25-04-2024, 09:50 AM
(Última modificación: 25-04-2024, 09:52 AM por Maeve Knox.)
¿He comentado alguna vez que se me da peor que mal manejar ciertas emociones?
En realidad, no hace falta decirlo, tan solo hay que echarle un ojo a mi comportamiento en según qué ocasiones. Y aquel día, por enésima vez, sentí que la situación me sobrepasaba.
¿Acaso estaba Zorak bromeando? ¿Cómo cojones se atrevía a algo así? No sé de qué me sorprendía, en realidad, si desde que había aparecido se comportaba como si no me hubiese dejado nunca en la mierda.
¿Y acaso estaba... flirteando con Eaa? "Es bastante guapa". ¿A qué mierdas estaba jugando? ¿No había tenido suficiente con lo que me había hecho y ahora volvía a por más?
¿Y acaso lo que estaba viendo era que Eaa le había guiñado el ojo? Apenas presté atención a las palabras que habían acompañado a ese gesto, tal vez la cosa habría cambiado de haberlo hecho, pero... simplemente no sucedió.
Descubrí que aquellas sensaciones en ebullición que sentía en el centro de mi pecho eran celos. ¿Cómo podía sentir putos celos por alguien que me había hecho tanto daño? No se lo merecía. No se merecía de mí nada más allá de la indiferencia, pero era puto incapaz, pues me hacía sentir de todo excepto indiferencia. Y Eaa... Bueno, ella no sabía quién era él, pero... mi cabeza había vuelto a entrar en el bucle del pensamiento distorsionado.
Lo único que me salió fue mirar a Kisuke. Quise, deseé que verlo a él, que percibir su tranquilidad habitual me ayudase a conseguir la mía. Intenté centrarme en su respuesta sobre Ballywood, en la alusión al "basurero", en lo raro que era que ambos me conocieran. Preguntó sobre Mandarina. Ni siquiera la mención al pequeño felino me ayudó a no cerrar los puños.
¿Por qué sentía celos, si durante estos cuatro años había hecho lo que me había venido en gana con quien me había venido en gana? Cierto, porque no había sido en su cara. Aunque ganas no me habrían faltado si hubiese tenido la oportunidad. Pero, si de verdad le importaba a ese chico la mierda que yo creía que le importaba, le habría sudado los cojones que me comportase así delante de él, acercándome con intenciones claras a otras personas.
Sentí un impulso titánico de hacerle lo mismo, de aproximarme a Kisuke con actitud provocativa. Pero, en primer lugar, mi amigo no se merecía que lo utilizase como a un mero objeto; en segundo, y por cómo era él, dudaba que entrase al juego.
En realidad, no hace falta decirlo, tan solo hay que echarle un ojo a mi comportamiento en según qué ocasiones. Y aquel día, por enésima vez, sentí que la situación me sobrepasaba.
¿Acaso estaba Zorak bromeando? ¿Cómo cojones se atrevía a algo así? No sé de qué me sorprendía, en realidad, si desde que había aparecido se comportaba como si no me hubiese dejado nunca en la mierda.
¿Y acaso estaba... flirteando con Eaa? "Es bastante guapa". ¿A qué mierdas estaba jugando? ¿No había tenido suficiente con lo que me había hecho y ahora volvía a por más?
¿Y acaso lo que estaba viendo era que Eaa le había guiñado el ojo? Apenas presté atención a las palabras que habían acompañado a ese gesto, tal vez la cosa habría cambiado de haberlo hecho, pero... simplemente no sucedió.
Descubrí que aquellas sensaciones en ebullición que sentía en el centro de mi pecho eran celos. ¿Cómo podía sentir putos celos por alguien que me había hecho tanto daño? No se lo merecía. No se merecía de mí nada más allá de la indiferencia, pero era puto incapaz, pues me hacía sentir de todo excepto indiferencia. Y Eaa... Bueno, ella no sabía quién era él, pero... mi cabeza había vuelto a entrar en el bucle del pensamiento distorsionado.
Lo único que me salió fue mirar a Kisuke. Quise, deseé que verlo a él, que percibir su tranquilidad habitual me ayudase a conseguir la mía. Intenté centrarme en su respuesta sobre Ballywood, en la alusión al "basurero", en lo raro que era que ambos me conocieran. Preguntó sobre Mandarina. Ni siquiera la mención al pequeño felino me ayudó a no cerrar los puños.
¿Por qué sentía celos, si durante estos cuatro años había hecho lo que me había venido en gana con quien me había venido en gana? Cierto, porque no había sido en su cara. Aunque ganas no me habrían faltado si hubiese tenido la oportunidad. Pero, si de verdad le importaba a ese chico la mierda que yo creía que le importaba, le habría sudado los cojones que me comportase así delante de él, acercándome con intenciones claras a otras personas.
Sentí un impulso titánico de hacerle lo mismo, de aproximarme a Kisuke con actitud provocativa. Pero, en primer lugar, mi amigo no se merecía que lo utilizase como a un mero objeto; en segundo, y por cómo era él, dudaba que entrase al juego.
Sentí que estallaría de un momento a otro.
Así pues, solo me quedaba hacer lo único que se me ocurría en aquel preciso instante. La opción más cobarde.
Sin previo aviso, mi transformación en buitre blanco sucedió en el acto. Batí las alas con fuerza y me elevé en el aire. Tomé rumbo a la isla y, con la mayor velocidad que fui capaz de alcanzar, me adentré en esta. No sabía destino ni me importaba, tan solo quería alejarme del barco, de ellos, de todo.
Todas las emociones, todos los sentimientos me machacaban como el peor de mis enemigos y ni siquiera sabía por dónde empezar para solucionarlo, para sacarlos de mí y lograr, así, dejar de comportarme como una puta loca y dejar de sentirme como la peor de las mierdas.
INFORMACIÓN
