14-04-2024, 12:58 PM
Retiré la mirada en cuanto Zorak encontró la mía y me dedicó una pequeña sonrisa antes de desviarla él también. Ese gesto me hirvió la sangre, me encogió el estómago. Pero mantuve mi voluntad de parecer un témpano de hielo, así que logré no dejar escapar nada de esto al exterior.
Con respecto al resto, si habían estado hablando de algo en mi ausencia, no podía saberlo, porque la conversación pareció dirigirse a mí. No me extrañó: al fin y al cabo, yo era el nexo de unión entre aquellos tres y era muy fácil que pudieran sentirse incómodos, haber estado hablando del tiempo —típico— o de cualquier otra banalidad para hacer añicos un posible silencio desagradable. En situaciones así, la gente que ocupaba mi puesto solía comportarse como anfitriona, pero nada más lejos de mis intenciones: que hicieran lo que les viniese en gana (siempre y cuando respetasen lo que se debía respetar).
Entonces, Kisuke fue Kisuke de nuevo y volvió a hacer referencia a un mapache cuando se dirigió a mí.
—Créeme, si hubiese ido a cagar, os habríais enterado —solté ante su comentario. Pese a que consideraba privadas ese tipo de cosas, yo no era ninguna señorita y de vez en cuando había que dejarlo claro.
No obstante, la broma —o no— de Kisuke, ayudó a que mi ebullición interna se calmase. Me caía bien aquel tipo.
Luego, nos instó a comer, aunque Eaa me pidió esperar antes de probar bocado. No había problema, la lasagna ya se habría enfriado (a pesar de la agradable temperatura de ese día), y qué menos que esperar a quien me había esperado a mí aun sin saber por qué yo había desaparecido. La pelirroja, a continuación, apareció con bebidas y las dejó en los barriles. Como siempre, muy atenta a los detalles.
Con respecto al resto, si habían estado hablando de algo en mi ausencia, no podía saberlo, porque la conversación pareció dirigirse a mí. No me extrañó: al fin y al cabo, yo era el nexo de unión entre aquellos tres y era muy fácil que pudieran sentirse incómodos, haber estado hablando del tiempo —típico— o de cualquier otra banalidad para hacer añicos un posible silencio desagradable. En situaciones así, la gente que ocupaba mi puesto solía comportarse como anfitriona, pero nada más lejos de mis intenciones: que hicieran lo que les viniese en gana (siempre y cuando respetasen lo que se debía respetar).
Entonces, Kisuke fue Kisuke de nuevo y volvió a hacer referencia a un mapache cuando se dirigió a mí.
—Créeme, si hubiese ido a cagar, os habríais enterado —solté ante su comentario. Pese a que consideraba privadas ese tipo de cosas, yo no era ninguna señorita y de vez en cuando había que dejarlo claro.
No obstante, la broma —o no— de Kisuke, ayudó a que mi ebullición interna se calmase. Me caía bien aquel tipo.
Luego, nos instó a comer, aunque Eaa me pidió esperar antes de probar bocado. No había problema, la lasagna ya se habría enfriado (a pesar de la agradable temperatura de ese día), y qué menos que esperar a quien me había esperado a mí aun sin saber por qué yo había desaparecido. La pelirroja, a continuación, apareció con bebidas y las dejó en los barriles. Como siempre, muy atenta a los detalles.
A mis ojos, el día parecía mejorar.
O no.
Eaa había comenzado con una retahíla de frases que comparaba a los mapaches y a los pandas, argumentando que yo debería ser un panda y no un mapache, siempre que no fuese un buitre. O algo así. A medida que sus palabras avanzaban, mis cejas se alzaban más, hasta dejar en mi rostro una expresión de absoluta perplejidad ante lo que acababa de oír. Era algo así como un debate sobre el animal que me correspondía.
Eaa, visiblemente, estaba cada vez más nerviosa. Dejé escapar un suspiro largo y sonoro. Bebí de la jarra esperando encontrarme con más cerveza, pero resultó ser uno de los recipientes de agua que la semioni acababa de traer. ¿Cómo se afrontaban las cosas con agua? Una pregunta cuya respuesta se me escapaba. Pero fue agradable que, para variar, esa bebida descendiese, fría, por mi garganta.
Ya que la pelirroja estaba aquí, y puesto que necesitaba ocupar mis manos con algo, pinché un trozo de la lasagna con el tenedor y me la llevé a la boca. No importaba cuántas veces la comiese, ese plato siempre resultaba un estímulo brutal para mi paladar y parecía que Eaa se había vuelto experta en cocinarlo. Maravilloso.
—Dar miedo y rebuscar en la basura —repetí—, al final va a resultar que me acerco más a un mapache que a un panda. Lo siento, Eaa. Aunque tampoco me puedo fiar mucho de las palabras de una cabrona y un gorila. —Los miré significativamente a ambos. Engullí un par de trozos más de la lasagna antes de dirigirme a Kisuke—: ¿Qué tal te ha ido todo este tiempo? ¿Cómo has estado?
Me moría de ganas de preguntarle acerca del Ejército Revolucionario, de confirmar la teoría que mi cerebro había elaborado al encontrarlos en Pueblo Engan, pero no quería hablar de ello abiertamente. Por Eaa, pero también por el otro tipo pelirrojo. Hay información que no debe darse a la ligera y, de hacerlo, debe nacer del protagonista. En cualquier caso, era agradable poder encontrarme de nuevo con quien me salvó de una muerte por calcinación.
Con ellos dos a mi lado, era más fácil calmar a mis demonios.
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