25-03-2024, 03:43 PM
Bebió ante mi pregunta. Cero sorpresas, por otra parte. ¿Realmente esperaba otra cosa con lo poco que sabía sobre su origen y según su estilo de vida? Un estilo de vida que, por cierto, ahora compartíamos.
Entonces, ella recordó la tarta. ¡La tarta! ¿Cómo era posible que se nos hubiese olvidado? Además del chocolate, me perdían muchos tipos de dulce, así que no haberlo recordado era como, no sé, un sacrilegio hacia la repostería por mi parte. De hecho, desde que lo dijo, y aunque estaba bastante llena por todo lo que ya habíamos comido, mi estómago protestó, exigiendo su tributo. Eaa prohibió beber más hasta que no la hubiésemos catado y cumplí esa orden con mucho gusto. Bien merecía la pena esperar por algo así.
Se levantó y se marchó en dirección a la bodega. En su ausencia, me di la vuelta y me dirigí a la hermosa barandilla tallada en madera oscura. El mar nos había regalado su tranquilidad aquella noche, de forma que podíamos disfrutar sin estar muy pendientes del rumbo y del timón, pues tampoco es que estuviésemos avanzando demasiado. Clavé mis pupilas en las oscuras aguas salpicadas de estrellas, gemelas de las que aguardaban sobre nuestras cabezas. Miré hacia arriba. Creo que jamás me podría acostumbrar a aquella obra de arte que pintaba el cielo nocturno: un mapa brillante que, siempre que se viese, jugaba a favor de navegantes, aventureros y almas perdidas. Yo pertenecía a aquel grupo, fiel a los caminos rutilantes que me servían de guía. Una visión como aquella, que erizaba la piel de mis brazos y no por el frío, bastaba para recordar a cualquiera su volátil paso por el mundo.
Entonces, ella recordó la tarta. ¡La tarta! ¿Cómo era posible que se nos hubiese olvidado? Además del chocolate, me perdían muchos tipos de dulce, así que no haberlo recordado era como, no sé, un sacrilegio hacia la repostería por mi parte. De hecho, desde que lo dijo, y aunque estaba bastante llena por todo lo que ya habíamos comido, mi estómago protestó, exigiendo su tributo. Eaa prohibió beber más hasta que no la hubiésemos catado y cumplí esa orden con mucho gusto. Bien merecía la pena esperar por algo así.
Se levantó y se marchó en dirección a la bodega. En su ausencia, me di la vuelta y me dirigí a la hermosa barandilla tallada en madera oscura. El mar nos había regalado su tranquilidad aquella noche, de forma que podíamos disfrutar sin estar muy pendientes del rumbo y del timón, pues tampoco es que estuviésemos avanzando demasiado. Clavé mis pupilas en las oscuras aguas salpicadas de estrellas, gemelas de las que aguardaban sobre nuestras cabezas. Miré hacia arriba. Creo que jamás me podría acostumbrar a aquella obra de arte que pintaba el cielo nocturno: un mapa brillante que, siempre que se viese, jugaba a favor de navegantes, aventureros y almas perdidas. Yo pertenecía a aquel grupo, fiel a los caminos rutilantes que me servían de guía. Una visión como aquella, que erizaba la piel de mis brazos y no por el frío, bastaba para recordar a cualquiera su volátil paso por el mundo.
Cuando escuché los pasos de Eaa, regresé a mi anterior posición, haciendo hueco para que cupiese la delicia que traía entre las manos. La dejó sobre el nuevo espacio del barril y, a continuación, otro brindis. Cualquier excusa era buena. La pelirroja me sirvió un pedacito de tarta. Y, si el aspecto del postre me sedujo, su sabor me conquistó. Volví a cerrar los ojos ante la vorágine que notaba sobre mi lengua.
—Muerte por tarta —prácticamente gemí.
Como es natural, engullí la porción. Y no me comí otra porque el riesgo de explosión era bastante elevado, y más si iba a seguir bebiendo como tenía pensado. Sufriendo lo indecible, rechacé cuando ella me ofreció más, indicándole que prefería guardármelo para el desayuno. Al día siguiente, no tendría piedad.
Regresó el turno de Eaa y, de nuevo, me llamó mucho la atención su pregunta. ¿Celosa de mi cartel de recompensa? Bueno, confieso que estaba orgullosa del cartelito, pero no pensaba que causaba eso en ella.
—Si te ha servido para avanzar en tu propósito, bien están los celos.
Volvió a hablar de dejar huella; en concreto, yo en ella. La falta de costumbre de esas revelaciones sobre mi persona hacía que no supiese qué responder, así que... sí, yo también bebí.
—Admito que... no estoy contenta con mi parte en la pelea contra Waj. No solo no pude hacerle ni un rasguño, sino que encima me capturó. Es patético, lo mires por donde lo mires. —No tenía pensado confesar eso en voz alta, pero la bebida suelta la lengua, supongo—. Y, sin embargo, tú... Joder, esos golpes, la sangre... Peteiro también hizo lo suyo, ¿no? Pero en ti vi una fuerza que me habría gustado para mí en aquel momento. Desde entonces, siento que mis espaldas están más seguras si en algún momento te necesito. —Bebí, me ardían las mejillas—. Una puta guerrera, eso fuiste.
Miré hacia otro lado. Entre las cien cosas que mejor se me dan, reconocer mis sentimientos —de cualquier tipo y a cualquier nivel— no era ninguna de ellas. Joder, odio que me vean... así. Igual la noche era clemente conmigo y me ayudaba con sus sombras.
Quería cambiar de tema.
—Yo nunca he sido traicionada por alguien en quien confiaba. —Mucho mejor sacar a relucir las mierdas, a dónde iba a parar. Ni siquiera sabía porqué hablaba de eso y por qué había sido yo quien sacaba el tema, si obviamente iba a beber. Bueno, así el sonrojo desaparecería de mi cara seguro. Ella me miraba, supongo que esperando algún tipo de explicación—. Es una larga historia, pero el capitán de mi primera tripulación (y única, hasta vosotros), quiso venderme a unos cazarrecompensas. Pensaba que era especial, que era... —La puta historia de mi vida. Ni te quejes, que has sacado tú el tema—. Un hijo de puta, eso era.
INFORMACIÓN
