20-03-2024, 02:22 PM
—¿Por qué te iba a mentir? —respondí tras meterme otro trozo de lasagna a la boca; no quería que se terminase jamás—. Si te miento sobre mi plato favorito, al final salgo perdiendo yo, ¿no?
Valoré la opción de comer lasagna de espinacas todos los días, pero, para mi desgracia, Eaa tenía razón. Quizá tenerla cada día encima de la mesa le quitaba ese toque especial, y más tras tantísimo tiempo sin probarla. Asentí con la cabeza, pues estaba masticando y era incompatible hablar con que se me entendiese algo.
Por parte de Peteiro, parecía que se había hartado de comer y, tras anunciarlo, fue a hacer no sé qué a otra parte del barco.
Entonces, Eaa volvió a sacar a relucir mis ojos por algún motivo. En esa ocasión ni me molestó lo del oso: estaba demasiado feliz deleitándome con semejante delicia. Y opinó lo mismo con respecto a sus trenzas: guardárselas para momentos importantes. ¿Había incluido mi cumpleaños en uno de esos momentos? Quise sonreír, pero me salió una mueca extraña de carillos inflados.
Al menos, ya se me estaba quitando el hambre, lo cual me daba más espacio para sentir la sed. No una sed real, de esas que solo el agua puede calmar. Sed de cerveza, de alcohol, de lo que se bebe en momentos festivos. De lo que estaba (otra vez) llena la jarra cerca de la mano derecha. Tragué la comida y, a continuación, bebí por enésima vez.
Entonces, Eaa volvió a sacar a relucir mis ojos por algún motivo. En esa ocasión ni me molestó lo del oso: estaba demasiado feliz deleitándome con semejante delicia. Y opinó lo mismo con respecto a sus trenzas: guardárselas para momentos importantes. ¿Había incluido mi cumpleaños en uno de esos momentos? Quise sonreír, pero me salió una mueca extraña de carillos inflados.
Al menos, ya se me estaba quitando el hambre, lo cual me daba más espacio para sentir la sed. No una sed real, de esas que solo el agua puede calmar. Sed de cerveza, de alcohol, de lo que se bebe en momentos festivos. De lo que estaba (otra vez) llena la jarra cerca de la mano derecha. Tragué la comida y, a continuación, bebí por enésima vez.
Eaa pronunció mi nombre antes de preguntarme sobre el tatuaje de mi espalda. Cierto. El vestido que llevaba lo dejaba a la vista, aunque la mayoría de las veces se me olvidaba que lo tenía. De inmediato, en mi mente apareció el recuerdo del dolor que sentí mientras me lo hacían. Fue muy intenso, es una zona sensible. Pero los tatuajes marcan y, sin el dolor que les corresponden, pierden un poco de su sentido. Desde entonces, recorriendo mi columna vertebral se podían ver las diferentes fases de la luna siguiendo una línea vertical.
¿Estaba preparada para aquella conversación?
Hablar sobre mí se me daba entre mal y peor. Pero aquella era una noche especial, ¿no?
Decidida, bebí de golpe todo el contenido que quedaba en mi jarra.
De hecho, nunca le había contado esto a nadie. Tal vez me arrepintiese al día siguiente, como de otras tantas cosas que quedaban por llegar.
—Significa ciclo, transformación. El paso de la vida a la muerte y el renacer de la vida otra vez. Luz, oscuridad.
Me giré despacio y le di la espalda, apartándome el largo cabello hacia delante para dejar al descubierto el blanco lienzo donde descansaban los tatuajes.
Cuando regresé a mi posición, le quité la copa de vino a Eaa y también me la bebí. Estaba comiendo bastante, así que dudaba que la hostia del alcohol fuese a ser inmisericorde. Podría con ella. Proseguí:
—Todos los tatuajes cuentan una historia, supongo. ¿Tienes tú alguno? Nunca te he visto sin ropa, tal vez los lleves en lugares ocultos. —Pinché gulas—. De todas formas, harías bien en beber más tú también. Si vamos a hablar de cosas personales, ayuda. Y no, no te vas a escapar. Primero, porque el barco tiene límites y estamos rodeados de mar, y segundo, has empezado tú. —Le serví más vino en la copa que le había arrebatado—. Venga, dale, que te voy a proponer un juego.
Sonreí con malicia.
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