Día 87, primavera año 12. 10:15
Pueblo Engan
OST
Era una apacible mañana en el pueblo Engan, paseaba por sus calles mientras observaba a la gente de ese pequeño pueblo haciendo sus quehaceres, la sencillez con la que vivían, para alguien criado en el estercolero que era East Ballywood era como un soplo de aire fresco, la gente parecía honrada, gente que se gana el pan sin más aspiración que sobrevivir, como debía ser a mi forma de entender el mundo, nadie debía ser más que nadie y nadie merecía vivir una vida que no aportara por lo menos lo básico para mantenerse vivo.
Mientras seguía caminando entre las pequeñas casas del pueblo, caía en la cuenta de que todos los niños que había visto estaban felices y jugando, algo impensable para mí, las palabras de Ridel antes de morir aún resonaban en mi cabeza, sobre todo durante las largas noches que había pasado últimamente en la Rémora Fatua.
La grave voz de mi maestro aún resonaba cada vez que cerraba los ojos, "No hagas lo mismo que yo Zorak, vive libre, no seas tu propio esclavo. Intenta llevar luz a las parcelas de los demás y no oscuridad como he hecho toda mi vida, a no ser que quieras terminar así. Sé que tú eres capaz, tienes un gran corazón, cuídalo, no lo ahogues con ambición y falsas necesidades."
Había estado pensando en ello desde que se reencontré con Maeve, quería ir con ella hasta el mismísimo fin del mundo, por otra parte, el ejército revolucionario podría servir a mi objetivo, luchar por los desfavorecidos y de esa manera, poder expiar los pecados cometidos mientras buscaba mi venganza. ¿Cuantos había matado? Nunca me pare a pensar en ello, simplemente dejaba salir al monstruo y él hacia el trabajo, sin darme cuenta traje oscuridad a incontables personas.
Esta encrucijada me había dejado sin poder pegar ojo las tres últimas noches, aun teniendo a Maeve acostada a su lado, me estaba volviendo loco y debía tomar una decisión, lleve mi mano derecha al bolsillo derecho del pantalón y saque el paquete de tabaco, sacando un cigarro de este con mi mano izquierda, llevándomelo a la boca y al guardar el paquete de nuevo en el bolsillo derecho, saque del mismo las cerillas, abrí la caja y encendí una, dando una profunda calada mientras me sentaba en una roca y suspiraba.
Fije mi vista al final de la calle, donde había una pequeña parcela sin construcción, donde unos niños jugaban felizmente al pilla pilla mientras reían a carcajadas, una voz hablo a mi derecha, estaba tan centrado en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que me había sentado al lado de un viejo, calvo y con una larga barba blanca que se arremolinaba en el suelo, así como una cejas que al final de estas, nacían dos mechones largos que caían desde la sien hasta los hombros del hombre, encorvado sobre un bastón de madera.
"Que te ocurre hijo? Pareces afligido" Me miro a los ojos, con una mirada amable y serena. "Tienes la mirada del que debe tomar una dura decisión"
Gire mi cabeza hasta quedar mirando al frente y suspire, soltando una gran cantidad de aire y bajaba la mirada al suelo.
"Los viejos siempre tan perspicaces, eh?"
sonreí vagamente, mientras llevaba mi dedo índice de la mano derecha hacia el mechón que caía sobre mi frente y jugueteaba con él y proseguí.
"Que se debería escoger, el amor... o el deber?"
Mi mirada se entristeció, aún recordaba como hace cuatro años me marche en un intento de proteger a Maeve, priorizando mi deber sobre lo que sentíamos el uno por el otro, apartándola de mí y sin saberlo... Destrozándola en el proceso, no quería volver a hacerle daño de esa manera. La voz del viejo me saco de mis pensamientos.
"Depende del tipo de amor y del tipo de deber hijo, a veces la vida nos pone decisiones difíciles ciertamente, lo que deberías preguntarte es... ¿Puede entender tu amor el tipo de deber que debes cumplir?"
Volví a girar la cara para mirar al viejo y este seguía mirándome con una mirada amable, en sus ojos pude notar un deje de empatía.
"Ya la aparté de mí una vez por deber... y le hice daño, muchísimo daño, más del que imagine jamás. Y ella no..."
antes de acabar la frase, el viejo la acabo por mí.
"Se lo merece, verdad?" El viejo asentía "Puedo saber cuál fue la manera en la que alejaste de ella?"
Sin saber muy bien si era por la mirada del hombre o porque parecía haber pasado por algo parecido por la larga vida que había tenido, me sincere con él casi como si fuera una válvula de escape, abrir la herida para curarla bien.
"Me fui durante la noche, dejándole una nota explicando todo... pensé... que sería suficiente para que entendiera..." tras una larga calada, solté el humo mientras decía. "Hace poco nos reencontremos, pero el deber vuelve a llamar y me da miedo hacerle daño de nuevo."
La mirada del hombre se endureció, clavada en mis ojos con tal magnitud que parecía que me estuviera atravesando con ella, me sentí juzgado por un momento, aunque la mirada no tardo en volver a cambiar una más compresiva.
"No sé qué clase de deber puede llamar a alguien tan joven, pero deberías hablarlo con ella hijo."
Se levantó con dificultad y se despidió alzando la mano y sacudiéndola lentamente mientras se alejaba con lentos pasos, le devolví la despedida agitando también mi mano, me levante y comencé a caminar calle abajo sumido en mis pensamientos, le había prometido a Kisuke que cuando acabara con su objetivo se uniría a él y a la revolución, incluso hace unos días se puso en contacto con un hombre del ejército frente a mí y me presento como su compañero.
La promesa de limpiar el mundo juntos y brindar algo mejor a las siguientes generaciones, la promesa de destruir el sistema que solo mira por el noble y dar la oportunidad que ni el ni yo pudimos disfrutar al crecer, algo que parecía tan simple y tan complejo a la vez como era tener una vida digna. Si había alguien con quien podía lograrlo era Kisuke, durante el tiempo que pase recuperándome anímicamente en East Ballywood tras acabar con Ridel me interesé por el pasado del pescador, para mi sorpresa bastante gente hablaba de él con respeto y todos coincidían en lo mismo, un gran espadachín además de saber entender el punto en el que me encontraba sin hacer preguntas de más.
lleve mis manos a la cabeza y me alborote el pelo intentando poner en claro mis ideas, al girar la cabeza pude ver una pila de periódicos viejos, amontonados para seguramente usarlos más tarde para darle fuerza a la leña para que prenda, me encamine hacia la pila y agarre uno, me senté y comencé a leerlo. El periódico tenía fecha del día 36 de invierno, unos piratas habían liado una buena en Isla Toko, perdiendo la mitad de sus integrantes frente a un tal Finn, algo más abajo una noticia llamo mi atención de más, "Golpe a la Revolución" rezaba el titular, un grupo de revolucionarios aniquilados en extrañas circunstancias en Little Garden, el líder del escuadrón había caído junto a casi todos sus compañeros, junto a esta noticia había otra sobre la revolución.
"En busca y captura" rezaba esta, el superviviente de ese grupo, un mink panda la noticia comentaba un aumento en la recompensa por su cabeza y el mismísimo gobierno mundial ofrecía dinero no por el hecho de capturarlo en sí, tan solo por informar sobre él, qué clase de persona debe ser para que el gobierno tenga tanto interés en él, me preguntaba mientras miraba la foto del Mink, tenía cicatrices en el ojo y en la mejilla izquierda, pase las páginas en busca de los carteles de se busca, esperaba tener suerte y que también los usaran para el mismo fin que los periódicos, allí estaban, varios carteles de se busca.
Reconocí al chico pelirrojo que compartía noticia con el esclavista caído en isla Toko, 226.500.000. Silbé al ver la elevada cifra, seguía el de una chica rubia, se la veía bastante joven al bajar la vista hacia su recompensa... 223.500.000. Wow una cría con una recompensá así? Debe ser una broma. Al pasar el siguiente cartel, lo vi, el Mink panda me devolvía la mirada desde la imagen, se le veía a leguas que era un tipo duro, leí su nombre, "Don Bambú" y mire su recompensa 200.000.000 definitivamente era alguien peligroso por lo menos para el gobierno, salvo Kisuke, no conocía otro revolucionario, pero tenía una cosa clara, si peleaba del bando de la revolución no podía ser mala persona, sentí una punzada de empatía al recordar que perdió a todos sus compañeros, probablemente amigos... como me paso a mi hace tiempo... rebusque entre los periódicos apilados en busca de otros ejemplares, pero fue inútil, era el mismo periódico una y otra vez.
Me levanté y deje el periódico encima de la pila en la que lo había encontrado, pero llevándome el cartel de se busca de Don Bambú, plegándolo y metiéndolo en mi bolsillo izquierdo, la revolución perdía soldados, posiblemente buenos soldados como lo era Kisuke, a fin de cuentas por lo que pude averiguar el ejército revolucionario se formó para cambiar el sistema opresor y traer libertad al pueblo, cerré los ojos sabiendo que era lo que debía hacer, una vez más debería alejarme de Maeve y no podía hacer más que mantener los ojos cerrados mientras respiraba profundamente, intentando enjaular al monstruo que gritaba a plena voz que podían darle por el culo al mundo mientras pudiera estar cerca de ella.
Tampoco me iría sin decírselo a la cara, no otra vez, ella tenía derecho a saber lo que realmente siento por ella y el motivo por el cual debo marchar, algo más grande que yo, que ella, que todo.
Las siguientes generaciones, el futuro de esos pequeños que no tenían culpa de nada, ni de nacer en el lado malo de la moneda, estoy seguro de que lo entenderá. "Me apuesto 10,000 berries a que te suelta un puñetazo" dijo mi pequeña voz interior, seguramente no se lo tomara nada bien, pero ahora sería diferente, no me marcharía por la puerta de atrás.
Comencé a caminar volviendo por donde había venido, volví a ver a los niños jugando y los pequeños comercios que se ganaban la vida pacíficamente, el polvoriento camino de tierra se alzaba frente a mí como una serpiente que debía recorrer para volver al barco donde estábamos quedándonos estos días tanto Kisuke como yo, el precioso barco que posee Maeve, la rémora fatua.
Mientras seguía caminando a mi izquierda pude ver una librería, quizás la adquisición de un nuevo libro que me brindara horas de paz calmara un poco los nervios ante la inminente charla que tenía por delante, me encamine hacia el establecimiento y abrí la puerta, cuando entre me encontré una librería que abrazaba todas las paredes, llenas de libros hasta arriba, de distintos colores y tamaños.
Me acerqué al mostrador y un hombre menudo, con gafas de culo de botella y un peinado relamido, me saludo mientras juntaba sus manos, una sobre la otra.
"Buenas días joven, en busca de algo de lectura?" El hombrecillo seguía frotando sus manos. "Algún gusto en especial?"
No sabía bien que pedir, no era de un solo tipo de lectura, para mí leer era algo más que una buena historia era una forma de recordar momentos, viejos momentos en los que era feliz de verdad, sin preocupación alguna más que devorar el libro de turno y querer ser como esos héroes sobre los que leía.
"Buscaré yo mismo, gracias." Dije mientras daba una vuelta por la tienda y buscaba títulos que llamaran mi atención.
Y mi atención fue a posarse en un libro con una portada de color rojo carmesí, con letras doradas donde se leía "Omero y Julia" alargue mi mano y agarre el libro, el hombrecillo hablo.
"Oh, tiene buen gusto señor, esa es una obra de arte que trata sobre un amor imposible, buen gusto sin duda."
Me encaminé hacia el hombrecillo y solté el libro en el mostrador.
"Cuanto es?" Si había algo por lo que pagaba con gusto, era por la lectura.
"Son tan solo 100 berries señor." Dijo mientras frotaba sus manos.
"Me lo puede envolver para regalo?"
El hombre envolvió el libro en un papel plateado y me lo entrego tras coger los 100 berries y salí por la puerta rumbo a la rémora fatua.
Pueblo Engan
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Era una apacible mañana en el pueblo Engan, paseaba por sus calles mientras observaba a la gente de ese pequeño pueblo haciendo sus quehaceres, la sencillez con la que vivían, para alguien criado en el estercolero que era East Ballywood era como un soplo de aire fresco, la gente parecía honrada, gente que se gana el pan sin más aspiración que sobrevivir, como debía ser a mi forma de entender el mundo, nadie debía ser más que nadie y nadie merecía vivir una vida que no aportara por lo menos lo básico para mantenerse vivo.
Mientras seguía caminando entre las pequeñas casas del pueblo, caía en la cuenta de que todos los niños que había visto estaban felices y jugando, algo impensable para mí, las palabras de Ridel antes de morir aún resonaban en mi cabeza, sobre todo durante las largas noches que había pasado últimamente en la Rémora Fatua.
La grave voz de mi maestro aún resonaba cada vez que cerraba los ojos, "No hagas lo mismo que yo Zorak, vive libre, no seas tu propio esclavo. Intenta llevar luz a las parcelas de los demás y no oscuridad como he hecho toda mi vida, a no ser que quieras terminar así. Sé que tú eres capaz, tienes un gran corazón, cuídalo, no lo ahogues con ambición y falsas necesidades."
Había estado pensando en ello desde que se reencontré con Maeve, quería ir con ella hasta el mismísimo fin del mundo, por otra parte, el ejército revolucionario podría servir a mi objetivo, luchar por los desfavorecidos y de esa manera, poder expiar los pecados cometidos mientras buscaba mi venganza. ¿Cuantos había matado? Nunca me pare a pensar en ello, simplemente dejaba salir al monstruo y él hacia el trabajo, sin darme cuenta traje oscuridad a incontables personas.
Esta encrucijada me había dejado sin poder pegar ojo las tres últimas noches, aun teniendo a Maeve acostada a su lado, me estaba volviendo loco y debía tomar una decisión, lleve mi mano derecha al bolsillo derecho del pantalón y saque el paquete de tabaco, sacando un cigarro de este con mi mano izquierda, llevándomelo a la boca y al guardar el paquete de nuevo en el bolsillo derecho, saque del mismo las cerillas, abrí la caja y encendí una, dando una profunda calada mientras me sentaba en una roca y suspiraba.
Fije mi vista al final de la calle, donde había una pequeña parcela sin construcción, donde unos niños jugaban felizmente al pilla pilla mientras reían a carcajadas, una voz hablo a mi derecha, estaba tan centrado en mis pensamientos que no me había dado cuenta de que me había sentado al lado de un viejo, calvo y con una larga barba blanca que se arremolinaba en el suelo, así como una cejas que al final de estas, nacían dos mechones largos que caían desde la sien hasta los hombros del hombre, encorvado sobre un bastón de madera.
"Que te ocurre hijo? Pareces afligido" Me miro a los ojos, con una mirada amable y serena. "Tienes la mirada del que debe tomar una dura decisión"
Gire mi cabeza hasta quedar mirando al frente y suspire, soltando una gran cantidad de aire y bajaba la mirada al suelo.
"Los viejos siempre tan perspicaces, eh?"
sonreí vagamente, mientras llevaba mi dedo índice de la mano derecha hacia el mechón que caía sobre mi frente y jugueteaba con él y proseguí.
"Que se debería escoger, el amor... o el deber?"
Mi mirada se entristeció, aún recordaba como hace cuatro años me marche en un intento de proteger a Maeve, priorizando mi deber sobre lo que sentíamos el uno por el otro, apartándola de mí y sin saberlo... Destrozándola en el proceso, no quería volver a hacerle daño de esa manera. La voz del viejo me saco de mis pensamientos.
"Depende del tipo de amor y del tipo de deber hijo, a veces la vida nos pone decisiones difíciles ciertamente, lo que deberías preguntarte es... ¿Puede entender tu amor el tipo de deber que debes cumplir?"
Volví a girar la cara para mirar al viejo y este seguía mirándome con una mirada amable, en sus ojos pude notar un deje de empatía.
"Ya la aparté de mí una vez por deber... y le hice daño, muchísimo daño, más del que imagine jamás. Y ella no..."
antes de acabar la frase, el viejo la acabo por mí.
"Se lo merece, verdad?" El viejo asentía "Puedo saber cuál fue la manera en la que alejaste de ella?"
Sin saber muy bien si era por la mirada del hombre o porque parecía haber pasado por algo parecido por la larga vida que había tenido, me sincere con él casi como si fuera una válvula de escape, abrir la herida para curarla bien.
"Me fui durante la noche, dejándole una nota explicando todo... pensé... que sería suficiente para que entendiera..." tras una larga calada, solté el humo mientras decía. "Hace poco nos reencontremos, pero el deber vuelve a llamar y me da miedo hacerle daño de nuevo."
La mirada del hombre se endureció, clavada en mis ojos con tal magnitud que parecía que me estuviera atravesando con ella, me sentí juzgado por un momento, aunque la mirada no tardo en volver a cambiar una más compresiva.
"No sé qué clase de deber puede llamar a alguien tan joven, pero deberías hablarlo con ella hijo."
Se levantó con dificultad y se despidió alzando la mano y sacudiéndola lentamente mientras se alejaba con lentos pasos, le devolví la despedida agitando también mi mano, me levante y comencé a caminar calle abajo sumido en mis pensamientos, le había prometido a Kisuke que cuando acabara con su objetivo se uniría a él y a la revolución, incluso hace unos días se puso en contacto con un hombre del ejército frente a mí y me presento como su compañero.
La promesa de limpiar el mundo juntos y brindar algo mejor a las siguientes generaciones, la promesa de destruir el sistema que solo mira por el noble y dar la oportunidad que ni el ni yo pudimos disfrutar al crecer, algo que parecía tan simple y tan complejo a la vez como era tener una vida digna. Si había alguien con quien podía lograrlo era Kisuke, durante el tiempo que pase recuperándome anímicamente en East Ballywood tras acabar con Ridel me interesé por el pasado del pescador, para mi sorpresa bastante gente hablaba de él con respeto y todos coincidían en lo mismo, un gran espadachín además de saber entender el punto en el que me encontraba sin hacer preguntas de más.
lleve mis manos a la cabeza y me alborote el pelo intentando poner en claro mis ideas, al girar la cabeza pude ver una pila de periódicos viejos, amontonados para seguramente usarlos más tarde para darle fuerza a la leña para que prenda, me encamine hacia la pila y agarre uno, me senté y comencé a leerlo. El periódico tenía fecha del día 36 de invierno, unos piratas habían liado una buena en Isla Toko, perdiendo la mitad de sus integrantes frente a un tal Finn, algo más abajo una noticia llamo mi atención de más, "Golpe a la Revolución" rezaba el titular, un grupo de revolucionarios aniquilados en extrañas circunstancias en Little Garden, el líder del escuadrón había caído junto a casi todos sus compañeros, junto a esta noticia había otra sobre la revolución.
"En busca y captura" rezaba esta, el superviviente de ese grupo, un mink panda la noticia comentaba un aumento en la recompensa por su cabeza y el mismísimo gobierno mundial ofrecía dinero no por el hecho de capturarlo en sí, tan solo por informar sobre él, qué clase de persona debe ser para que el gobierno tenga tanto interés en él, me preguntaba mientras miraba la foto del Mink, tenía cicatrices en el ojo y en la mejilla izquierda, pase las páginas en busca de los carteles de se busca, esperaba tener suerte y que también los usaran para el mismo fin que los periódicos, allí estaban, varios carteles de se busca.
Reconocí al chico pelirrojo que compartía noticia con el esclavista caído en isla Toko, 226.500.000. Silbé al ver la elevada cifra, seguía el de una chica rubia, se la veía bastante joven al bajar la vista hacia su recompensa... 223.500.000. Wow una cría con una recompensá así? Debe ser una broma. Al pasar el siguiente cartel, lo vi, el Mink panda me devolvía la mirada desde la imagen, se le veía a leguas que era un tipo duro, leí su nombre, "Don Bambú" y mire su recompensa 200.000.000 definitivamente era alguien peligroso por lo menos para el gobierno, salvo Kisuke, no conocía otro revolucionario, pero tenía una cosa clara, si peleaba del bando de la revolución no podía ser mala persona, sentí una punzada de empatía al recordar que perdió a todos sus compañeros, probablemente amigos... como me paso a mi hace tiempo... rebusque entre los periódicos apilados en busca de otros ejemplares, pero fue inútil, era el mismo periódico una y otra vez.
Me levanté y deje el periódico encima de la pila en la que lo había encontrado, pero llevándome el cartel de se busca de Don Bambú, plegándolo y metiéndolo en mi bolsillo izquierdo, la revolución perdía soldados, posiblemente buenos soldados como lo era Kisuke, a fin de cuentas por lo que pude averiguar el ejército revolucionario se formó para cambiar el sistema opresor y traer libertad al pueblo, cerré los ojos sabiendo que era lo que debía hacer, una vez más debería alejarme de Maeve y no podía hacer más que mantener los ojos cerrados mientras respiraba profundamente, intentando enjaular al monstruo que gritaba a plena voz que podían darle por el culo al mundo mientras pudiera estar cerca de ella.
Tampoco me iría sin decírselo a la cara, no otra vez, ella tenía derecho a saber lo que realmente siento por ella y el motivo por el cual debo marchar, algo más grande que yo, que ella, que todo.
Las siguientes generaciones, el futuro de esos pequeños que no tenían culpa de nada, ni de nacer en el lado malo de la moneda, estoy seguro de que lo entenderá. "Me apuesto 10,000 berries a que te suelta un puñetazo" dijo mi pequeña voz interior, seguramente no se lo tomara nada bien, pero ahora sería diferente, no me marcharía por la puerta de atrás.
Comencé a caminar volviendo por donde había venido, volví a ver a los niños jugando y los pequeños comercios que se ganaban la vida pacíficamente, el polvoriento camino de tierra se alzaba frente a mí como una serpiente que debía recorrer para volver al barco donde estábamos quedándonos estos días tanto Kisuke como yo, el precioso barco que posee Maeve, la rémora fatua.
Mientras seguía caminando a mi izquierda pude ver una librería, quizás la adquisición de un nuevo libro que me brindara horas de paz calmara un poco los nervios ante la inminente charla que tenía por delante, me encamine hacia el establecimiento y abrí la puerta, cuando entre me encontré una librería que abrazaba todas las paredes, llenas de libros hasta arriba, de distintos colores y tamaños.
Me acerqué al mostrador y un hombre menudo, con gafas de culo de botella y un peinado relamido, me saludo mientras juntaba sus manos, una sobre la otra.
"Buenas días joven, en busca de algo de lectura?" El hombrecillo seguía frotando sus manos. "Algún gusto en especial?"
No sabía bien que pedir, no era de un solo tipo de lectura, para mí leer era algo más que una buena historia era una forma de recordar momentos, viejos momentos en los que era feliz de verdad, sin preocupación alguna más que devorar el libro de turno y querer ser como esos héroes sobre los que leía.
"Buscaré yo mismo, gracias." Dije mientras daba una vuelta por la tienda y buscaba títulos que llamaran mi atención.
Y mi atención fue a posarse en un libro con una portada de color rojo carmesí, con letras doradas donde se leía "Omero y Julia" alargue mi mano y agarre el libro, el hombrecillo hablo.
"Oh, tiene buen gusto señor, esa es una obra de arte que trata sobre un amor imposible, buen gusto sin duda."
Me encaminé hacia el hombrecillo y solté el libro en el mostrador.
"Cuanto es?" Si había algo por lo que pagaba con gusto, era por la lectura.
"Son tan solo 100 berries señor." Dijo mientras frotaba sus manos.
"Me lo puede envolver para regalo?"
El hombre envolvió el libro en un papel plateado y me lo entrego tras coger los 100 berries y salí por la puerta rumbo a la rémora fatua.
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