Un trueno en la lejanía atrapó mis pensamientos. Alcé la cabeza manteniéndome sentado en la grada mientras observaba a diversas personas asistentes levantase en dirección al sonido, sin hacer amago por levantarme o girarme siquiera. Rumores y palabras en voz baja, comentarios que aunque hubiera podido intentar discernir focalizando mi atención en ellos gracias a mi buen oído, tan siquiera hice el amago. Pareciera no ser un fenómeno natural, no había nubes ni pudiera ser fruto de una tormenta, así que quizá era fruto de alguna habilidad especial. Fuere como fuese, no parecía ser una amenaza pues nadie mostraba signos de preocupación o miedo, así que yo no iba a ser la excepción y me demostré indiferente al suceso.
En cambio, la aparición de una nube en el campo de tierra frente a nosotros levantando una polvareda si que atrapó mi atención, seguida de la voz de una persona que invadía el ambiente. Se presentó como El Divergente. Un nombre extraño y cuyo origen no se si quería averiguar. Empezó a hablar con el público, dando la bienvenida, pidiendo vítores y celebraciones, y comenzando a explicar las Juegos de Marucuchi — Veamos qué van a ofrecer... — dije a mis dos acompañantes, escuchando las palabras del Divergente entrelazando los dedos de las manos y apoyando los codos en mis rodillas, focalizando mi atención en aquel tipo. La sorpresa no se hizo esperar y fue mayúscula al escuchar que, todos los que habíamos llegado en los barcos de Bobama o usando sus velas, los que habíamos ascendido por la columna de agua, íbamos a ser los participantes — ¿Participantes? Y una mierda, yo no pienso hac... — empecé a decir, justo cuando comentó que el ganador de estos juegos podría pedir un deseo — ¿Qué? — pregunté de forma retórica, mirando a mis lados hacia Viktor y Chloe, y el Divergente comenzó a relatar las normas de participación, confirmando que el Emperador de estas tierras concedería un tesoro al ganador del evento — ¡Un pilar de oro! — exclamé golpeando el puño izquierdo contra el derecho, ajeno a todo lo demás. Ignoré los nombres y a las llamadas a la pista del maestro de ceremonias - a excepción del mío propio - y las interacciones de mis compañeros. Ahora sólo tenía un objetivo. Tenía que ganar este juego para hacerme con todo aquel oro de una forma pacífica y sin problemas.
— Voy a ganar este torneo — dije con rotundidad, sin saber verdaderamente de qué iba la cosa o qué tenía que hacer — Si tenéis oportunidad, hemos de conseguir el oro — añadí mientras bajaba hacia la pista dirigiéndome hacia la casilla que se había señalado cuando se había dicho mi nombre, siendo el primero en llegar de los convocados de mi equipo, parándome en el centro del cuadrado cargando mi kanabo sobre mi hombro izquierdo - mismo que la mano que lo sujetaba - observando desde el interior de mi casco cómo se reunían los demás, viendo a mi izquierda a alguien que - extraño para mi - era familia — Ha pasado tiempo, Joe "el héroe" — dije sonriendo, sin que pudiera apreciarlo, e incliné la cabeza levemente a modo de saludo cordial, seco pero lo suficientemente amable — Este torneo será interesante — concluí, viendo como el Divergente se montaba en la nube que lo había traído hasta aquí y ascendía con ella hacia el cielo mientras de las gradas comenzaba a bajar aun más gente.
Esta vez nada de ocultarse o contenerse. Fuera lo que fuera, iba a ganar este torneo.
En cambio, la aparición de una nube en el campo de tierra frente a nosotros levantando una polvareda si que atrapó mi atención, seguida de la voz de una persona que invadía el ambiente. Se presentó como El Divergente. Un nombre extraño y cuyo origen no se si quería averiguar. Empezó a hablar con el público, dando la bienvenida, pidiendo vítores y celebraciones, y comenzando a explicar las Juegos de Marucuchi — Veamos qué van a ofrecer... — dije a mis dos acompañantes, escuchando las palabras del Divergente entrelazando los dedos de las manos y apoyando los codos en mis rodillas, focalizando mi atención en aquel tipo. La sorpresa no se hizo esperar y fue mayúscula al escuchar que, todos los que habíamos llegado en los barcos de Bobama o usando sus velas, los que habíamos ascendido por la columna de agua, íbamos a ser los participantes — ¿Participantes? Y una mierda, yo no pienso hac... — empecé a decir, justo cuando comentó que el ganador de estos juegos podría pedir un deseo — ¿Qué? — pregunté de forma retórica, mirando a mis lados hacia Viktor y Chloe, y el Divergente comenzó a relatar las normas de participación, confirmando que el Emperador de estas tierras concedería un tesoro al ganador del evento — ¡Un pilar de oro! — exclamé golpeando el puño izquierdo contra el derecho, ajeno a todo lo demás. Ignoré los nombres y a las llamadas a la pista del maestro de ceremonias - a excepción del mío propio - y las interacciones de mis compañeros. Ahora sólo tenía un objetivo. Tenía que ganar este juego para hacerme con todo aquel oro de una forma pacífica y sin problemas.
— Voy a ganar este torneo — dije con rotundidad, sin saber verdaderamente de qué iba la cosa o qué tenía que hacer — Si tenéis oportunidad, hemos de conseguir el oro — añadí mientras bajaba hacia la pista dirigiéndome hacia la casilla que se había señalado cuando se había dicho mi nombre, siendo el primero en llegar de los convocados de mi equipo, parándome en el centro del cuadrado cargando mi kanabo sobre mi hombro izquierdo - mismo que la mano que lo sujetaba - observando desde el interior de mi casco cómo se reunían los demás, viendo a mi izquierda a alguien que - extraño para mi - era familia — Ha pasado tiempo, Joe "el héroe" — dije sonriendo, sin que pudiera apreciarlo, e incliné la cabeza levemente a modo de saludo cordial, seco pero lo suficientemente amable — Este torneo será interesante — concluí, viendo como el Divergente se montaba en la nube que lo había traído hasta aquí y ascendía con ella hacia el cielo mientras de las gradas comenzaba a bajar aun más gente.
Esta vez nada de ocultarse o contenerse. Fuera lo que fuera, iba a ganar este torneo.
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