[Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego
#7
OST DE LA ESCENA

     —¿Quién te ha nombrado jefe? —le solté al pelirrojo.
     No recuerdo haberle dado permiso para ordenarme nada. Por alguna razón, quería al rubio imbécil. ¿Lo conocería? Estaba claro que algo había, pues de otro modo no se habría metido de lleno en el problema, dudaba mucho que fuese porque le preocupaba que esos tipos quisieran llevarme a la fuerza. Pero se desenvolvía bien, el cabrón, incluso herido como estaba. Había dejado al rubio en el suelo con un par de miembros rotos, lloriqueando, gritando.
     Una vez más, me habría detenido a admirar aquella nueva obra de arte, pero parecía que la situación estaba lejos de resolverse. Muy lejos. Otro grupo de matones con pinta de armario entraron a la taberna, y esta vez el número sí era alarmante. Como jefe, el rubio berreante quedaba en vergüenza frente al nuevo que había entrado: bastante más alto que el resto, bastante más mazado y con el cabello morado. Todo eso, sumado a las largas garras de metal que portaba en cada mano, le hacía imposible pasar desapercibido.
     Estábamos jodidos, bien jodidos.
     Y el tipo enorme volvió a repetir lo que ya se sabía: mi captura.
     Las intenciones para con el pelirrojo eran bien distintas, lo querían muerto.
     Miré al chico durante una milésima de segundo, pues más tiempo resultaría un error. Él tenía la vista fijada en los siete tipos que venían hacia él. Y descubrí que otros tantos, hacia mí. ¿Cómo se suponía que el pelirrojo iba a sobrevivir a aquello? No tenía tiempo para averiguarlo, mi propia supervivencia clamaba mi atención.
     Pero le escuché gritar. No era un grito de dolor, ni de cualquier otra cosa que no fuese pura ira liberada.
     Con un nuevo vistazo, demasiado corto para captar detalles, vi a varios de esos tipos por los suelos. Me habría quedado impresionada porque alguien herido pudiese actuar de esa forma, si no fuese porque tenía a mis atacantes encima. 
     Veloz, me agaché frente a uno de los muertos, aquel a quien había apuñalado en el abdomen, para recuperar la daga de su pierna. Todos esos putos hombres fueron a por mí al unísono, como autómatas programados con un mismo objetivo. No lograron alcanzarme. Derrapé al esquivar y utilicé la inercia del movimiento para apuñalar a uno en la espalda, a la altura de los riñones. El sofocante calor pegaba mi cabello al cuello y sus camisetas a sus cuerpos, haciendo que la herida fuera visible de inmediato. El hombre apoyó una rodilla en el suelo, así que no pude desaprovechar la oportunidad de agarrarlo por el pelo con la mano izquierda (aun empuñando una de las dagas) y degollarlo con la derecha.
     Otro fue a agarrarme por detrás. Me agaché en el momento justo. Él se desestabilizó hacia delante, pues había esperado tener como tope mi cuerpo. En menos de un segundo, desde mi baja posición, alcé la mano derecha de golpe, haciendo que el filo se introdujese por la entrepierna del pantalón y alcanzase su mayor tesoro. Hice fuerza al sentir cómo cortaba la carne. Su alarido fue, posiblemente, el más aterrador que se haya escuchado nunca en El Dragón Rojo.
     Pero la superioridad numérica, tarde o temprano, afecta. Uno de los tipos que seguía en pie me agarró del corsé por detrás, acercándome a él en un movimiento brusco. De inmediato, traté de zafarme de su agarre. Otro vino en su ayuda, colocándose delante para intentar ayudar a su compañeros. Eran bastante más voluminosos que yo, pero mis movimientos les estaban dando guerra y querían asegurarse de detenerlos. El que venía de frente traía una brida, dispuesto a inutilizar mis manos. No podía permitirlo. Como pude, de un salto me impulsé con las piernas y, aunque aún me sujetaban desde atrás, aparté al de la brida con una patada en el estómago con ambos pies. Resbalé de las manos de mi intento de captor y me giré enseguida, asestándole dos puñaladas con ambas dagas en el pecho. Cayó al suelo.
     Ya no sabía ni los que quedaban, el cansancio estaba comenzando a hacer mella en mí.
     —¡No os pago para que hagáis el ridículo, panda de inútiles! —bramó el tiparraco del pelo morado.
     Su enorme envergadura no fue obstáculo para una agilidad asombrosa y, cuando pude percatarme de que estaba a mi lado, ya me había agarrado por la nuca y levantado en el aire.
     Mierda, joder.
     Traté de apuñalarle la manaza que me sujetaba con ambas dagas, pero me dio un golpe tan fuerte que salieron volando las dos armas. Cerré los ojos durante un instante, sintiendo cómo el dolor se apoderaba de mi cuerpo. Me levantó más, acercándome a él, hasta que mi espalda quedó a la altura de su pecho y mi cabeza peligrosamente cerca de su cara.
     Me reí sin hacer ruido. En vaya puto lío me había metido el puto rubí.
     —¿De qué te ríes, zorra? ¿Te hace gracia haber masacrado a mis hombres? —me gritó prácticamente al oído; cerré los ojos con fuerza—. ¿Quieres reírte? Vas a reírte con razón.
     Abrí los párpados de pronto al notar un intenso dolor en la cara. El desgraciado había hundido una de sus afiladas cuchillas en la comisura izquierda de mis labios. Muy despacio, subía el corte hacia la mejilla, recreándose en el daño, en la sangre que brotaba de mi rostro, en el grito que no pude contener en mi garganta.
     Me estaba pintando una sonrisa.
     El dolor era insoportable. Pataleaba, pero tan solo servía para sentir la cuchilla más dentro en mi carne.
     De pronto, me encontré cruzando el aire a gran velocidad. El golpe contra el suelo me cortó la respiración. Quedé a los pies de aquellos matones a los que no me había dado tiempo a matar.
     —Atadla, que no se vuelva a mover —ordenó el hijo de puta del pelo morado.
     La parte izquierda del rostro me ardía, la herida me latía con violencia. Vi cómo las gotas de sangre se precipitaban contra el suelo, ahora tan cerca de mis ojos. Traté de ponerme en pie, zafarme de sus garras, pero el dolor de la herida, de la hostia y el cansancio no me lo pondrían nada fácil.
     Las sombras de tres matones se cernían sobre mí.


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RE: [Pasado] [+18] - Danza de hielo y fuego - por Maeve Knox - 08-03-2024, 11:49 AM

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