09-03-2024, 06:20 PM
OST DE LA ESCENA
Los tres tipos se tomaron su tiempo, sabían que yo estaba hecha mierda y, a pesar de que debían cumplir unas órdenes, se recreaban en una victoria que no habían originado ellos. En los segundos que tardaban en acercar sus manos en mi dirección, eché un último vistazo hacia el pelirrojo. No sabía si le había ido tan mal como a mí, o si estaría vivo siquiera.
Entonces lo vi colgando de la muñeca del enorme gilipollas del pelo morado. ¿Estaba... inconsciente? ¿Qué habría ganado atacándolo si ya tenía suficiente con los matones, si ya estaba a punto de caer ante ellos?
Até cabos y supe que lo había hecho por mí. Por eso había salido volando contra mis inminentes captores, por eso no tenía la sonrisa completa en el rostro.
—Idiota... —susurré, mirándolo entre oleadas de dolor.
Había firmado su sentencia de muerte, era imposible que sobreviviera al mostrenco al que estaba enganchado. Este, furioso, intentaba quitárselo de encima. Y vi cómo las cuchillas de este se colocaban en posición de rematar al chico.
Se había lanzado a los brazos de la perdición solo para evitar mi sufrimiento.
Apreté la mandíbula, lo cual incrementó mi dolor, llevándome al borde del mareo.
Noté cómo los brazos de los tres gilipollas que me rodeaban querían levantarme.
Las cuchillas del jefe cada vez más cerca del muchacho.
No puedo dejarle morir, él me ha ayudado.
Puedes morir tú en el intento.
Que así sea.
Recurrí a las pocas fuerzas que me quedaban, a la voluntad, o algún ser superior del cual siempre negué la existencia. Mi cuerpo comenzó a tomar más envergadura, las plumas blancas crecieron en casi todo mi cuerpo, el pico rosado apareció en mi rostro haciéndome tanto daño que creí que yo también perdería el conocimiento. Pero me mantuve en pie. La transformación se completó en rápidos segundos.
Los tres tipos se tomaron su tiempo, sabían que yo estaba hecha mierda y, a pesar de que debían cumplir unas órdenes, se recreaban en una victoria que no habían originado ellos. En los segundos que tardaban en acercar sus manos en mi dirección, eché un último vistazo hacia el pelirrojo. No sabía si le había ido tan mal como a mí, o si estaría vivo siquiera.
Entonces lo vi colgando de la muñeca del enorme gilipollas del pelo morado. ¿Estaba... inconsciente? ¿Qué habría ganado atacándolo si ya tenía suficiente con los matones, si ya estaba a punto de caer ante ellos?
Até cabos y supe que lo había hecho por mí. Por eso había salido volando contra mis inminentes captores, por eso no tenía la sonrisa completa en el rostro.
—Idiota... —susurré, mirándolo entre oleadas de dolor.
Había firmado su sentencia de muerte, era imposible que sobreviviera al mostrenco al que estaba enganchado. Este, furioso, intentaba quitárselo de encima. Y vi cómo las cuchillas de este se colocaban en posición de rematar al chico.
Se había lanzado a los brazos de la perdición solo para evitar mi sufrimiento.
Apreté la mandíbula, lo cual incrementó mi dolor, llevándome al borde del mareo.
Noté cómo los brazos de los tres gilipollas que me rodeaban querían levantarme.
Las cuchillas del jefe cada vez más cerca del muchacho.
No puedo dejarle morir, él me ha ayudado.
Puedes morir tú en el intento.
Que así sea.
Recurrí a las pocas fuerzas que me quedaban, a la voluntad, o algún ser superior del cual siempre negué la existencia. Mi cuerpo comenzó a tomar más envergadura, las plumas blancas crecieron en casi todo mi cuerpo, el pico rosado apareció en mi rostro haciéndome tanto daño que creí que yo también perdería el conocimiento. Pero me mantuve en pie. La transformación se completó en rápidos segundos.
Los tres matones que me habían rodeado ahora se habían apartado, espantados por mi forma híbrida. Mis ojos gris hielo ahora se veían rojo sangre, y miraban directamente al tipo del cabello morado. No tenía tiempo de discursos de mierda, así que simplemente cogí carrerilla con mis patas rosáceas de buitre y me estampé contra él. Ahora nuestra altura era parecida, pues con esta forma alcanzaba los dos metros y medio.
El tipo no lo esperaba y perdió el equilibrio, cayendo de culo contra el suelo. Yo extendí las alas, ocupando un gran espacio para mantener el equilibrio. Descubrí que no solo se trataba de sacar al chico de las garras de ese cabrón, sino también de devolverle, aunque sea, una pequeña parte de lo que me había hecho. El intenso dolor de mi cara no remitía, lo que me recordaba que llevar a cabo cualquier intento de venganza era cavar mi propia tumba.
Me acerqué al pelirrojo, lo levanté con un ala y me lo coloqué al hombro. No acostumbraba a llevar tanto peso encima, pero de ello dependía nuestra supervivencia. Luego, corrí hacia la puerta sin mirar a nada ni a nadie más. No podía perder el tiempo recuperando mis dagas. En mi recorrido, noté varios golpes de los matones en pie, que, gritando, se atrevieron a arremeter contra mí. Los ignoré.
Al salir, el calor de la noche de verano nos recibió, instándome a salir volando, huir de allí.
Dejé al chico en el suelo con cuidado para, a continuación, cerrar mis garras en torno a él, batir las alas y alzar el vuelo.
La puerta sonó cuando estaba despegando, así como unos cuantos disparos en mi dirección que se perdieron en la negrura de un cielo cargado de estrellas.
No sabía dónde ir, dónde llevarlo, dónde esconderme. Escondernos. Tenía alojamiento en un motel de la zona, pero era demasiado peligroso poner rumbo allí. ¿Cómo cojones pasaría con esas pintas y cargando un joven herido? Yo tampoco estaba bien y cualquiera que viese mi cara ensangrentada, sumado al resto de mi apariencia, diría haberme visto si le preguntaban. Eso si estaba de forma humana, en forma híbrida simplemente se espantarían y llamarían a las autoridades. No tendríamos ninguna oportunidad.
Puse rumbo a ningún sitio, pensando en que me detendría en algún lugar que me pareciese seguro. No podía tardar mucho, pues el pelirrojo había perdido mucha sangre. Ni siquiera sabía si respiraba. Y, aunque sentía mucho dolor y agotamiento, volé más rápido.
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