[Pasado] - Asesinos bajo la nieve
#1
Día 60, invierno, año 10
Ballywood Beach | Reino de Ballywood | West Blue

OST DE LA ESCENA

     Olor a humo, a carne quemada. Sangre, vísceras. Ojos vacíos, pieles que jamás volverían a sentir. Miembros sin dueño. Fuego. Muerte. Un lagarto enorme. Lagarta. Dientes afilados con olor a podredumbre.
     Abrí los ojos de golpe. Mi respiración desbocada dejaba entrar demasiado aire en mis pulmones. Respiraba por la boca. El corazón arremetía contra mi pecho con violencia, como si sujetase un ariete y su máxima fuese derribarlo, tirar el esternón abajo. Tenía la boca seca.
     A mi alrededor, una oscuridad que, poco a poco, iba revelando las formas de todo cuanto me rodeaba gracias a una luz tenue cuya procedencia no atiné a averiguar. Era un sitio extraño y no reconocerlo disparó, aún más, mis niveles de activación. No sabía dónde estaba, por qué aquello no se parecía en nada a lo último que habían registrado mis ojos y que, como pesadilla, me había hecho despertar con horrible brusquedad.
     Una pesadilla.
     ¿Por qué mi realidad había quedado relegada a un sueño horrible, por qué no estaba calcinada como debería?
     Sé que había sucedido porque me dolía todo el cuerpo como si se me hubiese caído un elefante encima.
     Kisuke.
     Si el fuego se había propagado, tal vez había muerto. Entonces, ¿qué era aquel lugar? ¿Quién me había sacado de allí? Aquellos cuatro enfermos habían muerto, los habíamos matado. ¿Había sido él quien me había salvado? ¿O había sido otra persona y ahora estaba en manos de un desconocido que pretendía convertir mi cuerpo en materia prima para sus guisos?
     Cálmate, esto no parece una carnicería, ni una cámara de los horrores, me dije. Esto es más bien una... casa.
     Y yo me encontraba en una cama, sentada por lo abrupto de mi despertar. Me cubría una manta, y no creía que un asesino despiadado hubiese tenido a bien procurar que no pasase frío. Miré la almohada. El maquillaje negro, antaño en mis ojos y labios, ahora era un manchurrón en la tela blanca. No quise ni pensar en cómo estaría mi cara, tal vez me hiciese parecer —aún más— un espíritu. Aquel era el menor de mis problemas.
     Aparté la manta y traté de bajarme de la cama. Coloqué los pies en el suelo. Y descubrí que estaba descalza. Quienquiera que me hubiese llevado allí, me había descalzado antes de meterme en la cama. Me fijé en la mesita de noche: un mueble simple y rústico. Y mi látigo encima. Mi nuevo látigo. ¿Qué clase de asesino despiadado me dejaría el arma a mano?
     Un asesino más amable que despiadado.
     A pesar del dolor general, y a pesar de aún estar mareosa y con el cuerpo revuelto, me di cuenta del intenso olor a tabaco de la estancia. De algún modo, me tranquilizó. Mi pulso comenzó a darse cuenta de que, tal vez, el peligro ya no fuese tal y podía relajarse, al igual que mis músculos tensos.
     Al ponerme en pie, me apoyé en la mesita con una mano y con la otra cogí el látigo. Despacio, avancé hacia el otro lado de la habitación. Con cuidado, me asomé por la ventana. La abrí. El frío entró cortante y, con él, el inconfundible aroma del mar. Observé cómo algunos copos caían sobre la repisa.
     Era de noche.
     ¿Cuánto tiempo había estado dormida?
     Mi largo cabello blanco, ahora rojizo en su mayor parte por la sangre que recuerdo que me manchó en aquella cámara, estaba pegajoso. Aun así, se mecía con la brisa invernal. Me encogí de hombros, abrazando el látigo. Después, volví a cerrar la ventana.
     Si aquel olor no me confundía y Kisuke estaba cerca, debía encontrarlo. Deseé que lo fuera, porque de lo contrario, mi problema era doble. Comencé a andar hacia la puerta de la habitación, despacio.
     

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[Pasado] - Asesinos bajo la nieve - por Maeve Knox - 24-02-2024, 07:53 PM

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