13-03-2024, 01:14 AM
Zorak no solo esquivó ese veloz golpe impecablemente, aprovechó el acercamiento de su rival para propinarle su fiel combo de dos puñetazos y un rodillazo, el cual dejó a Ridel semi encorvado y escupiendo sangre por la boca. El encapuchado jamás se había encontrado tan al límite, esa situación era nueva para él. Debía apostarlo todo a una carta, la última que le quedaba, si iba a morir de todas formas, al menos que fuera con la cabeza bien alta. Dio un salto a ras de suelo hacia atrás, situándose pasada la puerta, aún dentro del salón y a unos cinco metros del pelirrojo. Le costaba tal esfuerzo ver con claridad que cerró sus ojos unos segundos, agudizando su oído por si acaso. Meditó durante ese breve instante y volvió a abrirlos, seguía sin poder ver por su ojo izquierdo, aquello lo incomodaba bastante. Por su mente pasó todo lo bueno que había vivido en su tortuosa vida, también todo lo malo, lo cual ocupaba bastante más espacio en su cerebro. Ese instante en el que se había podido relajar, le sirvió como trampolín para comenzar a concentrarse en su siguiente movimiento, uno que llevaba tiempo perfeccionando pero que nunca le había hecho falta usar en un combate, pero este ya se había convertido en uno a vida o muerte. Se quedó en silencio, semi flexionando las rodillas, alineando los pies con sus hombros y colocando sus puños cerrados en posición de defensa.
No quería seguir provocando al muchacho, sabía como, pero no le interesaba, necesitaba guardar la distancia. Necesitaba unos instantes para prepararse y estaba seguro de que el mestizo no le daría tregua, aún así no le quedaba otra opción. La puerta estaba a un par de metros delante, en la pared de su izquierda. Por un momento se le ocurrió salir de allí sin mirar atrás, pero no era un movimiento digno de él. Decidido, daría su vida antes de huir como un cobarde, su orgullo nunca se lo habría permitido y mucho menos perdonado. Esperando que su rival aprovechara esa pausa para recuperar el aliento, siguió aunando fuerzas para su mortífero movimiento. Tenía más ganas de terminar esa pelea por llamar a Melisa y comprobar que Jerry estaba bien, que por preservar su integridad física, la cual ya estaba muy maltrecha. Solo unos segundos más y las tornas cambiarían a su favor. La paciencia era una de las virtudes de Ridel, pero ahora, la viabilidad de su estrategia no dependía solo de él, en cualquier momento Zorak pasaría a la acción pudiendo tirar por la borda no solo su plan, sino todo lo que había logrado en su vida. No podía hacer nada más, solo esperar a que la suerte le sonriera por lo menos esa vez en lo que iba de combate.
No quería seguir provocando al muchacho, sabía como, pero no le interesaba, necesitaba guardar la distancia. Necesitaba unos instantes para prepararse y estaba seguro de que el mestizo no le daría tregua, aún así no le quedaba otra opción. La puerta estaba a un par de metros delante, en la pared de su izquierda. Por un momento se le ocurrió salir de allí sin mirar atrás, pero no era un movimiento digno de él. Decidido, daría su vida antes de huir como un cobarde, su orgullo nunca se lo habría permitido y mucho menos perdonado. Esperando que su rival aprovechara esa pausa para recuperar el aliento, siguió aunando fuerzas para su mortífero movimiento. Tenía más ganas de terminar esa pelea por llamar a Melisa y comprobar que Jerry estaba bien, que por preservar su integridad física, la cual ya estaba muy maltrecha. Solo unos segundos más y las tornas cambiarían a su favor. La paciencia era una de las virtudes de Ridel, pero ahora, la viabilidad de su estrategia no dependía solo de él, en cualquier momento Zorak pasaría a la acción pudiendo tirar por la borda no solo su plan, sino todo lo que había logrado en su vida. No podía hacer nada más, solo esperar a que la suerte le sonriera por lo menos esa vez en lo que iba de combate.
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