11-03-2024, 08:58 PM
Un poco antes en algún lugar del interior del edificio…
Una sala estrecha, ligeramente iluminada por los múltiples monitores que hay en ella. El sonido de unos motores en plena combustión hacen eco en la sala, mezclándose con las voces de los allí presentes.
—Señor, en veintitrés minutos llegaremos al lugar de la entrega. Los motores funcionan correctamente y la estructura está resistiendo sin problemas gracias a los últimos ajustes.
Dos hombres de complexión delgada ataviados con batas blancas estaban de pie frente a pantallas llenas de números y letras en apariencia inconexas, apuntando en papel los resultados que estas mostraban.
—Por supuesto que resiste, mis cálculos siempre son correctos. —sonó una voz profunda y masculina tras ellos, sentado en un sillón cruzado de brazos con una mujer vestida de dorado apoyada en el reposabrazos de este— Y llámame Doctor.
—Disculpe, Doctor. —contestó el mismo hombre.
El doctor levantó una mano y se quitó las gafas, limpiándolas con un pañuelo de seda que sacó de su bolsillo.
—Eva, ve y comprueba que todo esté en orden. Después de todo lo que hemos trabajado para que esto funcione, no quiero dejar ningún detalle al azar, ya sabes lo poco que me gusta eso.
La mujer junto a él se levantó, asintiendo con los ojos cerrados.
—Por supuesto, Doctor. —dijo agachándose para darle un beso en la mejilla— Y no se preocupe, demostraremos a esos ineptos de la Asociación que cometieron un error con usted.
El hombre arqueó hacia arriba las comisuras de los labios, con la mirada fija al frente, mientras la mujer abandonaba la sala por un lateral.
Tras el abrupto y accidentado despertar de los indefensos civiles y el golpe de realidad que les supuso averiguar que, no solo habían sido secuestrados y heridos, sino que las posibilidades de escapar eran prácticamente nulas, muchos quedaron a la espera de que alguien diese un paso al frente y una orden que seguir, como corderitos a la espera de su pastor. Y no tardaron mucho en recibirla, pues uno de vosotros decidió alzar la voz por encima de las demás y guio a aquellos pobres con sus palabras, dándoles algo rápido y tangible que poder hacer. Alguno de ellos se cuestionó dichas órdenes, pero muchos de ellos comenzaron a seguirlas ipso facto y estos los siguieron, desconfiando de ser capaces de pensar en algo mejor que hacer dada la situación.
Tú, Shoto, te diriges sin más hacia la cortina tras la que Erika vio por última vez al doctor, y la atraviesas sin más para llegar a la habitación que había a continuación. Nada más entrar, al posicionarte dos metros por delante de la puerta, ante ti hay una sala circular de 10 metros de extremo a extremo, los lados cubiertos de estanterías refrigeradas llenas de distintas bebidas y alimentos. En su centro, una mesa con botellas descorchadas y vacías, con copas y cubertería apilada, y al fondo, frente a ti, una puerta cerrada. No hace falta decir que, nuevamente, todo es de metal. Sin poder reaccionar, notas como alguien te coge desde detrás, proveniente de un lateral de la puerta por la que acabas de acceder, llevándote los brazos a las espalda y sujetándolos con ambas manos por tus muñecas, con una fuerza que te imposibilita escapar de su agarre.
—¿Eres tú el que ha liberado a la gente? —pregunta una voz femenina que recuerdas haber escuchado con anterioridad— Puaj, y menuda peste echas entre colonia y vómito.
Erika, tú entras justo para ver como, la mujer que os había acompañado hasta vuestro balcón privado, sostiene con fuerza a Shoto, justo delante de ti y de espaldas. Lo demás que ves es lo mismo que he descrito de la sala.
Una sala estrecha, ligeramente iluminada por los múltiples monitores que hay en ella. El sonido de unos motores en plena combustión hacen eco en la sala, mezclándose con las voces de los allí presentes.
—Señor, en veintitrés minutos llegaremos al lugar de la entrega. Los motores funcionan correctamente y la estructura está resistiendo sin problemas gracias a los últimos ajustes.
Dos hombres de complexión delgada ataviados con batas blancas estaban de pie frente a pantallas llenas de números y letras en apariencia inconexas, apuntando en papel los resultados que estas mostraban.
—Por supuesto que resiste, mis cálculos siempre son correctos. —sonó una voz profunda y masculina tras ellos, sentado en un sillón cruzado de brazos con una mujer vestida de dorado apoyada en el reposabrazos de este— Y llámame Doctor.
—Disculpe, Doctor. —contestó el mismo hombre.
El doctor levantó una mano y se quitó las gafas, limpiándolas con un pañuelo de seda que sacó de su bolsillo.
—Eva, ve y comprueba que todo esté en orden. Después de todo lo que hemos trabajado para que esto funcione, no quiero dejar ningún detalle al azar, ya sabes lo poco que me gusta eso.
La mujer junto a él se levantó, asintiendo con los ojos cerrados.
—Por supuesto, Doctor. —dijo agachándose para darle un beso en la mejilla— Y no se preocupe, demostraremos a esos ineptos de la Asociación que cometieron un error con usted.
El hombre arqueó hacia arriba las comisuras de los labios, con la mirada fija al frente, mientras la mujer abandonaba la sala por un lateral.
Tras el abrupto y accidentado despertar de los indefensos civiles y el golpe de realidad que les supuso averiguar que, no solo habían sido secuestrados y heridos, sino que las posibilidades de escapar eran prácticamente nulas, muchos quedaron a la espera de que alguien diese un paso al frente y una orden que seguir, como corderitos a la espera de su pastor. Y no tardaron mucho en recibirla, pues uno de vosotros decidió alzar la voz por encima de las demás y guio a aquellos pobres con sus palabras, dándoles algo rápido y tangible que poder hacer. Alguno de ellos se cuestionó dichas órdenes, pero muchos de ellos comenzaron a seguirlas ipso facto y estos los siguieron, desconfiando de ser capaces de pensar en algo mejor que hacer dada la situación.
Tú, Shoto, te diriges sin más hacia la cortina tras la que Erika vio por última vez al doctor, y la atraviesas sin más para llegar a la habitación que había a continuación. Nada más entrar, al posicionarte dos metros por delante de la puerta, ante ti hay una sala circular de 10 metros de extremo a extremo, los lados cubiertos de estanterías refrigeradas llenas de distintas bebidas y alimentos. En su centro, una mesa con botellas descorchadas y vacías, con copas y cubertería apilada, y al fondo, frente a ti, una puerta cerrada. No hace falta decir que, nuevamente, todo es de metal. Sin poder reaccionar, notas como alguien te coge desde detrás, proveniente de un lateral de la puerta por la que acabas de acceder, llevándote los brazos a las espalda y sujetándolos con ambas manos por tus muñecas, con una fuerza que te imposibilita escapar de su agarre.
—¿Eres tú el que ha liberado a la gente? —pregunta una voz femenina que recuerdas haber escuchado con anterioridad— Puaj, y menuda peste echas entre colonia y vómito.
Erika, tú entras justo para ver como, la mujer que os había acompañado hasta vuestro balcón privado, sostiene con fuerza a Shoto, justo delante de ti y de espaldas. Lo demás que ves es lo mismo que he descrito de la sala.
Aclaraciones

![[Imagen: fbb1039ecf681541aae9c359e077d491.png]](https://i.gyazo.com/fbb1039ecf681541aae9c359e077d491.png)