21-03-2024, 02:25 PM
Leyenda
- No, gracias a ti por ser así. - respondí sinceramente a su agradecimiento. En efecto, me acababa de quitar un enorme peso de encima. - En verdad necesitaba poder tener a alguien a quién decírselo o si no me iba a terminar comiendo por dentro, supongo - no era yo una experta en la materia, ni mucho menos, pero me acababa de dar cuenta de que necesitaba alguien a quién poder comentarle aquello y que no me juzgara. Por suerte o por destino, parecía que lo había encontrado.
Tras el brindis comenzó con la explicación del juego. Era realmente simple, pero parecía interesante. En cierto modo me daba un poco de miedo lo que la albina pudiera decir. Bueno, más que miedo me daba vergüenza pensar hablar sobre según qué temas, pero la curiosidad y la opción de poder conocer mejor a la mujer que tenía delante, mi única y mejor amiga, en quién sabía que podía confiar plenamente, eclipsaban cualquier tipo de vergüenza que pudiera haber. Eso, y la cantidad de alcohol ya ingerida. Como era de esperar, comenzó ella. - Detenida por guardias o marines - repetí en mi cabeza, mientras miraba a la mujer beber. - Esperable - dije en voz baja. No porque deseara que así fuera, si no que conociendo parte de su historial delictivo, no me extrañaba que hubieran detenido en alguna ocasión. Sonreí, pues me imaginé a Maeve escapando del calabozo tras engañar a un marine y darle una patada en los huevos, y la escena era bastante cómica. Cómica y desde mi punto de vista realista. Entonces me miró. Obviamente esperando mi respuesta. Para sorpresa de nadie, noté como mis mejillas se sonrojaban a causa del contacto visual. Bajé la mirada a su pecho inconscientemente. - ¿Qué pasa? - pregunté, nerviosa. - No me han detenido nunca. Normalmente intento evitar meterme en líos. - hablaba algo rápido con tal de salir del paso. Cogí la copa de vino y me la acerqué a los labios. - No es de que me hayan detenido, solo que tengo sed. - hablé, esperando algún comentario por su parte al verme beber. - Yo nunca me he comido a nadie - solté, y miré nuevamente a la mujer. Por alguna razón esperaba que bebiera. Era extraño, además de bastante tétrico, pero puesto que esta se podía transformar en un buitre, no sonaba del todo descabellado. - No aprendes, chica - volvió a aparecer mi crítica voz interior a recriminarme. No le faltaba razón, pues volví a cruzar miradas con la otra mujer y esto me hizo ponerme aún más roja. Esta vez agaché más todavía la cabeza. Vi el precioso colgante de panda colgado de mi cuello, entre mis desnudos pechos. Me quedé un rato mirando, pues había algo que no me encajaba del todo. No tardé demasiado en darme cuenta de que el problema radicaba en mi ausencia de ropa. - Ay, perdón, perdón. Que con una cosa y otra no me he dado cuenta de que no me he vuelto a poner la camisa e igual te molesta - Me disculpé, algo nerviosa. No porque a mí me diera vergüenza aquello, si no porque posiblemente a Maeve pudiera incomodarle. - Es que no suelo quitarme la camisa por lo general. No voy a darle ese lujo a babosos de mierda. - expliqué mientras palpaba el suelo con mi mano derecha, buscando la camisa a mis pies. - Pero contigo se que no hay problema. ¿Qué me vas a hacer, dar latigazos? - hablé con cierta picardía en el tono. Me acordé del pequeño malentendido en el bosque, el día que desayunamos en el Dream Coffee. Cuando conseguí la receta de la tarta Red Velvet que íbamos a degustar para el postre. - Nah, tienes demasiado miedo - bromeé y me eché a reir. Era una tontería, pero me hacía mucha gracia molestar a Maeve de esa forma pues, a causa del alcohol, le costaba más disimular su incomodidad. - Me voy a cagar luego - pensé, sabiendo que mis acciones iban a provocar una venganza por parte de esta. Conseguí encontrar la camisa y la cogí. - Ya me la pongo, tranquila, tampoco voy a estar aquí medio desnuda mientras tú estás tan deslumbrante, que cualquiera que nos vea se va a inventar cualquier cosa.
Resumen
