24-08-2023, 03:26 PM
(Última modificación: 26-08-2023, 12:00 AM por Jolyne Jones.)
La respuesta de aquel hombre-criatura me dio a entender que no había venido allí buscando a alguien como yo. -Qué pena, pues nada. Qué se le va hacer. Me dijo su nombre, pero era tan largo que lo acorté internamente como “Yojimbo”; decir el nombre completo solo era una formalidad aburrida. También dijo algo sobre ser el Rey de los Piratas. No estaba familiarizada con esa jerga. Aquí en el pueblo hacíamos lo de elegir a los reyes del baile, imagino que sería algo del estilo, pero entre piratas.
Mis pensamientos se vieron interrumpidos por un crío rarísimo y extremadamente repelente que se puso a hablarme. Notaba maldad en el mocoso y me recordaba a la tonta de Helen cuando éramos pequeñas, lo que hizo que sintiera un pequeño escalofrío por el cuerpo. -Pues si tanto sabes, ¿por qué no te vas luego a jugar al bosque un ratito? – con suerte hasta no vuelves. - Y estúpido lo serás tú, que te he oído – dije mientras señalaba al crío.
Al parecer los forasteros estaban buscando un sitio para tomar algo y, para mi sorpresa, la mujer siniestra me preguntó a mí si conocía alguno. Solté una pequeña sonrisa burlona al crío como ganadora por haber sido a quien preguntara. -La duda ofende, conozco el mejor sitio de todos que un niño come mocos como este ni sabría. Pero está un poco escondido y es fácil pasarlo por alto. Será mejor que os guíe para que no os perdáis, ¿sí?
Empecé a caminar hacia el lugar y mientras tanto aproveché para saber algo más sobre los recién llegados. Arranqué una de las ramitas que salía entre la maleza y me la puse en la boca. – Por cierto, yo me llamo Jolyne Jones – dije mi nombre completo intentando replicar en broma al forastero, pero en comparación se quedaba bastante corto. - ¿Y tú como te llamas? Si puede saberse, claro - me dirigí a la mujer.
-Ah, y Yojimbo, puedo llamarte así, ¿verdad? antes has dicho algo de ser el Rey de los Piratas ¿Es una especie de competición? No es por presumir, pero yo soy bicampeona en las carreras de sacos en el pueblo- dije con cierto aire fanfarrón.
Acabé llevándolos, como era costumbre, a la vieja taberna de la abuela. Era un granero amplio con muy mal aspecto del que colgaba un cartel bordado que ponía “taberna”. Había una cubeta justo al lado de la puerta y yo aproveché para aclararme la garganta y escupir dentro algo que parecía negruzco con una puntería que ya querrían los cazadores de ratas. Del interior se podía oír una música que provenía de un señor muy pequeño concentrado tocando el piano con bastante maña. Había tipos de dudosa reputación haciendo pulsos o jugando a los dardos, y aunque nos echaron un ojo, siguieron a lo suyo. Algunos ratones se paseaban por delante de los gatos que había sueltos, sin que estos les prestaran una pizca de atención. El suelo estaba cubierto de paja y había botellas y vasos sucios por todo el lugar encima de unos manteles bordados a mano con varios agujeros. - ¿No es perfecto? – dije con un suspiro.
