[personajeinvalido=907]
En la arena, otro de los participantes, que no tenía recompensa en teoría, saltó a la escena convirtiendose en una criatura que desconocía. Me apoyé en la barandilla de la primera fila de las gradas y eché el cuerpo adelante para ver más de ello, emocionada tanto por la ejecución como la nueva Akuma desconocida del hombre. Pero al devolver la vista al combate, en lo que apenas había sido un parpadeo, Zarutsuki se hallaba entre ambos combatientes y parecía haber repelido el ataque del cazador.
—Tsch… —chasqueé la lengua, fastidiada por la interrupción de la ejecución.
Apreté con fuerza la barandilla, el calor que sentía en el cuerpo parecía estar convirtiéndose en ira, pues después de aquella última escena sentía la necesidad de hacer algo yo misma. Realmente Sohem parecía alguien capaz y con el resto de mi División y las tropas que habíamos traído, sumándolo al cazador y su supuesto grupo, tal vez podríamos plantar cara al Shichibukai y a los piratas que había en las gradas todavía. Zarutsuki sería un hueso duro de roer, si había parado el combate sin esfuerzo aparente, probablemente yo no sería rival para él, pero había más personas que tal vez podrían encararlo. Desde que había llegado a Skypiea, todo habían sido malas noticias. Llegamos al lugar supuestamente engañados, pues la misión que nos habían encomendado no tenía nada de misión. Después, descubrí que el emperador de la isla era un maldito Shichibukai, un pirata que gozaba de una inmerecida protección de la ley. Poco después, resultó que la mayoría de los participantes eran piratas y además con una buena recompensa detrás. Quizás en un inicio podía ser divertido, lo cierto era que me encantaría poder echarles el guante a todos ellos y acabar con sus miserables vidas de ratas inmundas, pero es que encima mis compañeros actuaban como si no pasara nada, en apariencia llevándose bien con los susodichos malnacidos. ¿Qué se suponía que debía hacer en una situación como aquella? Había aprovechado el tiempo para recabar información muy valiosa sobre todos ellos, pero de nada servía si no se pasaba a la acción.
Miré a mi alrededor, buscando al resto de mis compañeros. Alcancé a ver a Karl, corriendo hacia la arena decidida. Sonreí al ver que mi compañera parecía dispuesta a batallar y salté yo misma por encima de la barandilla para unirme a ella. Aterricé apoyando una rodilla en el suelo y al levantar la cabeza para erguirme, sentí como si un vendaval golpease mi cuerpo proveniente del centro del área de combate, sintiendo mi cabellera revolotear tras de mí. “¿Viento?” me pregunté confundida, levantándome con cautela. Pero aquello no había sido viento, era como si la presión hubiera cambiado de golpe e impactado en mí. Era una sensación extraña que jamás había experimentado antes. Lo más confuso de aquello fue que al redirigir mi vista de nuevo hacia Karl, la vi caer desplomada. Corrí hacia ella con toda la velocidad de la que fui capaz, a la vez que vi como el hombre que se había transformado también estaba en el suelo, de nuevo en su forma humana, y también los propios Custodios. Llegué junto a Karl y me agazapé junto a su cuerpo, aliviada al notar que respiraba. Su cuerpo no parecía haber recibido ninguna herida nueva, obviando las de su combate contra Garnet. No era experta en medicina, a mis ojos simplemente parecía estar dormida, así que la dejé en la misma posición.
Despacio, volví a levantarme, recorriendo toda la zona con la mirada.
—Interesante… —murmuré cruzando un brazo bajo el otro y apoyando el mentón en la mano.
Todos los espectadores estaban desplomados en sus sitios y lo que hasta hacía un momento era un lugar lleno de ruido y de vida ahora se había quedado en completo silencio, casi parecía irreal. Pude ver como incluso el Comodoro había sufrido ese extraño efecto. Curiosamente, crucé miradas con alguien que se mantenía en pie, en apariencia confundido y que recorría la mirada por la zona al igual que yo, el mink panda. Parecía que no era la única persona que se había mantenido consciente. Levantando una ceja, miré hacia el Shichibukai preguntándome si él tendría que ver con lo que estaba pasando. De ser así, le había subestimado por completo. En toda la vida, jamás había escuchado de ni una sola akuma capaz de algo así, y la suya para nada tenía esa capacidad. No, tenía que ser otra cosa.
—Realmente interesante… —dije con una suave sonrisa y con una ferviente curiosidad por descubrir más.
En la arena, otro de los participantes, que no tenía recompensa en teoría, saltó a la escena convirtiendose en una criatura que desconocía. Me apoyé en la barandilla de la primera fila de las gradas y eché el cuerpo adelante para ver más de ello, emocionada tanto por la ejecución como la nueva Akuma desconocida del hombre. Pero al devolver la vista al combate, en lo que apenas había sido un parpadeo, Zarutsuki se hallaba entre ambos combatientes y parecía haber repelido el ataque del cazador.
—Tsch… —chasqueé la lengua, fastidiada por la interrupción de la ejecución.
Apreté con fuerza la barandilla, el calor que sentía en el cuerpo parecía estar convirtiéndose en ira, pues después de aquella última escena sentía la necesidad de hacer algo yo misma. Realmente Sohem parecía alguien capaz y con el resto de mi División y las tropas que habíamos traído, sumándolo al cazador y su supuesto grupo, tal vez podríamos plantar cara al Shichibukai y a los piratas que había en las gradas todavía. Zarutsuki sería un hueso duro de roer, si había parado el combate sin esfuerzo aparente, probablemente yo no sería rival para él, pero había más personas que tal vez podrían encararlo. Desde que había llegado a Skypiea, todo habían sido malas noticias. Llegamos al lugar supuestamente engañados, pues la misión que nos habían encomendado no tenía nada de misión. Después, descubrí que el emperador de la isla era un maldito Shichibukai, un pirata que gozaba de una inmerecida protección de la ley. Poco después, resultó que la mayoría de los participantes eran piratas y además con una buena recompensa detrás. Quizás en un inicio podía ser divertido, lo cierto era que me encantaría poder echarles el guante a todos ellos y acabar con sus miserables vidas de ratas inmundas, pero es que encima mis compañeros actuaban como si no pasara nada, en apariencia llevándose bien con los susodichos malnacidos. ¿Qué se suponía que debía hacer en una situación como aquella? Había aprovechado el tiempo para recabar información muy valiosa sobre todos ellos, pero de nada servía si no se pasaba a la acción.
Miré a mi alrededor, buscando al resto de mis compañeros. Alcancé a ver a Karl, corriendo hacia la arena decidida. Sonreí al ver que mi compañera parecía dispuesta a batallar y salté yo misma por encima de la barandilla para unirme a ella. Aterricé apoyando una rodilla en el suelo y al levantar la cabeza para erguirme, sentí como si un vendaval golpease mi cuerpo proveniente del centro del área de combate, sintiendo mi cabellera revolotear tras de mí. “¿Viento?” me pregunté confundida, levantándome con cautela. Pero aquello no había sido viento, era como si la presión hubiera cambiado de golpe e impactado en mí. Era una sensación extraña que jamás había experimentado antes. Lo más confuso de aquello fue que al redirigir mi vista de nuevo hacia Karl, la vi caer desplomada. Corrí hacia ella con toda la velocidad de la que fui capaz, a la vez que vi como el hombre que se había transformado también estaba en el suelo, de nuevo en su forma humana, y también los propios Custodios. Llegué junto a Karl y me agazapé junto a su cuerpo, aliviada al notar que respiraba. Su cuerpo no parecía haber recibido ninguna herida nueva, obviando las de su combate contra Garnet. No era experta en medicina, a mis ojos simplemente parecía estar dormida, así que la dejé en la misma posición.
Despacio, volví a levantarme, recorriendo toda la zona con la mirada.
—Interesante… —murmuré cruzando un brazo bajo el otro y apoyando el mentón en la mano.
Todos los espectadores estaban desplomados en sus sitios y lo que hasta hacía un momento era un lugar lleno de ruido y de vida ahora se había quedado en completo silencio, casi parecía irreal. Pude ver como incluso el Comodoro había sufrido ese extraño efecto. Curiosamente, crucé miradas con alguien que se mantenía en pie, en apariencia confundido y que recorría la mirada por la zona al igual que yo, el mink panda. Parecía que no era la única persona que se había mantenido consciente. Levantando una ceja, miré hacia el Shichibukai preguntándome si él tendría que ver con lo que estaba pasando. De ser así, le había subestimado por completo. En toda la vida, jamás había escuchado de ni una sola akuma capaz de algo así, y la suya para nada tenía esa capacidad. No, tenía que ser otra cosa.
—Realmente interesante… —dije con una suave sonrisa y con una ferviente curiosidad por descubrir más.
Resumen
