpo. Su voz era etérea, celestial, incluso un tanto automática y robótica, y nos informaba sobre el evento que había atraído la atención de tanta gente en el reino “inferior”. Exigía autenticación, y me daba la impresión de que no valía la pena jugársela con aquel tipo de largos mechones rojizos. Miré de refilón a mi improvisado compañero, el gañan del oro, para luego volver a enfocar los supuestos ojos del ángel, que intentaba ubicar bajo el casco que portaba sobre su cabeza. - Me llamo Aspros y formo parte de los Alas Negras como su navegante y cartógrafo. Soy okama y acuario, así que te puedes imaginar el resto, uuuhuhuhuhu.- reí delicadamente, apartando un imaginario mechón de pelo y recogiéndolo tras mi oreja.
Miré sutilmente por encima del hombro de aquella criatura para volver a enfocar la ciudad de Shandora y me aseguré de guardar bien aquel nombre, junto al de Zarutsuki, en mi memoria. Tenía claro cómo cruzaría el rio, pero no estaba del todo seguro de que aquel ser fuese a dejarme por las buenas, por lo que decidí esperar a tener el camino libre para atravesar la masa de agua y reunirme con mis compañeros. - Que, por cierto, no se han dignado a llamarme. -pensé recordando el DenDen Mushi que portaba en uno de los bolsillos de mi pantalón cargo.
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