17-04-2024, 12:16 PM
(Última modificación: 17-04-2024, 12:16 PM por Maeve Knox.)
Vi cómo la taza de café que Eaa le había dejado a Zorak comenzaba a desplazarse por el aire hasta llegar a él. Si fuese cualquier otra persona, me habría extrañado, pero él... bueno, no sabía cómo lo había hecho, pero conocía sus habilidades con el ilusionismo. Aunque esto parecía más que ilusionismo. En cualquier caso, pensé que se trataría de algún truco barato de los suyos y no le di más importancia. De hecho, me molestaba dedicar mi tiempo, aunque fueran segundos, a cualquier cosa que hiciera.
Como llamarme monstruo.
Enésimo vuelco en el estómago.
Iba a responderle, a soltarle que nadie le había invitado a la conversación, pero decidí simplemente ignorarlo. La ausencia de reacción a veces pesa más que la presencia, aunque me llevase toda mi voluntad conseguirlo. No me lo tomé como una falta de respeto, sino más bien una referencia a aquella conversación, que ahora parecía pertenecer a un siglo remoto, donde aquella palabra tomó especial significado. Que se atreviese a usarla después de todo...
Como llamarme monstruo.
Enésimo vuelco en el estómago.
Iba a responderle, a soltarle que nadie le había invitado a la conversación, pero decidí simplemente ignorarlo. La ausencia de reacción a veces pesa más que la presencia, aunque me llevase toda mi voluntad conseguirlo. No me lo tomé como una falta de respeto, sino más bien una referencia a aquella conversación, que ahora parecía pertenecer a un siglo remoto, donde aquella palabra tomó especial significado. Que se atreviese a usarla después de todo...
—Tranquila, Eaa —me sorprendí diciendo cuando le respondió a Zorak; parecía que no le hacía gracia el comportamiento de este con sus trucos—, jugar es precisamente lo que más hacemos en el barco. —¿Por qué decía eso? Obviamente, era una guiño a nuestros tiempos de ocio, cuando los teníamos, allí. La cuestión era: ¿por qué lo defendía? No, me dije, no lo estaba defendiendo, sino que trataba de que el humor de la chica no se estropeara. Pero entonces, la semioni lo volvió a hacer, ante lo cual me vi obligada a intervenir—: Sí, hasta donde yo sé, soy libre de decidir, pero también de responder. No necesito que nadie lo haga por mí.
Respiré hondo, procurando una vez más que nada atravesara mi barrera.
Respiré hondo, procurando una vez más que nada atravesara mi barrera.
Ella se quejó de que la estaba mirando de no sé qué forma. Y realmente no fui consciente de mi expresión, pero se debió de notar que acompañó a mis palabras. Ella lo pilló al vuelo, pues volvió a disculparse.
Suspiré otra vez. Putas interacciones sociales.
Decidí entonces enfocarme en Kisuke, en lo que decía. Su explicación sobre el mapache remontaba a nuestra aventura en East Ballywood. Tampoco es que necesitase seguir hablando de qué animal era yo, la verdad. No era una conversación de mi agrado normalmente —bien sabía Eaa lo que pensaba sobre el famoso panda—, y ese día mucho menos.
Después, sonreí ante la confirmación de Kisuke sobre su pertenencia al Ejército Revolucionario. No lo dijo textualmente, no esperaba menos, pero él comprendió y yo comprendí. Y no solo eso, sino que ya había estado haciendo sus trabajos limpiando un poco de mierda el mundo. Obvio. Lo que me hizo pensar en que, tal vez, algún día nos encontrásemos a nuestros bandos enfrentados. En fin, ese sería un problema para mi yo futuro, no merecedor de que me preocupase por él ese día en concreto.
Había preguntado que si llevábamos mucho navegando juntas. Cuando pensaba que Eaa le respondería a eso, comenzó a irse por las ramas a raíz de la palabra de Zorak, "monstruo". Sus halagos volvieron a hacerme mirar a otro lado. En esta ocasión, encontré el punto interesante en algún lugar de las velas negras de nuestro navío. Hablar sobre crímenes en presencia de un agente del Ejército Revolucionario (y mis sospechas de otro) era, sin duda, algo a lo que prestar atención, incluso cuando Eaa no especificó cuáles eran esos crímenes. Claro que ella no sabía la identidad de quienes tenía delante. Luego habló acerca de cuando nos conocimos, incluyendo a Peteiro, y cuando compartimos habitación. Era demasiado fácil sacar esas frases de contexto si no se conocía este, aunque lo cierto era que no me podía importar menos lo que pudieran pensar al respecto.
Recordaba esos días con cariño, dijo.
Envidié a Eaa por ello, por ser capaz de sentir algo genuinamente feliz en ese momento.
Y me alegré por Kisuke, por haber conseguido su objetivo.
Abandoné el interesantísimo punto con la mirada y la fijé en el antiguo pescador.
—Navegamos juntos desde hace un par de estaciones. Como ves —alcé mis brazos en cruz, abarcando La Rémora Fatua—, no me ha ido mal. He descubierto que viajar en compañía no es tan malo. Ellos son los culpables. Y, como os dije en el pueblo, nuestra intención es marchar hacia Grand Line, donde haremos que las cosas vayan aún mejor. Un buen plan, ¿verdad?
Quería hacer referencia a algo de lo que había dicho Eaa, pero no llevaba bien los halagos. No si procedían de una lengua sincera y no simplemente por inflar mi ego.
—No esperaba que os conocierais. —Señalé entonces a Zorak con un fugaz gesto de cabeza—. Qué pequeño es el mundo.
No quería hablar de nada donde él tuviese que intervenir, pero si quería reconducir la imagen que estaba dando, debía fingir que nada de eso me importaba. O que, precisamente, me importaba.
Ah, coño, qué difícil todo.
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