25-03-2024, 11:37 AM
—Si quieres conseguir algo, ir de frente suele dar mejores resultados que dar rodeos. Pero no, no cuela, ya te dije que mi látigo solo golpea para herir.
Sabía que Eaa estaba bromeando, se notaba en su rostro. Y ya lo hablamos en su día en Toroa. Si había alguna clase de verdad escondida en sus palabras, yo no la percibía como tal.
—¡Qué va! —respondí a su comentario autocrítico—. Solo tengo que encontrar las preguntas adecuadas. A veces parece fácil, pero no lo es.
Reí cuando se excusó en el momento en el que iba a beber. El alcohol mejoraba mi humor y lo cierto era que su compañía ayudaba. Y, por supuesto, estar viviendo aquella noche tan esperada.
Entonces, comenzó a hablar sobre su propia sexualidad. Me sorprendió que no hubiese probado el sexo, pero teniendo en cuenta su pasado, lo poco que sabía sobre ello... no era necesario ser un genio para intuir que la esclavitud había contenido abusos. Por supuesto, esperar lo contrario era depositar fe en lo imposible. No es que hubiese dado detalles, claro, pero la frase "no lo he hecho nunca con nadie que quisiera" era demasiado reveladora. Tan solo hice los cálculos. "Bastante he tenido ya" era otra evidencia.
Mis ganas de rajar gargantas regresaron. Bebí de nuevo, importándome una mierda si se consideraba parte del juego. Si no lo hacía, mi rabia afloraría como fuego sobre pólvora. No podía permitirlo. Recuerdos de aquellas habitaciones iluminadas por velas se propusieron inundar mi mente —porque, por supuesto, no solo querían poseerme, sino también verlo—, pero el torrente de cerveza acudió en mi rescate. Cuando el líquido se agotó, alcancé la botella de vino y me rellené la jarra.
Hijos de puta.
—Espero que encuentres a tu alguien especial. —Volví a beber, pero los recuerdos fueron otros—. No sé hasta qué punto te afecta el huevo, pero a esa persona no le importará. Y si le importa, es que no te merece.
¿Quién era esa que hablaba y que había hecho con Maeve? Supongo que hablé desde los pedazos remendados de mi corazón de mármol. Me encogí de hombros.
Por suerte, volvió a regañarme por mirarla de algún modo que no entendí y no pude evitar volver a reír, sobre todo cuando amenazó con morderme. Y la siguiente pregunta de Eaa fue relacionada con eso. No sé qué me sorprendió más, si esta o la propia respuesta.
—¿Así que quieres morderme? —Lo confieso: mi sonrisa se transformó de divertida a pícara. Un reconocimiento tal por la pelirroja bien merecía esa actitud—. Bueno, no serías la primera persona que quiere comerme, aunque para aquellos otros fuese algo más... literal. —Por supuesto que, en aquella incursión con Kisuke, aquellos desgraciados me hubiesen comido de haberles dado la oportunidad—. Puedes intentar arrancarme la mano de un mordisco, para eso tendrías que atraparme primero —dije, divertida. Volvió a aludir a mis ojos.
Yo no bebí en esta ocasión, pero añadí:
—Creo que las pocas respuestas que he dado hasta ahora me alejan de lo que se considera "normal" en alguien.
En realidad, nunca me importó.
Era mi turno. Solo se me ocurrían cosas que ya sabía que había hecho, lo cual no tenía gracia alguna. Debía intentar buscar algo que me ayudase a saber más de ella, independientemente de si yo bebía o no. De inmediato, una pregunta acudió a mi mente, pero no quería tener que beber por eso, así que la deseché. En su lugar, escogí:
—Yo nunca he estado a punto de morir.
Me llevé la jarra de vino a los labios. Quizá más veces de las que puedo contar, teniendo en cuenta que la frase abarca desde el "la situación me podía haber matado" hasta "las heridas me podían haber matado". Gajes del oficio, supongo.
El alcohol había comenzado a proporcionarme una agradable sensación.
INFORMACIÓN
