[personajeinvalido=907]
La pelea continuaba y yo no pensaba perderme ni un solo movimiento más. La chica del pelo morado me respondió comentando que ella tampoco sabia que había pasado exactamente y que le era también muy difícil los movimientos de aquellas dos bestias, la alada era capaz de desplazarse no solo por el aire, sino también a través del suelo, seguramente fruto del poder de alguna fruta del diablo: no obstante el cabeza cubo parecía seguro de si mismo y consciente como todos ya en la arena menos tal vez los más recelosos y patriotas de aquella nación de las nubes de su inmenso poder. Dijo algo en alto, seguramente el nombre de alguna técnica, que no pude escuchar con el ruido que había en aquel momento, con el público tanto o más emocionado como yo ante la pelea, incluso me pareció escuchar una balada cantada por mi nuevo rival, animando al enmascarado ¿Se conocerían?
De nuevo una ola de calor, pero esta vez mucho más fuerte, llego hasta las gradas y quemando el aire, de manera que incluso se podía visualizar en el ambiente el calor que aquel ser inhumano desprendía, como cuando abres el horno. Aquel calor hacía casi imposible el respirar, incluso para mí, que era capaz de convertirme en un ser envuelto en llamas, aunque las mías no quemaban; Tras aquel horno humano, esta vez sí que pude ver como aquel enorme ser de alas negras, caía desplomado y derrotado sin poder haber podido más que dar un pequeño golpe, a pesar de la increíble velocidad y fuerza de la que disponía. Yojimbro había caído derrotado sin remedio y afortunadamente, Shonen no era un pirata, sino de los buenos, de los que les daban caza. Mucho tenía que mejorar si quería mantener la promesa que había realizado hace solo unos instantes, aunque parecía que habían pasado ya meses desde mi pelea.
Sin embargo, aquel mercenario cazapiratas no parecía estar satisfecho, levanto su arma llameante y exclamo gritando a la arena sus intenciones. Cometer un asesinato en directo, declarando la guerra a toda una nación y sin motivo aparente. No, no era de los buenos, aquel tipo era un auténtico psicópata y había que detenerlo. No había recibido orden alguna, no era un pirata buscado y además, aquel monstruo era mucho más fuerte y rápido que yo, pero todo aquello no importaba, estaba cerca y podía evitarlo, tenía que evitar aquel acto de guerra y violencia. No tenía ningún sentido derramar más sangre y desde luego. No era justo. Aparté a los marines que tenía delante dándome cuenta de que aquella mujer que me acompañaba en la pelea ya no estaba presente y ante los gritos e incluso llantos de terror del público, que exclamaba pidiendo que aquel acto no se realizara, decidí actuar, corriendo hacia la arena y preparándome una vez más para entrar en mi forma hibrida. Sin embargo, no era yo quien estaba destinada a parar esa arma, no era yo quien iba a morir ese día.
No sé muy bien lo que paso entonces, pero algo llego de la nada y detuvo el golpe era una especie de mono gigantesco y de fuego, mucho más grande que yo en mi forma completa, detuvo sin problemas al que hasta ahora me parecía el ser más inalcanzable sobre la faz de la tierra y una frase salió de sus labios, de repente todo se nubló, sentí una especie de impacto seco y como el mundo se desvanecía ante mis ojos ¿Tan pronto había olvidado mi promesa?. Intenté resistir sin éxito, no llegue a transformarme y caí rendida sobre la arena, a la que todavía no había llegado. No entendía nada, solo que no era nadie en este mundo lleno de poderosas e increíbles bestias. Lo siento Joe, chicos, no estoy a la altura de vosotros.
La pelea continuaba y yo no pensaba perderme ni un solo movimiento más. La chica del pelo morado me respondió comentando que ella tampoco sabia que había pasado exactamente y que le era también muy difícil los movimientos de aquellas dos bestias, la alada era capaz de desplazarse no solo por el aire, sino también a través del suelo, seguramente fruto del poder de alguna fruta del diablo: no obstante el cabeza cubo parecía seguro de si mismo y consciente como todos ya en la arena menos tal vez los más recelosos y patriotas de aquella nación de las nubes de su inmenso poder. Dijo algo en alto, seguramente el nombre de alguna técnica, que no pude escuchar con el ruido que había en aquel momento, con el público tanto o más emocionado como yo ante la pelea, incluso me pareció escuchar una balada cantada por mi nuevo rival, animando al enmascarado ¿Se conocerían?
De nuevo una ola de calor, pero esta vez mucho más fuerte, llego hasta las gradas y quemando el aire, de manera que incluso se podía visualizar en el ambiente el calor que aquel ser inhumano desprendía, como cuando abres el horno. Aquel calor hacía casi imposible el respirar, incluso para mí, que era capaz de convertirme en un ser envuelto en llamas, aunque las mías no quemaban; Tras aquel horno humano, esta vez sí que pude ver como aquel enorme ser de alas negras, caía desplomado y derrotado sin poder haber podido más que dar un pequeño golpe, a pesar de la increíble velocidad y fuerza de la que disponía. Yojimbro había caído derrotado sin remedio y afortunadamente, Shonen no era un pirata, sino de los buenos, de los que les daban caza. Mucho tenía que mejorar si quería mantener la promesa que había realizado hace solo unos instantes, aunque parecía que habían pasado ya meses desde mi pelea.
Sin embargo, aquel mercenario cazapiratas no parecía estar satisfecho, levanto su arma llameante y exclamo gritando a la arena sus intenciones. Cometer un asesinato en directo, declarando la guerra a toda una nación y sin motivo aparente. No, no era de los buenos, aquel tipo era un auténtico psicópata y había que detenerlo. No había recibido orden alguna, no era un pirata buscado y además, aquel monstruo era mucho más fuerte y rápido que yo, pero todo aquello no importaba, estaba cerca y podía evitarlo, tenía que evitar aquel acto de guerra y violencia. No tenía ningún sentido derramar más sangre y desde luego. No era justo. Aparté a los marines que tenía delante dándome cuenta de que aquella mujer que me acompañaba en la pelea ya no estaba presente y ante los gritos e incluso llantos de terror del público, que exclamaba pidiendo que aquel acto no se realizara, decidí actuar, corriendo hacia la arena y preparándome una vez más para entrar en mi forma hibrida. Sin embargo, no era yo quien estaba destinada a parar esa arma, no era yo quien iba a morir ese día.
No sé muy bien lo que paso entonces, pero algo llego de la nada y detuvo el golpe era una especie de mono gigantesco y de fuego, mucho más grande que yo en mi forma completa, detuvo sin problemas al que hasta ahora me parecía el ser más inalcanzable sobre la faz de la tierra y una frase salió de sus labios, de repente todo se nubló, sentí una especie de impacto seco y como el mundo se desvanecía ante mis ojos ¿Tan pronto había olvidado mi promesa?. Intenté resistir sin éxito, no llegue a transformarme y caí rendida sobre la arena, a la que todavía no había llegado. No entendía nada, solo que no era nadie en este mundo lleno de poderosas e increíbles bestias. Lo siento Joe, chicos, no estoy a la altura de vosotros.
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