[Pasado] - Asesinos bajo la nieve
#3
OST DE LA ESCENA

    Cuando estaba alcanzando la puerta de madera, escuché una voz. Me llamaba, pronunciaba mi nombre. Los rescoldos de mi preocupación se calmaron cuando reconocí al dueño. Puede que conociese a Kisuke de un día, pero la intensidad de lo que habíamos vivido había conseguido que mi memoria hiciese bien su trabajo. Al menos, aquella que no tenía relación con los últimos segundos de aquel infierno.
     Recorrí la casa, buscándolo, hasta que me di cuenta de que su voz no procedía del interior de aquellas cuatro paredes. Me dirigí hacia lo que parecía la puerta de entrada, pues, como es obvio, era la primera vez que me encontraba en aquella casa. Abrí y el frío, de nuevo, se adentró con su gélido abrazo. Avancé descalza y sintiendo el terreno natural bajo mis pies. 
     Localicé a Kisuke enseguida.
     Volví a sentir alivio ante la única cara conocida de aquella isla que me apetecía ver. Ante cualquier otra, desde luego, me invadirían otras clase de instintos, unos más homicidas. Caminé en su dirección.
     Me impresionó ver el acantilado que se abría a tan solo unos metros de la casa. Después, el mar en toda su inmensidad. Apenas podía verlo, pues la noche nublada era estricta. De hecho, aquellos copos que caían sobre la repisa de la ventana, ahora lo hacían sobre mí, sobre el suelo. Kisuke los evitaba de momento, pues el gran árbol bajo el que se cobijaba los acaparaba todos.
     Estaba cuidando de su katana.
     Sí, recuerdo que le pidió a aquellos tipos un equipo de mantenimiento para esta. Yo no entiendo mucho de espadas, y menos de esa clase, pero supongo que si buscaba algo así en un lugar como aquel, significaba que era importante. Desde luego, el trapo que tenía en la mano no parecía digno del mercado negro, así que supuse que no había conseguido su objetivo. O tal vez sí, pero no lo estaba usando en ese momento.
     Continuaba caminando hacia él. Lo hacía despacio, pues mi cuerpo aún se resentía por la sustancia que aquella hija de puta me había inyectado. Me abrazaba a mí misma a causa del frío.
     Imagino que ya debía de sentirme lo suficientemente a salvo, con la pesadilla disipándose en el intrincando plano de lo onírico, porque mi sentido del olfato comenzaba a trabajar mejor. Y lo que me decía no era nada alentador: tanto mi ropa, como mi piel y cabello guardaban el hedor a sangre y muerte.
     Joder, a Kisuke no le valdría con lavar las sábanas: tendría que tirarlas.
     Y veríamos si yo tenía que hacer lo mismo con mi ropa. Ahora, consciente de mí misma, estaba deseando arrancármela, tirarla al suelo y quemarla. Dicen que el fuego purifica. Bastante fuego has tenido ya, me dije en mis adentros. Pues sin fuego, pero que dejase de tocar mi piel. Me sentía sucia.
     Por esa razón, cuando me acerqué a él lo suficiente como para poder hablar sin gritar, me detuve. La realidad era que me avergonzaba que pudiese captar ese olor en mí, así que esperaba que la distancia prudencial fuese suficiente para salvarlo del hedor.
     —Me alegra saber que estás bien —admití a modo de saludo. 
     Recordé cómo partió en dos a Kahn, esperando que eso no fuese una parte más del estado febril que me consumió allí. En su espada quedaban restos de sangre, así que supuse que bien podría ser cierto. A diferencia de lo que encontré en la cámara de los horrores, el recuerdo de aquel asesinato me gustaba. Aquel gilipollas tuvo lo que se merecía, al igual que los otros tres.
     Tendríamos que hablar largo y tendido de lo que sucedió. En especial, sobre cómo había escapado y me había sacado de allí. Porque había sido él, todo apuntaba a eso. 
     Intenté concentrarme en la incipiente conversación con Kisuke, pero el mero roce de la ropa hedionda sobre mi cuerpo me estaba obsesionando. Joder, y mis cosas estaban en El Mirador, aquel hostal de East Ballywood, incluyendo prendas con las que podría cambiarme. Prendas limpias. Lo que significaba que debía volver allí en algún momento.
     Me estaba dando puto asco.
     No pude soportarlo más y cedí al impulso. A pesar del frío. A pesar de la tímida nieve. A pesar de Kisuke.
     Me despojé de la chaqueta, de mi corsé oscuro y la camisa del mismo tono que lo complementaba, así como de los pantalones de cuero negro. Los arrojé a un lado, lejos, como si me quemaran. Su sola existencia me ofendía. Tan solo mi ropa interior —negra, por supuesto— se mantenía sobre mi blanca piel. El frío comenzó a doler, pero era mucho más benevolente conmigo que la pestilencia de la ropa desechada.
     Mi cabello manchado de sangre caía, endurecido, sobre mis hombros y espalda.
     El pudor que no sentí se quedó en segundo plano.
     —Dime que tienes una bañera, jabón y ropa que puedas dejarme.
 

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[Pasado] - Asesinos bajo la nieve - por Maeve Knox - 24-02-2024, 07:53 PM
RE: [Pasado] - Asesinos bajo la nieve - por Maeve Knox - 25-02-2024, 01:35 PM

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