02-03-2024, 07:44 PM
Lo demoníaco implica la comisión de dos crímenes. Se abandona el camino de la rectitud; y se abandona al Emperador como objetivo de devoción. Para el primer crimen, la muerte es evidentemente el castigo más justo. Sin embargo, el segundo crimen es una herejía tan terrible que ningún castigo puede alcanzar a ser suficiente. A pesar de ello, la búsqueda de una pena apropiada aún continua, y será hallada.
Una postura agresiva, unas palabras afiladas, un gesto desafiante. Mi postura era clara y, evidentemente, no había que ser muy listo para darse cuenta de que el concepto de autoridad y normativa no iban conmigo. Y mucho menos pasaría por alto las palabras engreídas de un angelito altivo que se creía más que nadie. Y mi imprudencia y falta de educación frente a peña que tiene la sartén por el mango, me pasarían factura con efectos brutales. Un karma instantáneo materializado en una turbo galleta que, de querer repetirla, me juntaría con todos aquellos que fueron desobedientes y poco perceptivos antes que yo.
Sin las molestias de la ropa y completamente desatado, mantengo una postura de batalla, con la firme intención de abalanzarme sobre mi víctima, que se postra inaltersble frente a mi. Antes si quiera de que inicie mi acometida, unas palabras solemnes sellan el desenlace del conflicto inexistente, y sin que pueda despegar un pie del del suelo, tengo frente a mi rostro un dial, uno de esos cacharros que pude obtener tiempo atrás y guardaba en mi saca, pero este era rojizo. No hay tiempo de reacción. Mi sonrisa y sed de sangre aún se mantienen en mi rostro mientras un fogonazo emerge ante mi. No hay defensa posible. No hay evasivas ni bloqueos ni ningún método de salir de esta. Tan solo un estruendo audiovisual sin parangón, que precedía a la sentencia por mis actos de manera ineludible.
Un empuje salvaje sale del artefacto, colapsando sobre mi cuerpo, que aún no sabe lo que sucede. El impacto es aterrador, catapultandome hacia el infinito y generándome un dolor como el que jamás había sentido con anterioridad. Apenas soy capaz de mantenerme consciente. Apenas soy capaz de mantenerme con vida.
Un zumbido resuena en mis oídos y por cada rincón de mi cabeza baila una cefalea monstruosa que me imposibilita moverme. Siento la tierra removida en mis mejillas. Sigo tirado en el suelo. Los párpados me pesan y apenas puedo abrir los ojos para ver. Pasan los minutos, e intento recuperarme torpemente. Consigo maniobrar lo suficiente como para sentarme. A mí alrededor solo hay destrucción y escombros. Y tras ellos, bosque. Lo único que me puede guiar es el mismo camino de destrucción que ha dejado mi cuerpo en el arrastre. Me levanto dolorido, con tos seca y sintiendo cada movimiento con una punzada en el cráneo. Mi cuerpo lucha por recuperarse. Le cuesta. Miro al cielo. Si ya me es complicado abrir los ojos por mi mismo, el Sol juzgandome no ayuda. Respiro profundamente. El dolor se va retirando, pero con un ritmo más lento del que me gustaría. Empiezo a retirar de mi cuerpo la suciedad de la tierra y la madera, que se ha quedado pegada en mi. Reviso mis utensilios. Por suerte, todos están bien menos la brújula, que parece que no funciona. La tiro. Miro a un lado. Miro al otro. Pienso en lo sucedido, tanto en la caída como en la situación actual.
-SHIHahAhAHAHahAHhahaAHAha- rio con cinismo valorando la paliza que me acabo de llevar. -¿Así que este es el nivel al salir de los Blues, ehh??- digo emocionado, sin dejar de sonreír. -Esto se pone muy interesante...-
La situación había dado un giro de 180 grados. Es momento de reflexión. De entender que ya no era el pez gordo en la pecera, sino que era un pececillo en mitad del océano. ¿Eso significaba que tenía que volver? En absoluto. Eso significaba que tenía que crecer, que alimentarme, que adaptarme para sobrevivir y cazar presas más pequeñas para luego cazar al rey del mar. Estamparse contra lo desconocido había sido un error. Un error del que, por la gracia de Horus, podía salir con vida milagrosamente. Pero un aprendizaje que usaría a mi favor... Ahora toca moverse. No es bueno estar quieto. Y ante mi se abre un abanico de posibilidades tan basto que abruma.
Tomando como referencia el raíl de destrozos que he dejado con mi cuerpo, tomo la decisión de avanzar hacia mi derecha, adentrándome en el bosque y la vegetación, paralelo al río y en dirección al norte de la ciudad, hacia el templo.
-Vale... Ahora toca adentrarse en la ciudad, pero por otro sitio donde no esté el chalado ese del cabeza lata. He de evitarlo a toda costa.- avanzo por la vegetación a toda velocidad. -Una vez dentro he de saber dónde estoy... He de averiguar dónde se encuentra el maestro marcial del que Buttohetto hablaba, para seguir avanzando mi maestría del Hassoken... - prosigo con mi camino, ignorando los jolgorios y trompeteos que se oyen en la distancia. -Tambien me gustaría hacerme con uno de esos diales... Era rojo... Uno de esos estaría de coña para meter turbo guantazos, SHIHahaHAHaH. También ha hablado de un tan Zarakuski o algo así. Un "emperador". - me detengo en seco al pensar en ello. Hago arcada forzada al pensar en ello en señal de burla. Luego sonrío. -Quizá haya que hacerle una visita, jeje...- sonrío malicioso y avanzo. - Oh... Y lo más importante de todo... Los Alas Negras están, aquí... SHIHahaHAHaH-
Tantas opciones, tantas posibilidades, tanta maldad en un ser tan pequeño... Tal vez había tropezado a lo grande, pero Horus no cierra una puerta sin abrir una ventana, y un plan terrible se está gestando, uno digno de la Herejía de nuestro señor. Es momento de ponerse en marcha. Es momento de moverse.
MALLEUS DAEMONICUS, DECLARACIÓN DE LA ECLESIARQUÍA
Una postura agresiva, unas palabras afiladas, un gesto desafiante. Mi postura era clara y, evidentemente, no había que ser muy listo para darse cuenta de que el concepto de autoridad y normativa no iban conmigo. Y mucho menos pasaría por alto las palabras engreídas de un angelito altivo que se creía más que nadie. Y mi imprudencia y falta de educación frente a peña que tiene la sartén por el mango, me pasarían factura con efectos brutales. Un karma instantáneo materializado en una turbo galleta que, de querer repetirla, me juntaría con todos aquellos que fueron desobedientes y poco perceptivos antes que yo.
Sin las molestias de la ropa y completamente desatado, mantengo una postura de batalla, con la firme intención de abalanzarme sobre mi víctima, que se postra inaltersble frente a mi. Antes si quiera de que inicie mi acometida, unas palabras solemnes sellan el desenlace del conflicto inexistente, y sin que pueda despegar un pie del del suelo, tengo frente a mi rostro un dial, uno de esos cacharros que pude obtener tiempo atrás y guardaba en mi saca, pero este era rojizo. No hay tiempo de reacción. Mi sonrisa y sed de sangre aún se mantienen en mi rostro mientras un fogonazo emerge ante mi. No hay defensa posible. No hay evasivas ni bloqueos ni ningún método de salir de esta. Tan solo un estruendo audiovisual sin parangón, que precedía a la sentencia por mis actos de manera ineludible.
Un empuje salvaje sale del artefacto, colapsando sobre mi cuerpo, que aún no sabe lo que sucede. El impacto es aterrador, catapultandome hacia el infinito y generándome un dolor como el que jamás había sentido con anterioridad. Apenas soy capaz de mantenerme consciente. Apenas soy capaz de mantenerme con vida.
Un zumbido resuena en mis oídos y por cada rincón de mi cabeza baila una cefalea monstruosa que me imposibilita moverme. Siento la tierra removida en mis mejillas. Sigo tirado en el suelo. Los párpados me pesan y apenas puedo abrir los ojos para ver. Pasan los minutos, e intento recuperarme torpemente. Consigo maniobrar lo suficiente como para sentarme. A mí alrededor solo hay destrucción y escombros. Y tras ellos, bosque. Lo único que me puede guiar es el mismo camino de destrucción que ha dejado mi cuerpo en el arrastre. Me levanto dolorido, con tos seca y sintiendo cada movimiento con una punzada en el cráneo. Mi cuerpo lucha por recuperarse. Le cuesta. Miro al cielo. Si ya me es complicado abrir los ojos por mi mismo, el Sol juzgandome no ayuda. Respiro profundamente. El dolor se va retirando, pero con un ritmo más lento del que me gustaría. Empiezo a retirar de mi cuerpo la suciedad de la tierra y la madera, que se ha quedado pegada en mi. Reviso mis utensilios. Por suerte, todos están bien menos la brújula, que parece que no funciona. La tiro. Miro a un lado. Miro al otro. Pienso en lo sucedido, tanto en la caída como en la situación actual.
-SHIHahAhAHAHahAHhahaAHAha- rio con cinismo valorando la paliza que me acabo de llevar. -¿Así que este es el nivel al salir de los Blues, ehh??- digo emocionado, sin dejar de sonreír. -Esto se pone muy interesante...-
La situación había dado un giro de 180 grados. Es momento de reflexión. De entender que ya no era el pez gordo en la pecera, sino que era un pececillo en mitad del océano. ¿Eso significaba que tenía que volver? En absoluto. Eso significaba que tenía que crecer, que alimentarme, que adaptarme para sobrevivir y cazar presas más pequeñas para luego cazar al rey del mar. Estamparse contra lo desconocido había sido un error. Un error del que, por la gracia de Horus, podía salir con vida milagrosamente. Pero un aprendizaje que usaría a mi favor... Ahora toca moverse. No es bueno estar quieto. Y ante mi se abre un abanico de posibilidades tan basto que abruma.
Tomando como referencia el raíl de destrozos que he dejado con mi cuerpo, tomo la decisión de avanzar hacia mi derecha, adentrándome en el bosque y la vegetación, paralelo al río y en dirección al norte de la ciudad, hacia el templo.
-Vale... Ahora toca adentrarse en la ciudad, pero por otro sitio donde no esté el chalado ese del cabeza lata. He de evitarlo a toda costa.- avanzo por la vegetación a toda velocidad. -Una vez dentro he de saber dónde estoy... He de averiguar dónde se encuentra el maestro marcial del que Buttohetto hablaba, para seguir avanzando mi maestría del Hassoken... - prosigo con mi camino, ignorando los jolgorios y trompeteos que se oyen en la distancia. -Tambien me gustaría hacerme con uno de esos diales... Era rojo... Uno de esos estaría de coña para meter turbo guantazos, SHIHahaHAHaH. También ha hablado de un tan Zarakuski o algo así. Un "emperador". - me detengo en seco al pensar en ello. Hago arcada forzada al pensar en ello en señal de burla. Luego sonrío. -Quizá haya que hacerle una visita, jeje...- sonrío malicioso y avanzo. - Oh... Y lo más importante de todo... Los Alas Negras están, aquí... SHIHahaHAHaH-
Tantas opciones, tantas posibilidades, tanta maldad en un ser tan pequeño... Tal vez había tropezado a lo grande, pero Horus no cierra una puerta sin abrir una ventana, y un plan terrible se está gestando, uno digno de la Herejía de nuestro señor. Es momento de ponerse en marcha. Es momento de moverse.
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