Tras la superexplosión y con la sala ya despejada de miembros hostiles, ambos decidisteis manteneros en ella y revisar distintas cosas.
Por su lado, Shoto, con una botella metálica tapada con un dedo amputado a modo de tapón, se dirigió al público inconsciente. Fue un acto de pura bondad, pues el lugar seguía tambaleándose y su bienestar propio no estaba todavía asegurado. Por desgracia para todos, no tardo mucho en darse cuenta de que de las doscientas personas que había, exactamente 104 habían fallecido por la explosión que había catapultado cristales a modo de metralla por toda la sala. Algunos, aquellos que tan solo se habían llevado heridas leves, comenzaban a despertar y gruñir maniatados.
—¡Susan! —exclamó un hombre situado tres metros a la derecha de Shoto— No puede ser… Sus…
El humano, de mediana edad estaba arrodillado frente al cuerpo de una mujer que tenía los ojos cerrados y un enorme trozo de vidrio clavado en su esternón. Lloraba ante el cuerpo sin vida de la que debía ser su esposa o alguien importante. Poco a poco, más personas despertaban y lloraban a los fallecidos mientras otros entraron en pánico, gritando y saliendo corriendo en dirección a la puerta central por la que habían entrado al lugar. Entre el tumulto de unas 80 personas presas del pánico, de alguna forma varios consiguieron librarse de sus ataduras y abrieron las enormes puertas doradas. El fresco aire penetró con fuerza en la estancia, desequilibrando todavía más a aquellos que estaban frente a ella y que junto al vaivén del edificio cayeron al suelo y resbalaron entre una maraña de personas hacia fuera. Unas veinte personas cayeron gritando hacia el exterior mientras el resto consiguieron sujetarse de alguna forma al suelo, las puertas y entre ellos. A través de los portones abiertos se veían a lo lejos las luces de la ciudad, cada vez más lejanas. Cualquiera que echase un vistazo se daría cuenta de que el edificio se estaba moviendo a gran velocidad, como si de un vehículo se tratase, y que aquellas puertas que antes estaban a ras de suelo ahora se encontraban a casi quince metros de altura, haciendo que aquellos que habían caído se habría precipitado a una muerte casi segura.
Erika, sin embargo, en lugar de atender a los civiles se había dirigido a la plataforma resbaladiza del escenario, aprovechándose de las ventosas en sus patas para no resbalar. La mujer pulpo, mimetizada con el ambiente se colocó junto a la puerta por la que el Dr Infinito había desaparecido un rato antes, pero una cortina impedía poder ver más allá de ella. Escuchó atentamente y pudo advertir una voz femenina proveniente de allí, pero no distinguió nada más allá de ello.
Por su lado, Shoto, con una botella metálica tapada con un dedo amputado a modo de tapón, se dirigió al público inconsciente. Fue un acto de pura bondad, pues el lugar seguía tambaleándose y su bienestar propio no estaba todavía asegurado. Por desgracia para todos, no tardo mucho en darse cuenta de que de las doscientas personas que había, exactamente 104 habían fallecido por la explosión que había catapultado cristales a modo de metralla por toda la sala. Algunos, aquellos que tan solo se habían llevado heridas leves, comenzaban a despertar y gruñir maniatados.
—¡Susan! —exclamó un hombre situado tres metros a la derecha de Shoto— No puede ser… Sus…
El humano, de mediana edad estaba arrodillado frente al cuerpo de una mujer que tenía los ojos cerrados y un enorme trozo de vidrio clavado en su esternón. Lloraba ante el cuerpo sin vida de la que debía ser su esposa o alguien importante. Poco a poco, más personas despertaban y lloraban a los fallecidos mientras otros entraron en pánico, gritando y saliendo corriendo en dirección a la puerta central por la que habían entrado al lugar. Entre el tumulto de unas 80 personas presas del pánico, de alguna forma varios consiguieron librarse de sus ataduras y abrieron las enormes puertas doradas. El fresco aire penetró con fuerza en la estancia, desequilibrando todavía más a aquellos que estaban frente a ella y que junto al vaivén del edificio cayeron al suelo y resbalaron entre una maraña de personas hacia fuera. Unas veinte personas cayeron gritando hacia el exterior mientras el resto consiguieron sujetarse de alguna forma al suelo, las puertas y entre ellos. A través de los portones abiertos se veían a lo lejos las luces de la ciudad, cada vez más lejanas. Cualquiera que echase un vistazo se daría cuenta de que el edificio se estaba moviendo a gran velocidad, como si de un vehículo se tratase, y que aquellas puertas que antes estaban a ras de suelo ahora se encontraban a casi quince metros de altura, haciendo que aquellos que habían caído se habría precipitado a una muerte casi segura.
Erika, sin embargo, en lugar de atender a los civiles se había dirigido a la plataforma resbaladiza del escenario, aprovechándose de las ventosas en sus patas para no resbalar. La mujer pulpo, mimetizada con el ambiente se colocó junto a la puerta por la que el Dr Infinito había desaparecido un rato antes, pero una cortina impedía poder ver más allá de ella. Escuchó atentamente y pudo advertir una voz femenina proveniente de allí, pero no distinguió nada más allá de ello.
Aclaraciones
