04-04-2024, 08:25 PM
Leyenda
La capitana se disculpó por no haber avisado, antes de presentarme a sus dos amigos. - No te preocupes, está bien - sonreí. Se me escapó un suspiro tras escuchar sus palabras acerca de que estos se habían autoinvitado al barco. Posiblemente me había precipitado - Lo siento mucho Maeve, por haberles invitado a comer. - me disculpé, sonriendo cuando esta les dijo que obedecieran a la cocinera, es decir, a mí. Me hacía especial ilusión cómo mi amiga valoraba mi cocina, y confiaba en mí de esa forma. - Estaba ya la comida preparada y me muero de hambre - tras excusarme me giré, mirando nuevamente a los otros dos.
- Bueno, tú te lo pierdes - suspiré a la vaga respuesta del pelirrojo encogiéndome de hombros. No iba a insistir acerca de su comida favorita, y a no ser que viniera pidiendo que le cocinara algo no iba a hacerle caso, al igual que con Peteiro. Apunté entonces las preferencias de Kisuke en la libreta. - Chuletón y cerveza. Cerveza tenemos de sobra, pero el chuletón tardaría un poco en prepararse. Si al final se quedan a cenar tal vez... - Suponía que estos dos tendrían algún tema que tratar con la capitana, o posiblemente tan solo venían a comer comida gratis. El hecho era que suponía que no se quedarían a cenar, pero prefería tenerlo en cuenta, pues a fin de cuentas seguía siendo un día especial, aunque ya no llevara la trenza.
- La Rémora Fatua la conseguimos en un duelo justo. - respondí, con cierto enfado. No me hizo ninguna gracia la pregunta, pues a mi modo de ver, daba a entender que el barco era de Maeve. - Es de los tres - la Rémora era a partes iguales de Maeve, Peteiro y mía. Éramos una familia, y esta era nuestro hogar. - Tuvimos que hacer cosas asquerosas para conseguirla, como empalar a un gigante tuerto y degenerado que quería llevarse a la capitana, o hacerle la cabeza puré. - choqué los puños, en una especie de muestra de fuerza para dar más peso a mis palabras. Para nada iba a mencionar lo acontecido cuando Maeve fue capturada ni lo mucho que disfruté de triturar los sesos de aquel malnacido. - Cualquier queja le preguntas al anterior dueño, aunque no creo que tenga muchas ganas de hablar. - no pude evitar reirme con este último comentario.
El hombre moreno me saludó. Le devolví el saludo, mientras escuchaba sus palabras acerca de compartir mis aventuras con Maeve. ¿Cómo no iba a hacerlo? Era de lejos la mejor persona que conocía y aquella que traía luz a mi oscura vida. - Ahora vengo, un momentito - entré rápidamente a la bodega, donde cogí cuatro jarras, así como los platos de comida. Rellené tres de las jarras de cerveza y una de vino, antes de salir corriendo. - Maeve - le ofrecí una a la mujer, antes de dejar las otras dos jarras de cerveza y la comida sobre la mesa, colocando los nuevos platos en sus respectivos sitios. Le di un ligero sorbo a mi copa de vino. - Hay lasagna de espinacas, pechuga empanada, pescado con patatas y Red Velvet - expliqué, no tanto para los invitados si no para la albina.
- Por cierto Kisuke. Antes has dicho algo de compartir aventuras con Maeve - hablé, recordando sus palabras mientras apoyaba en el suelo el cuenco de pollo para Mandarina. - ¿Cómo no voy a ir con ella de aventuras? - pregunté. - Es la mejor amiga que se puede tener. Con ella iría hasta el fin del mundo - expliqué, orgullosa de tener una amiga como ella. - Bueno, hasta el fin del mundo no, que seguro que ella no querría ir allí. - maticé, mirando brevemente a la mujer. No quería cruzar miradas con esta sin querer, para no protagonizar un lamentable espectáculo - ¡Pero sí a donde ella quiera llevarnos! - sonreí anchamente - Además, alguien tendrá que cuidar de mi pequeñín si me pasa algo, y quién mejor que su madrina jeje - solté una risita
Resumen
