26-03-2024, 12:37 PM
Por supuesto que Eaa tenia motivos para estar orgullosa de haberle reventado la cabeza a Waj. Leer las expresiones de su rostro mientras lo contaba era muy fácil: muchas veces, era como un libro abierto. En ese momento, me transmitía ese punto sádico que tanto me había gustado ver en ella en la batalla contra el antiguo dueño de nuestro precioso barco. No sonreír ante esto no era una opción, consiguiendo también arrancarme una pequeña risa.
Como acababa de contar, me habría gustado poder demostrar más cosas en aquella pelea. Y, aunque ya no se podía hacer nada porque el pasado no se puede modificar, no podía deshacerme del mal sabor de boca que aquello me había dejado. Una espina. Me dije que, en el futuro, lograría sacármela, hacer algo acorde con quien quiero ser mientras empuño un arma.
"Comando Barbacoa", así fue como llamó a Jasper y su tripulación —de la que yo llegué a formar parte durante un tiempo— cuando mencioné la traición. En su día también había contado que quemé gente que me había jodido y ella debió de hacer la unión. Una chica muy lista. Asentí con la cabeza. Sí, posiblemente llevasen en el infierno desde entonces, así que suponía que algún día volveríamos a encontrarnos. Tenía muy claro que, si aquello existía, mi lugar después de la muerte sería el infierno. Era imposible que acabase en otro lugar. Pero estaba bien con ello.
Ella no bebió. Resultó gratificante, de algún modo, que me incluyese en las poquísimas personas en las que podía confiar. Afirmó que no la traicionaría. No, no lo haría.
Como todavía no había hecho su pregunta, me aventuré a pegar un trago de nuevo a lo que quedaba del vino en mi jarra.
Error.
"Yo nunca me he enamorado".
Me atraganté. Comencé a toser con violencia. Dejé la jarra sobre el barril, apoyando las manos en el borde de este e intentando no morirme. Comenzaron a formarse lágrimas en mis ojos por la falta de aire y pronto resbalaron por las mejillas, atraídas por la gravedad.
Como acababa de contar, me habría gustado poder demostrar más cosas en aquella pelea. Y, aunque ya no se podía hacer nada porque el pasado no se puede modificar, no podía deshacerme del mal sabor de boca que aquello me había dejado. Una espina. Me dije que, en el futuro, lograría sacármela, hacer algo acorde con quien quiero ser mientras empuño un arma.
"Comando Barbacoa", así fue como llamó a Jasper y su tripulación —de la que yo llegué a formar parte durante un tiempo— cuando mencioné la traición. En su día también había contado que quemé gente que me había jodido y ella debió de hacer la unión. Una chica muy lista. Asentí con la cabeza. Sí, posiblemente llevasen en el infierno desde entonces, así que suponía que algún día volveríamos a encontrarnos. Tenía muy claro que, si aquello existía, mi lugar después de la muerte sería el infierno. Era imposible que acabase en otro lugar. Pero estaba bien con ello.
Ella no bebió. Resultó gratificante, de algún modo, que me incluyese en las poquísimas personas en las que podía confiar. Afirmó que no la traicionaría. No, no lo haría.
Como todavía no había hecho su pregunta, me aventuré a pegar un trago de nuevo a lo que quedaba del vino en mi jarra.
Error.
"Yo nunca me he enamorado".
Me atraganté. Comencé a toser con violencia. Dejé la jarra sobre el barril, apoyando las manos en el borde de este e intentando no morirme. Comenzaron a formarse lágrimas en mis ojos por la falta de aire y pronto resbalaron por las mejillas, atraídas por la gravedad.
No esperaba esa pregunta. No así, de repente.
Era precisamente la que yo quería evitar, por la que no quería beber.
Poco a poco, comencé a recuperar el control de la respiración, permitiendo a mi cuerpo ir relajándose. Cosa que no hizo mi mente, pues yo no era ninguna mentirosa y, al fin y al cabo, jugar a aquella mierda sin decir la verdad no tenía ninguna gracia.
Cogí la jarra por el asa y me la llevé a la boca, acabando todo su contenido. Finos hilos de color rojo púrpura cayeron por las comisuras de mis labios, dejando un reguero a su paso. No me molesté en limpiarme.
Jasper. Fue el primero. No puedo decir que la vida me haya hecho ingenua, ni siquiera a edades tempranas, pero ahí pequé de ello al dejarme influir por un bello rostro, un cuerpo perfecto y unos ojos peligrosos. El intento de venderme. Fuego. Muerte. Y amargas lágrimas sabiéndome la persona más tonta del mundo. Jurar no volver a enamorarme.
Romper mi propio juramento.
Zorak. Y cuánto me dolía el puto Zorak aun después de todos esos años sin verlo, sin saber nada, recordando el contenido de lo que me dijo pero que nunca fue suficiente para mí. Sintiéndome engañada. Romperme de nuevo, a ojos de nadie, pensando que lo tenía bien merecido por volver a confiar.
Di gracias al atragantamiento de segundos antes, pues las lágrimas que este me había provocado camuflaron el nuevo brillo de mis ojos. Parpadeé con fuerza varias veces. No dejaría que los recuerdos me arrebataran la noche.
—Una mierda eso de enamorarse, ¿eh? —Mi voz quedó algo ronca por el esfuerzo de la garganta al toser, nada que no se solucionase con más bebida. Esta me estaba haciendo sentir más ligera, un delicioso hormigueo relajante que recorría mi cuerpo.
Me quedé mirando a Eaa con interés a ver si ella también bebía. Todo con tal de reprimir, por millonésima vez, los sentimientos destructivos que me causaba este tema. Así que, mientras esperaba su respuesta, traté de buscar alguna otra pregunta con la que matar mi repentino malestar. La que fuese.
—Yo nunca he mirado al pecho de alguien en lugar de a la cara cuando le he hablado.
Obviamente, era muy específica y con intención. Estaría bien que el foco de atención se desviase de mí en ese momento. Lo necesitaba.
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