19-03-2024, 07:30 AM
Estoy expectante a las reacciones de aquellos que me dan la bienvenida. Apenas estoy nervioso, al contrario, pero no deja de ser un ejército entero contra un yo desgastado y machacado. Realmente necesito a esta gente. Supongo que por eso mismo he decidido tomar las cosas con calma y por una vía pacífica. Al menos por el momento.
Ellos parecen impasibles ante mis declaraciones. Como mucho puedo ver cómo se relajan cuando menciono que no sé qué es un "Mord". No obstante, esperan la respuesta de su líder. Parecen tenerle mucho respeto y confianza al individuo que se aventuró a dirigirme la palabra. -Bueno dime, ¿Aún te parezco una amenaza?- declaro con los brazos en jarra y ladeando la cabeza. El supuesto cabecilla me analiza con detenimiento y, tras unos segundos, decide darme una respuesta. Acepta mis peticiones, pero sigue sin gustarle mi presencia. Yo sonrío complacido y, mientras avanzo hacia él para ser llevado dentro de la ciudad, suelto unas palabras para terminar de estrechar lazos. -Has apostado por la persona correcta, amigo. No te arrepentirás.- me pongo a su lado y le sigo el paso. Si hubiera nacido con su altura, me hubiera atrevido a cruzar mi brazo por su hombro, pero con la diferencia de tamaños, me limito a frotarme las manos y a reír- Sabes, de dónde vengo, me conocen como el más pacífico y confiable del lugar. No tienes de qué preocuparte, SHIHahaHAHaH...-
Me adentro en el poblado escoltado por una décima parte del ejército, ya disperso. No me separo del "jefe", que también me acompaña. Es poco hablador. Tanto, que todavía no sé si nombre. Pero estoy más interesado en mi alrededor que en el individuo. Dentro de la aldea, mis sospechas son confirmadas. Calles gastadas y sin pavimentar, cabañas levantadas con palos y telas, gentes con vestiduras sencillas y artesanales... Todo parece indicar que estoy junto a una tribu de recursos escasos. No parece haber nada de valor a simple vista, y el contraste con la ciudad de oro es inmenso. Parecen mundos diferentes.
Las gentes ya no son novedad. Bueno, miento. Ahora que estoy más cerca de ellos y se dejan ver más, puedo ver más características y variedad entre ellos. Muchos llevan tatuajes tribales con significados que no logro descifrar. En su mayoría son todos de pelo oscuro, aunque algún rubito se deja caer. Y sin duda, algo que llama la atención, es que todos van rasurados y sin bello facial. Curioso... Mientras me cruzo con ellos, aunque nadie se atreve a decirme nada, yo voy saludando, como si fuera una estrella famosa -Hola, buenas.- saludo a un grupito que me mira. -Hey, ¿que tal, cómo va todo?- pregunto a otros curiosos. - Hola guapa, que bien te ves...- piropeo a una mujer curiosa de buen ver. -Nahh, es que soy todo un ligón, ¿verdad?- me codeo con un guardia, que me mira sin expresión y se retira sin responder. -Venga adiós... amargado...-
Vamos cruzando y los escoltas van siendo cada vez menos. Ya inmerso en mis pensamientos, empiezo a valorar lo que sucede. -Esta gente parece bastante pobre. Capaz se hayan estancado como civilización y se dediquen a recolectar y pescar y poco más... Con suerte, me puedo reabastecer aquí y recuperarme. Y creo que con un poco de trabajo, puedo convencer a estos indígenas para que me sirvan y obedezcan...- Todo esto es interrumpido por un aviso de llegada. Soy ordenado a entrar en una cabaña.
Entro en la choza antes que mi anfitrión. La luz dentro de la cabaña es tenue. Solo un conjunto de velas repartidas iluminan la estancia. A simple vista detecto una mesa llena de potingues y brebajes. Captan mi atención con sumo interés. -Parece que tenemos curandero- barrunto mientras me acaricio el mentón y con la otra mano, de forma inconsciente, palpo mi bolsa con mi inventario. Un montón de paja parece hacer de camilla médica. Ya es difícil, pero parecen tan incómodas que me hacen recordar con cariño las del reformatorio. Pero entonces la veo...
Una mujer de mi estatura aparece de detrás de un biombo. Su piel, su pelo, su olor... TODOS mis sentidos se activan y quedan atrapados en su silueta y en su poderosa mirada celeste. Parece sorprendida por nuestra llegada, pero es interrumpida por el líder, que le ordena que me atienda. Mientras esto se da, yo estoy paralizado y solo me limito a mirarla como si un ángel de amor y lujuria hubiera sido invocado frente a mi. -Gracias, señor...- me limito a balbucear.
La propia curandera toma la iniciativa. Se acerca a mí y me revisa la heridas de forma superficial. -Ey, cuidado- replico con una sonrisa pícara. Ella sigue el mandato y me agarra del brazo. Me pide que me tumbe en una de esas camillas mientras prepara la medicina y comenta que me la va a aplicar. -Joder sí. Voy, SHIHahaHAHaH- me tumbo sin cuidado sobre el montón de paja, boca arriba, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos apoyados tras la nuca, marcando músculo y con una pose sugerente. Obviando si el líder ha abandonado la estancia o no, yo no le quito ojo a la mujer. Mientras prepara el ungüento, no le quito el ojo de encima y me quedo valorando sus atributos. Son una delicia. -Oye, ya que tenemos un rato, podríamos conocernos mejor, ¿no te parece? Soy Zarek, por cierto. ¿Como te llamas tú, preciosidad?- intento flirtear con ella. -Horus ha premiado mi fé una vez más. He encontrado una preciosa mujer que me va a masajear todo el cuerpo. Con suerte, no tendré que usar mucho la persuasión, SHIHahaHAHaH. Ahora bien, es mi momento de sacar toda la información posible de este lugar. Quizá una conversación y un intercambio de preguntas sea lo mejor por ahora... Además, parece experta en curas naturales y conocedora de las propiedades beneficiosas de la flora local... ¿Estamos hablando de una posible Nakama? A saber... Vayamos poco a poco, a ver cómo reacciona a mis encantos.-
Ellos parecen impasibles ante mis declaraciones. Como mucho puedo ver cómo se relajan cuando menciono que no sé qué es un "Mord". No obstante, esperan la respuesta de su líder. Parecen tenerle mucho respeto y confianza al individuo que se aventuró a dirigirme la palabra. -Bueno dime, ¿Aún te parezco una amenaza?- declaro con los brazos en jarra y ladeando la cabeza. El supuesto cabecilla me analiza con detenimiento y, tras unos segundos, decide darme una respuesta. Acepta mis peticiones, pero sigue sin gustarle mi presencia. Yo sonrío complacido y, mientras avanzo hacia él para ser llevado dentro de la ciudad, suelto unas palabras para terminar de estrechar lazos. -Has apostado por la persona correcta, amigo. No te arrepentirás.- me pongo a su lado y le sigo el paso. Si hubiera nacido con su altura, me hubiera atrevido a cruzar mi brazo por su hombro, pero con la diferencia de tamaños, me limito a frotarme las manos y a reír- Sabes, de dónde vengo, me conocen como el más pacífico y confiable del lugar. No tienes de qué preocuparte, SHIHahaHAHaH...-
Me adentro en el poblado escoltado por una décima parte del ejército, ya disperso. No me separo del "jefe", que también me acompaña. Es poco hablador. Tanto, que todavía no sé si nombre. Pero estoy más interesado en mi alrededor que en el individuo. Dentro de la aldea, mis sospechas son confirmadas. Calles gastadas y sin pavimentar, cabañas levantadas con palos y telas, gentes con vestiduras sencillas y artesanales... Todo parece indicar que estoy junto a una tribu de recursos escasos. No parece haber nada de valor a simple vista, y el contraste con la ciudad de oro es inmenso. Parecen mundos diferentes.
Las gentes ya no son novedad. Bueno, miento. Ahora que estoy más cerca de ellos y se dejan ver más, puedo ver más características y variedad entre ellos. Muchos llevan tatuajes tribales con significados que no logro descifrar. En su mayoría son todos de pelo oscuro, aunque algún rubito se deja caer. Y sin duda, algo que llama la atención, es que todos van rasurados y sin bello facial. Curioso... Mientras me cruzo con ellos, aunque nadie se atreve a decirme nada, yo voy saludando, como si fuera una estrella famosa -Hola, buenas.- saludo a un grupito que me mira. -Hey, ¿que tal, cómo va todo?- pregunto a otros curiosos. - Hola guapa, que bien te ves...- piropeo a una mujer curiosa de buen ver. -Nahh, es que soy todo un ligón, ¿verdad?- me codeo con un guardia, que me mira sin expresión y se retira sin responder. -Venga adiós... amargado...-
Vamos cruzando y los escoltas van siendo cada vez menos. Ya inmerso en mis pensamientos, empiezo a valorar lo que sucede. -Esta gente parece bastante pobre. Capaz se hayan estancado como civilización y se dediquen a recolectar y pescar y poco más... Con suerte, me puedo reabastecer aquí y recuperarme. Y creo que con un poco de trabajo, puedo convencer a estos indígenas para que me sirvan y obedezcan...- Todo esto es interrumpido por un aviso de llegada. Soy ordenado a entrar en una cabaña.
Entro en la choza antes que mi anfitrión. La luz dentro de la cabaña es tenue. Solo un conjunto de velas repartidas iluminan la estancia. A simple vista detecto una mesa llena de potingues y brebajes. Captan mi atención con sumo interés. -Parece que tenemos curandero- barrunto mientras me acaricio el mentón y con la otra mano, de forma inconsciente, palpo mi bolsa con mi inventario. Un montón de paja parece hacer de camilla médica. Ya es difícil, pero parecen tan incómodas que me hacen recordar con cariño las del reformatorio. Pero entonces la veo...
Una mujer de mi estatura aparece de detrás de un biombo. Su piel, su pelo, su olor... TODOS mis sentidos se activan y quedan atrapados en su silueta y en su poderosa mirada celeste. Parece sorprendida por nuestra llegada, pero es interrumpida por el líder, que le ordena que me atienda. Mientras esto se da, yo estoy paralizado y solo me limito a mirarla como si un ángel de amor y lujuria hubiera sido invocado frente a mi. -Gracias, señor...- me limito a balbucear.
La propia curandera toma la iniciativa. Se acerca a mí y me revisa la heridas de forma superficial. -Ey, cuidado- replico con una sonrisa pícara. Ella sigue el mandato y me agarra del brazo. Me pide que me tumbe en una de esas camillas mientras prepara la medicina y comenta que me la va a aplicar. -Joder sí. Voy, SHIHahaHAHaH- me tumbo sin cuidado sobre el montón de paja, boca arriba, con las piernas ligeramente abiertas y los brazos apoyados tras la nuca, marcando músculo y con una pose sugerente. Obviando si el líder ha abandonado la estancia o no, yo no le quito ojo a la mujer. Mientras prepara el ungüento, no le quito el ojo de encima y me quedo valorando sus atributos. Son una delicia. -Oye, ya que tenemos un rato, podríamos conocernos mejor, ¿no te parece? Soy Zarek, por cierto. ¿Como te llamas tú, preciosidad?- intento flirtear con ella. -Horus ha premiado mi fé una vez más. He encontrado una preciosa mujer que me va a masajear todo el cuerpo. Con suerte, no tendré que usar mucho la persuasión, SHIHahaHAHaH. Ahora bien, es mi momento de sacar toda la información posible de este lugar. Quizá una conversación y un intercambio de preguntas sea lo mejor por ahora... Además, parece experta en curas naturales y conocedora de las propiedades beneficiosas de la flora local... ¿Estamos hablando de una posible Nakama? A saber... Vayamos poco a poco, a ver cómo reacciona a mis encantos.-
Aclaraciones
