01-04-2024, 10:56 AM
Eaa no sabía lo que era el amor. Mucho mejor, pensé, porque hasta el día de hoy, el amor lo único que había aportado a mi vida era dolor. Para eso, prefería tener un corazón muerto. Aunque estaba claro que, a estas alturas, seguía latiendo más allá de lo evidente, para mi desgracia.
Entonces, el rostro de la chica comenzó a adquirir una tonalidad muy parecida a su cabello. Supuse que no se debía a la respuesta sobre el amor, pues la había dado sin apenas inmutarse, sino por la pregunta que yo le había lanzado. De pronto, se acercó demasiado a mí e hizo que sus dientes chocaran a modo de mordisco, lo cual me sobresaltó. Algo de contenido de mi recién rellena jarra de vino salpicó en la superficie del barril al, instintivamente, inclinarme hacia detrás. Joder, sí que era cierto que quería morderme. Si Eaa, con su tamaño, me enganchaba bien, podría llegar a hacerme un buen destrozo, por ejemplo, arrancarme la cabeza si se lo proponía. En fin, esperaba que esto nunca se encontrase en su lista de deseos. La semioni no tardó en regresar a su anterior posición, para mi alivio.
Entonces, el rostro de la chica comenzó a adquirir una tonalidad muy parecida a su cabello. Supuse que no se debía a la respuesta sobre el amor, pues la había dado sin apenas inmutarse, sino por la pregunta que yo le había lanzado. De pronto, se acercó demasiado a mí e hizo que sus dientes chocaran a modo de mordisco, lo cual me sobresaltó. Algo de contenido de mi recién rellena jarra de vino salpicó en la superficie del barril al, instintivamente, inclinarme hacia detrás. Joder, sí que era cierto que quería morderme. Si Eaa, con su tamaño, me enganchaba bien, podría llegar a hacerme un buen destrozo, por ejemplo, arrancarme la cabeza si se lo proponía. En fin, esperaba que esto nunca se encontrase en su lista de deseos. La semioni no tardó en regresar a su anterior posición, para mi alivio.
Y, durante ínfimos segundos, me dedicó una intensa mirada.
No pude predecir lo que ocurrió a continuación.
Aproximó sus —para mí— enormes manos a mi rostro, sujetándome la barbilla con suavidad. Me quedé quieta, sin saber muy bien qué hacer, cómo reaccionar ante el súbito contacto físico. Me besó en la frente. Fue un beso delicado, de esos que no poseen, sino que liberan. Un beso cargado de un cariño que no recordaba. Y, aunque tardó en retirarse menos de lo que había prolongado sus labios contra mi piel, la sensación continuó una vez ella se hubo separado. Su movimiento fue tan brusco que cayó hacia atrás, golpeándose. Se cubrió la cara.
De pronto, tuve la enorme certeza de que Eaa había mentido al no beber en su anterior pregunta. ¿Acaso estaba... enamorada de mí? Sus reacciones frente a mi mirada, el color de su rostro ante ciertas situaciones, su reacción en el bosque de Toroa (en varios sentidos), su afán por preparar aquella comida que sabía que me encantaría, el apodo con el que se solía dirigir a mí, su manía de levantarme en el aire como si fuese una muñeca, su... excelente trato hacia mí en general.
No sabía si "enamorada" era el término correcto, pero el beso que había dejado sobre mi frente resultaba una evidencia de sus fuertes sentimientos hacia mí. En ese preciso momento, y tras mi confesión en forma de alcohol y pocas palabras, lo que me hizo sentir fue... cuidada. Se preocupaba por mí. Y la última vez que había sentido eso antes de que me hicieran añicos el corazón fue...
No. Para. Para.
Pero no pude parar. Aún mirando a Eaa, tan auténtica como era, fracasé en sostener en pie la barrera que impedía a las lágrimas abandonar mis ojos. La expresión de mi rostro era totalmente neutra, sin emoción alguna que la cambiase, mientras que, por dentro, estas me inundaban. Así, dichas lágrimas corrían, negras de maquillaje, por mis facciones impasibles.
Es complicado manejar los trozos de aquello que está roto.
Incluso tardó en llegar a mi entendimiento la extraña pregunta que Eaa pronunció después.
—¿Qué? —pregunté cuando logré abandonar mi repentino estado disociativo.
"¿Me amarías si fuese un pollito?", ¿qué clase de pregunta era esa? De forma casi automática y sin prestar mucha atención, le di la jarra que me pidió. Y, de un modo también casi inconsciente, limpié las oscuras lágrimas con el dorso de la mano, manchándolo. No haría referencia a su aparición porque sería como si estas nunca hubiesen caído, como si jamás hubiesen estado allí. Odiaba que me viesen llorar: si en esta ocasión no había podido controlarlo, fingiría que no había sucedido.
—Los pollitos son... ¿adorables?
No, yo no veía cosas como "adorables".
Joder, ni siquiera podía corresponder los sentimientos de Eaa, fuera cual fuese exactamente su definición. En mi agradable estado de embriaguez sí sabía que la apreciaba, y cada vez más, pero... yo no podía... No era así como la veía.
De pronto, arrojarme por la borda se convirtió en una fabulosa opción a tener en cuenta.
Céntrate.
¿Qué debía hacer? ¿Abordar todo lo acontecido en los últimos minutos —ni llegaba, seguramente tan solo eran segundos— o hacer ver con esto también que nada había ocurrido y seguir con otra cosa? Mi cojera emocional me gritaba que escogiese la segunda opción.
—¿Sabes lo que pasó con tu madre?
Joder, Maeve.
Fue lo primero que se me había ocurrido. Tenía un interés genuino por la historia de la semioni, pero mi cabeza no estaba funcionando bien (no solo por la bebida), así que entendí que tal vez hubiese abierto una peligrosa caja cuando las palabras ya habían sido dichas.
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