23-08-2023, 01:27 PM
Mi querido compañero de isla comenzaba a irritarme. No parecía importarle todos mis intentos de acercamiento a fin de evitar el conflicto, no era necesaria ser tan austero y agresivo. Lo que realmente parecía es que lo único que le importaba era echarme de esa isla, aunque fuese a la fuerza.
- ¿A qué se debe tanta insistencia? – Me pregunté en mis pensamientos. - ¿Había algo en esta isla que solo quería para él o era una persona buscada?
Hasta este momento había sido muy paciente, incluso cuando parecía que desenvainaría la espada no me alteré. Continué manteniendo mi tono de voz a pesar de todas sus muestras de desprecio, sin cesar en mis intentos de mantener la paz. Pero él había despreciado mi regalo, aquella botella contenía únicamente ron, no obstante el gesto era de confraternización. No sólo había rechazado la bebida, eso era lo de menos, sino que lo había despreciado dejando caer la botella al suelo, rompiéndose esta en mil pedazos. En ningún momento cesó de despreciar todas mis palabras, y con ello, solo mostraba desprecio hacia mis acciones. Se había propasado demasiado e incluso comenzaba a dañar mi orgullo y honor.
Mi paciencia era mucha, no obstante, estaba llegando a mi límite. Aun así aguardé a que terminase de hablar antes de actuar, quería entender un poco más acerca de esta persona antes de responder a sus acciones.
- Tu lo has dicho, no nos conocemos. ¿Por qué entonces debería fiarme de tus palabras? – Me preguntó al mismo tiempo que desenvainó su espada colocándose en posición defensiva. Estaba sosteniéndola con ambas manos, y su rostro indicaba estar listo para combatir a muerte.- Solo buscas pelea, lo has confirmado. No me cogerás desprevenido.
Poco a poco esa mirada decisiva se tornó en una cargada de enfado y odio. Esto no era normal, no le había causado ningún mal para que me tuviese ese rencor, es el odio propio de quien desea vengarse, nublado por la ira. Un grave error a la hora de combatir, hay que mantener la mente fría y clara.
- Je... No soy ningún guardián, pero si quieres mi cabeza de trofeo, que sepas que no lo tendrás nada fácil.
Suspiré al tiempo que me reincorporaba, negando levemente con la cabeza a modo de reproche hacia su actitud. Volví mi mirada hacia él, sonriente, pero esta vez cargaba una mirada desafiante.
- Deberías saber que desenvainar la espada no es un acto simple. Al hacerlo, estás apostando tu vida. ¿Es eso lo que quieres realmente? Esto no es un juego de niños. – Le dije al mismo tiempo que desenvainaba yo mi propia espada.
Al igual que él tomé posición defensiva, amaba el combate y una oportunidad de llevarlo a cabo no la iba a echarla a perder. Sin embargo, me estaba conteniendo pues esta no era una pelea que debiese echarse. Al menos no a muerte.
- Has despreciado mi regalo, despreciando mi buen gesto de cordialidad a coste de, no solo manchar mi honor y orgullo, sino de esparcir el cristal por el suelo. Todo un riesgo para los animales, que no conocen ni el cristal, ni sus peligros. – Continué sin darle tiempo casi a responderme todavía. – Es evidente entonces que no eres un guardián, tal y como me acabas de confirmar. A mi modo de ver eres una persona agresiva, que no le importa dañar el lugar o a los animales. Además, ansía por todos los medios estar sólo aquí, llegando a matar si fuese necesario. ¿Acaso tienes algo que ocultar aquí? ¿O eres alguien buscado? – Le pregunté para sacar algo más de información al respecto.
- Si de verdad quieres esto, adelante, aquí te espero. – Le espeté desafiante sin quitar la vista de él ni un solo segundo. – La decisión es tuya, no mía. Elige tu propio destino.
- ¿A qué se debe tanta insistencia? – Me pregunté en mis pensamientos. - ¿Había algo en esta isla que solo quería para él o era una persona buscada?
Hasta este momento había sido muy paciente, incluso cuando parecía que desenvainaría la espada no me alteré. Continué manteniendo mi tono de voz a pesar de todas sus muestras de desprecio, sin cesar en mis intentos de mantener la paz. Pero él había despreciado mi regalo, aquella botella contenía únicamente ron, no obstante el gesto era de confraternización. No sólo había rechazado la bebida, eso era lo de menos, sino que lo había despreciado dejando caer la botella al suelo, rompiéndose esta en mil pedazos. En ningún momento cesó de despreciar todas mis palabras, y con ello, solo mostraba desprecio hacia mis acciones. Se había propasado demasiado e incluso comenzaba a dañar mi orgullo y honor.
Mi paciencia era mucha, no obstante, estaba llegando a mi límite. Aun así aguardé a que terminase de hablar antes de actuar, quería entender un poco más acerca de esta persona antes de responder a sus acciones.
- Tu lo has dicho, no nos conocemos. ¿Por qué entonces debería fiarme de tus palabras? – Me preguntó al mismo tiempo que desenvainó su espada colocándose en posición defensiva. Estaba sosteniéndola con ambas manos, y su rostro indicaba estar listo para combatir a muerte.- Solo buscas pelea, lo has confirmado. No me cogerás desprevenido.
Poco a poco esa mirada decisiva se tornó en una cargada de enfado y odio. Esto no era normal, no le había causado ningún mal para que me tuviese ese rencor, es el odio propio de quien desea vengarse, nublado por la ira. Un grave error a la hora de combatir, hay que mantener la mente fría y clara.
- Je... No soy ningún guardián, pero si quieres mi cabeza de trofeo, que sepas que no lo tendrás nada fácil.
Suspiré al tiempo que me reincorporaba, negando levemente con la cabeza a modo de reproche hacia su actitud. Volví mi mirada hacia él, sonriente, pero esta vez cargaba una mirada desafiante.
- Deberías saber que desenvainar la espada no es un acto simple. Al hacerlo, estás apostando tu vida. ¿Es eso lo que quieres realmente? Esto no es un juego de niños. – Le dije al mismo tiempo que desenvainaba yo mi propia espada.
Al igual que él tomé posición defensiva, amaba el combate y una oportunidad de llevarlo a cabo no la iba a echarla a perder. Sin embargo, me estaba conteniendo pues esta no era una pelea que debiese echarse. Al menos no a muerte.
- Has despreciado mi regalo, despreciando mi buen gesto de cordialidad a coste de, no solo manchar mi honor y orgullo, sino de esparcir el cristal por el suelo. Todo un riesgo para los animales, que no conocen ni el cristal, ni sus peligros. – Continué sin darle tiempo casi a responderme todavía. – Es evidente entonces que no eres un guardián, tal y como me acabas de confirmar. A mi modo de ver eres una persona agresiva, que no le importa dañar el lugar o a los animales. Además, ansía por todos los medios estar sólo aquí, llegando a matar si fuese necesario. ¿Acaso tienes algo que ocultar aquí? ¿O eres alguien buscado? – Le pregunté para sacar algo más de información al respecto.
- Si de verdad quieres esto, adelante, aquí te espero. – Le espeté desafiante sin quitar la vista de él ni un solo segundo. – La decisión es tuya, no mía. Elige tu propio destino.
