01-05-2024, 12:23 PM
(Última modificación: 01-05-2024, 12:24 PM por Max D. Bambú.)
[personajeinvalido=907]
No importaban las estrategias del lunarian. Daba igual si se hundía en la tierra para salir de nuevo y atacar al enmascarado o si empezaba a volver para irle por un ángulo especialmente difícil. Sohem parecía ser capaz de reaccionar a todo mientras continuaba emitiendo un calor constante y asfixiante. Asfixiante incluso en el área de las gradas, tan lejos de la pelea como estaban. ¿Cómo sería aquel calor en el cuerpo a cuerpo? ¿Qué clase de poder había consumido aquel cazador? Una fruta que daba el poder de generar calor no sonaba tan fuerte. En las manos equivocadas serviría únicamente de estufa portátil. Sin embargo, en las manos hábiles de aquel sujeto era un putísimo volcán en activo. Uno de los momentos claves del combate fue cuando Yojimbo recibió un kanabazo en la rodilla y se hundió en el suelo bajo aparentemente inmensos dolores. Sin embargo, emergió poco después asestando el primer golpe por su parte al enmascarado, que cayó el suelo derribado. Una camisa impactó en la cara del panda, que estaba completamente centrado en el combate, absorto en sus pensamientos acerca del cazador y la amenaza que representaba para su organización. —Chavales un poco de seriedad. —Le estaba pidiendo peras al olmo. Dejó la camisa a un lado y continuó mirando a ver qué pasaba a continuación. La balanza del combate parecía estar inclinándose en favor del lunarian. Parecía, claro. Sólo un idiota pensaría que un golpe como aquel contrarrestaría todo lo que había sufrido el lunarian como si nada. No... Aquello era el pequeño momento triunfal del bando perdedor antes de sufrir la ira de los que ganan. Yojimbo emergió a espaldas del enmascarado gritando el nombre de lo que parecía ser su técnica icónica. Su puño, sin embargo, no encontró objetivo. Lo que si encontró al salir del suelo fue una extenuante ola de calor, redoblada en su intensidad, que derribó instantáneamente al lunarian. —Ya terminó. —Dijo el panda, queriendo girarse hacia Garnet y Sasha que estaban montando el espectáculo de sus vidas. Sin embargo, antes de girarse hacia sus compañeros notó algo raro. —...¿verdad? —Pero no había terminado.
A pesar de que Yojimbo yacía derribado e inconsciente en el suelo, Sohem caminaba lentamente hacia él. La energía que desprendía a su paso era fácil de interpretar. Don Bambú había visto a muchas personas a las que no les tiembla el pulso a la hora de matar. Las gradas no tardaron en darse cuenta, más aún cuando Sohem alzó su bate metálico hacia los cielos y proclamaba la muerte de un Dios. El panda enmudeció ante la barbarie que estaba acaeciendo. El brazo del enmascarado descendió con todas su fuerzas y...
Y entonces intervino una leyenda. Ni siquiera pudo ver cómo llegaba, pero la figura llameante de Zarutsuki apareció en escena como si se hubiera teletransportado y desvió el ataque de Sohem sin aparente dificultad. Después, se irguió cuan alto era y le dijo algo al enmascarado con total seriedad. Acto seguido una poderosa energía invisible llenó todo el escenario. ¿Qué clase de poder era aquel? Todo el cuerpo del panda empezó a temblar ante la presión que ahora se ejercía sobre él. Notó cómo su consciencia quería desvanecerse, pero algo en su interior se lo impidió. Un fuego invisible ardió en su pecho y contrarrestó la increíble presión ejercida por el Emperador, sosteniendo la consciencia del panda. Notó cómo a su izquierda un cuerpo se precipitaba hacia el suelo, así que extendió instintivamente su brazo para sostenerlo y capturó, sin esperárselo, a Garnet. Al parecer el pelirrojo había caído inconsciente ante la presión, mas no sólo él, sino que prácticamente todo el público de las gradas estaba perdiendo la consciencia. —¿Qué es esto? —Le preguntó al aire. Apoyó a Garnet con cuidado sobre los bancos de las gradas y se irguió para ver si alguien más seguía en pie y qué pasaba a continuación. Incluso el dirigente y los Custodios estaban ahora en el suelo y allí, en el centro de la arena, la figura regia de Zarutsuki se alzaba sobre todas las demás. Ahora más que nunca Zarutsuki parecía un auténtico emperador.
No importaban las estrategias del lunarian. Daba igual si se hundía en la tierra para salir de nuevo y atacar al enmascarado o si empezaba a volver para irle por un ángulo especialmente difícil. Sohem parecía ser capaz de reaccionar a todo mientras continuaba emitiendo un calor constante y asfixiante. Asfixiante incluso en el área de las gradas, tan lejos de la pelea como estaban. ¿Cómo sería aquel calor en el cuerpo a cuerpo? ¿Qué clase de poder había consumido aquel cazador? Una fruta que daba el poder de generar calor no sonaba tan fuerte. En las manos equivocadas serviría únicamente de estufa portátil. Sin embargo, en las manos hábiles de aquel sujeto era un putísimo volcán en activo. Uno de los momentos claves del combate fue cuando Yojimbo recibió un kanabazo en la rodilla y se hundió en el suelo bajo aparentemente inmensos dolores. Sin embargo, emergió poco después asestando el primer golpe por su parte al enmascarado, que cayó el suelo derribado. Una camisa impactó en la cara del panda, que estaba completamente centrado en el combate, absorto en sus pensamientos acerca del cazador y la amenaza que representaba para su organización. —Chavales un poco de seriedad. —Le estaba pidiendo peras al olmo. Dejó la camisa a un lado y continuó mirando a ver qué pasaba a continuación. La balanza del combate parecía estar inclinándose en favor del lunarian. Parecía, claro. Sólo un idiota pensaría que un golpe como aquel contrarrestaría todo lo que había sufrido el lunarian como si nada. No... Aquello era el pequeño momento triunfal del bando perdedor antes de sufrir la ira de los que ganan. Yojimbo emergió a espaldas del enmascarado gritando el nombre de lo que parecía ser su técnica icónica. Su puño, sin embargo, no encontró objetivo. Lo que si encontró al salir del suelo fue una extenuante ola de calor, redoblada en su intensidad, que derribó instantáneamente al lunarian. —Ya terminó. —Dijo el panda, queriendo girarse hacia Garnet y Sasha que estaban montando el espectáculo de sus vidas. Sin embargo, antes de girarse hacia sus compañeros notó algo raro. —...¿verdad? —Pero no había terminado.
A pesar de que Yojimbo yacía derribado e inconsciente en el suelo, Sohem caminaba lentamente hacia él. La energía que desprendía a su paso era fácil de interpretar. Don Bambú había visto a muchas personas a las que no les tiembla el pulso a la hora de matar. Las gradas no tardaron en darse cuenta, más aún cuando Sohem alzó su bate metálico hacia los cielos y proclamaba la muerte de un Dios. El panda enmudeció ante la barbarie que estaba acaeciendo. El brazo del enmascarado descendió con todas su fuerzas y...
Y entonces intervino una leyenda. Ni siquiera pudo ver cómo llegaba, pero la figura llameante de Zarutsuki apareció en escena como si se hubiera teletransportado y desvió el ataque de Sohem sin aparente dificultad. Después, se irguió cuan alto era y le dijo algo al enmascarado con total seriedad. Acto seguido una poderosa energía invisible llenó todo el escenario. ¿Qué clase de poder era aquel? Todo el cuerpo del panda empezó a temblar ante la presión que ahora se ejercía sobre él. Notó cómo su consciencia quería desvanecerse, pero algo en su interior se lo impidió. Un fuego invisible ardió en su pecho y contrarrestó la increíble presión ejercida por el Emperador, sosteniendo la consciencia del panda. Notó cómo a su izquierda un cuerpo se precipitaba hacia el suelo, así que extendió instintivamente su brazo para sostenerlo y capturó, sin esperárselo, a Garnet. Al parecer el pelirrojo había caído inconsciente ante la presión, mas no sólo él, sino que prácticamente todo el público de las gradas estaba perdiendo la consciencia. —¿Qué es esto? —Le preguntó al aire. Apoyó a Garnet con cuidado sobre los bancos de las gradas y se irguió para ver si alguien más seguía en pie y qué pasaba a continuación. Incluso el dirigente y los Custodios estaban ahora en el suelo y allí, en el centro de la arena, la figura regia de Zarutsuki se alzaba sobre todas las demás. Ahora más que nunca Zarutsuki parecía un auténtico emperador.
Resumen
