05-03-2024, 03:40 AM
De nuevo, Zorak arremetió contra Jubaru soltándole dos certeros puñetazos con la izquierda. El primero lo encajó con toda la entereza que pudo. El segundo, aunque no era tan potente, lo pilló desprevenido, dejando al encapuchado casi inconsciente. Su capa cada vez estaba más empapada en sangre, su situación era crítica y la desesperación comenzaba a hacerle mella. Tras unos instantes sin consciencia, volvió en si para ver como el pelirrojo lo estaba arrastrando, agarrado por el cuello, hacia la casa. Seguía sin poder respirar y no podía hacer más que escuchar las palabras del mestizo y ser un títere sin voluntad bajo sus hilos.
Zorak soltó una lista de nombres, acusando a Ridel de su muerte, la rabia lo había poseído. No paraba de gritarle y retarle a que saliera de su escondite para enfrentarse a él. Subió la escaleras que daban al porche agarrando todavía a Jubaru por el cuello y se detuvo a un metro de la puerta antes de lanzarlo contra ella, destrozándola por completo. El encapuchado se hallaba dentro de la casa ahora, tumbado en el suelo, sobre decenas de pedazos de lo que antes había sido la puerta. Se llevó las manos al cuello tras tomar una profunda bocanada de aire y toser a causa de las molestias en su garganta. El mestizo volvía a gritarle a su antiguo maestro que saliera de la casa, mientras Jubaru se alzaba en pie contra todo pronóstico. Escupió la sangre que tenía dentro de la boca y se limpió los labios y el mentón con su puño derecho. Por lo visto todavía no se había rendido, alzó sus puños y tiró hacia atrás la pierna derecha, repartiendo su peso en ambas piernas, formando una posición de ataque. Le sonrió frunciendo el ceño, desafiando a Zorak al que sería el último choque de fuerzas entre ambos. Sabía que no tenía nada que hacer, pero lo habían entrenado para no rendirse jamás y nunca, por nada del mundo, traicionaría la fe que tenía su maestro en él.
Zorak soltó una lista de nombres, acusando a Ridel de su muerte, la rabia lo había poseído. No paraba de gritarle y retarle a que saliera de su escondite para enfrentarse a él. Subió la escaleras que daban al porche agarrando todavía a Jubaru por el cuello y se detuvo a un metro de la puerta antes de lanzarlo contra ella, destrozándola por completo. El encapuchado se hallaba dentro de la casa ahora, tumbado en el suelo, sobre decenas de pedazos de lo que antes había sido la puerta. Se llevó las manos al cuello tras tomar una profunda bocanada de aire y toser a causa de las molestias en su garganta. El mestizo volvía a gritarle a su antiguo maestro que saliera de la casa, mientras Jubaru se alzaba en pie contra todo pronóstico. Escupió la sangre que tenía dentro de la boca y se limpió los labios y el mentón con su puño derecho. Por lo visto todavía no se había rendido, alzó sus puños y tiró hacia atrás la pierna derecha, repartiendo su peso en ambas piernas, formando una posición de ataque. Le sonrió frunciendo el ceño, desafiando a Zorak al que sería el último choque de fuerzas entre ambos. Sabía que no tenía nada que hacer, pero lo habían entrenado para no rendirse jamás y nunca, por nada del mundo, traicionaría la fe que tenía su maestro en él.
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