28-03-2024, 08:01 PM
Eva, una mujer de veintitantos años, de una complexión delgada y delicada, era la segunda al mando de la operación, junto a Olmaz. Aunque nadie lo llamaba por aquel nombre ya. Antaño un científico de gran renombre, incluso considerado por algunos como un genio, hoy en día se escondía tras el Alias de Doctor Infinito. A ella le hervían las tripas cada vez que recordaba la condescendencia y el desprecio con el que lo habían tratado por sus ideas y propuestas. Él merecía la grandeza. ¿No era suficiente muestra de ello el ver un edificio de tal magnitud moviéndose velozmente por la tierra? Y no solo eso, aquella estructura la habían localizado bajo el gran lago, hundido para ocultar su propósito al público general. Lo que los propios autoproclamados genios de la asociación habían desechado como un fracaso, él solo lo había convertido en un éxito rotundo. Si pudiese ponerle una mano encima a aquellos idiotas… Todo a su tiempo. Si su plan tenía éxito, lograrían amasar una fortuna para proseguir sus investigaciones e inventos y plantarles cara con el éxito en lo que ellos fracasaron. Se moría de ganas de ver las caras de esas inmundas ratas cuando se viesen obligadas a implorar el perdón del Doctor y aceptarlo entre ellos. Ese era el sueño de Olmaz, por lo que había luchado toda su vida. Y ella estaba en deuda con él, una deuda tan grande que ni con una vida entera podría compensar. Pero lo que en un inicio había sido una gran admiración, con el tiempo, al ver la pasión que tenía por su trabajo y su sueño, se había convertido en amor. Un amor servicial que iba más allá de todo lo demás. Por él, haría lo que fuera necesario para que cumpliera sus sueños, incluso si ello conllevaba el secuestro o muerte de cientos de personas. Era un precio que estaba dispuesta a pagar con su propia vida si era necesario. ¿Sentiría él lo mismo por ella? Sin duda, nadie la había tratado con tanto respeto y cariño. ¡Incluso se habían casado! Pero hiciese lo que hiciese, no se sentía digna de su amor. Tenía que darlo todo. Y aquel hombrecillo alado que tenía delante… estaba confesando ser el causante de todo aquello. Sin duda ese tío debía ser un engreído, hablaba con una arrogancia que le recordaba demasiado a los inútiles científicos que tanto odiaba. Con esa misma arrogancia, le pregunto si era la anfitriona de aquello.
—Cierra la boca ahora mismo, cabeza palmera. —respondió con agresividad— ¿Me recuerdas? Pues igual que te he dejado entrar, puedo hacerte salir volando por una ventana si no te callas. Así que aquí las preguntas las hago yo.
El pelo escombra siguió hablando, sugiriendo que se tomase ella los somníferos. ¿De qué cojones iba ese tío? ¿Es que era tonto y no veía la situación en la que estaba? *Plof* *Plof* Cuando el tipo estaba terminando de hablar, Eva escuchó algo que la sacó totalmente de la conversación, un ruido de ventosas justo tras ella. Era un sonido que no encajaba para nada con el de metal que se escuchaba. Se giró velozmente, llevándose con ella al hombre todavía agarrado y poniéndolo al frente. Si su olfato no le fallaba, algo más estaba ahí con ellos.
—¡¿Qué cojones ha sido eso?! —gritó la pregunta al aire— No estás solo, ¿verdad?
Ella misma lo había acompañado a su mesa y si no le fallaba la memoria, iba con una mujer peliazul. Confundida por la situación, empujó al hombre con fuerza hacia la puerta, liberándolo del agarre, para poder tener las manos libres en caso de necesitarlas. Levantó los puños en alto arrugando la frente y olfateó al aire. Sin duda, otro olor se entremezclaba con los demás, uno de pólvora recién disparada que no estaba hasta hacía unos momentos y un olor como a... ¿pescado? Pero mirase dónde mirase no veía nada. Estaba desconcertada, pero su olfato no le fallaba nunca.
—Te huelo, zorra.
No iba a permitir que esos dos les arruinasen el trabajo. La mercancía tenía que llegar a su destino, les había costado demasiado conseguir un trato como ese. No era fácil para alguien nuevo en el mundillo de los esclavos el conseguir compradores con los recursos suficientes para un plan a una escala como aquel. No les dejaría entrometerse, por encima de su cadáver.
—Cierra la boca ahora mismo, cabeza palmera. —respondió con agresividad— ¿Me recuerdas? Pues igual que te he dejado entrar, puedo hacerte salir volando por una ventana si no te callas. Así que aquí las preguntas las hago yo.
El pelo escombra siguió hablando, sugiriendo que se tomase ella los somníferos. ¿De qué cojones iba ese tío? ¿Es que era tonto y no veía la situación en la que estaba? *Plof* *Plof* Cuando el tipo estaba terminando de hablar, Eva escuchó algo que la sacó totalmente de la conversación, un ruido de ventosas justo tras ella. Era un sonido que no encajaba para nada con el de metal que se escuchaba. Se giró velozmente, llevándose con ella al hombre todavía agarrado y poniéndolo al frente. Si su olfato no le fallaba, algo más estaba ahí con ellos.
—¡¿Qué cojones ha sido eso?! —gritó la pregunta al aire— No estás solo, ¿verdad?
Ella misma lo había acompañado a su mesa y si no le fallaba la memoria, iba con una mujer peliazul. Confundida por la situación, empujó al hombre con fuerza hacia la puerta, liberándolo del agarre, para poder tener las manos libres en caso de necesitarlas. Levantó los puños en alto arrugando la frente y olfateó al aire. Sin duda, otro olor se entremezclaba con los demás, uno de pólvora recién disparada que no estaba hasta hacía unos momentos y un olor como a... ¿pescado? Pero mirase dónde mirase no veía nada. Estaba desconcertada, pero su olfato no le fallaba nunca.
—Te huelo, zorra.
No iba a permitir que esos dos les arruinasen el trabajo. La mercancía tenía que llegar a su destino, les había costado demasiado conseguir un trato como ese. No era fácil para alguien nuevo en el mundillo de los esclavos el conseguir compradores con los recursos suficientes para un plan a una escala como aquel. No les dejaría entrometerse, por encima de su cadáver.
Aclaraciones
