02-05-2024, 12:55 PM
[personajeinvalido=907]
-¡TIERRA DO…! ¡Agh! - luché por gritar, pero mi voz se perdía en un susurro ahogado, mientras sentía que mil soles abrasaban mi garganta. - ¿¡Q… qué!? - mi mente turbada apenas podía articular un pensamiento coherente. Apreté los dientes con fuerza, escupiendo sangre y cayendo al suelo, derrotado.
Me encontraba tumbado en la arena, cada movimiento que hacía era un tormento, hasta las ráfagas de viento las notaba como latigazos sobre mi piel. Aunque mi espíritu aún anhelaba levantarse y continuar la lucha, mis extremidades se negaban a obedecer. ¿Sería este mi destino final? Mis ojos, inyectados en sangre y rebosantes de furia homicida, observaban como, el que antaño fue el verdugo de Peixe se alzaba ahora como el mío. Clamando a los cuatro vientos que hoy caía un dios alzó su garrote hacia el cielo y lo prendió en llamas. Esa sería mi sentencia: morir en un coliseo, rodeado de espectadores que gritaban, siendo el protagonista de un macabro espectáculo, aplastado por un garrote en llamas a manos del hombre que arrebató la vida a mi amigo, frente a todos mis compañeros. Cerré los ojos con serenidad y con una sonrisa en mis labios, resignado porque ahora mi voluntad estaba en sus manos, en las manos de los Alas Negras. Y aunque fuera solo para cumplir este loco sueño, Triana sería la siguiente Reina de los Piratas.
Acepté mi destino, no había podido ser el Rey de los Piratas, pero si la llama que ardía en sus corazones y que los movía hacia la libertad. Era curioso como una persona con un sueño tan ambicioso como el mío se conformaba con eso, viajar por el mundo con sus amigos, si eso no era la auténtica libertad…
Pero entonces mis pensamientos se vieron interrumpidos por un fuerte golpe, abrí los ojos y lo pude ver, era el Emperador desviando el golpe de Sohem. Se había tenido que desplazar muy rápido para interceptar la ejecución pública. Y tras una frase digna de su poder emitió de su cuerpo una oleada de poder tan concentrado y tan puro que la gente de la grada comenzó a caer. Notaba como ese poder pasaba a través de mí y, pese a todo, lo podía aguantar. Con un esfuerzo mayúsculo me puse en pie, quedando detrás del Emperador y miré justo donde estaban mis compañeros, todos inconscientes menos Aspros. ¿Él también había podido aguantar este poder? Sin quitarle la vista de encima estiré mi brazo izquierdo hacia él y alcé el pulgar indicándole que estaba bien, pero inmediatamente después caí inconsciente a causa de mis heridas, haciendo que mi propia voluntad me mantuviera en pie.
-¡TIERRA DO…! ¡Agh! - luché por gritar, pero mi voz se perdía en un susurro ahogado, mientras sentía que mil soles abrasaban mi garganta. - ¿¡Q… qué!? - mi mente turbada apenas podía articular un pensamiento coherente. Apreté los dientes con fuerza, escupiendo sangre y cayendo al suelo, derrotado.
Me encontraba tumbado en la arena, cada movimiento que hacía era un tormento, hasta las ráfagas de viento las notaba como latigazos sobre mi piel. Aunque mi espíritu aún anhelaba levantarse y continuar la lucha, mis extremidades se negaban a obedecer. ¿Sería este mi destino final? Mis ojos, inyectados en sangre y rebosantes de furia homicida, observaban como, el que antaño fue el verdugo de Peixe se alzaba ahora como el mío. Clamando a los cuatro vientos que hoy caía un dios alzó su garrote hacia el cielo y lo prendió en llamas. Esa sería mi sentencia: morir en un coliseo, rodeado de espectadores que gritaban, siendo el protagonista de un macabro espectáculo, aplastado por un garrote en llamas a manos del hombre que arrebató la vida a mi amigo, frente a todos mis compañeros. Cerré los ojos con serenidad y con una sonrisa en mis labios, resignado porque ahora mi voluntad estaba en sus manos, en las manos de los Alas Negras. Y aunque fuera solo para cumplir este loco sueño, Triana sería la siguiente Reina de los Piratas.
Acepté mi destino, no había podido ser el Rey de los Piratas, pero si la llama que ardía en sus corazones y que los movía hacia la libertad. Era curioso como una persona con un sueño tan ambicioso como el mío se conformaba con eso, viajar por el mundo con sus amigos, si eso no era la auténtica libertad…
Pero entonces mis pensamientos se vieron interrumpidos por un fuerte golpe, abrí los ojos y lo pude ver, era el Emperador desviando el golpe de Sohem. Se había tenido que desplazar muy rápido para interceptar la ejecución pública. Y tras una frase digna de su poder emitió de su cuerpo una oleada de poder tan concentrado y tan puro que la gente de la grada comenzó a caer. Notaba como ese poder pasaba a través de mí y, pese a todo, lo podía aguantar. Con un esfuerzo mayúsculo me puse en pie, quedando detrás del Emperador y miré justo donde estaban mis compañeros, todos inconscientes menos Aspros. ¿Él también había podido aguantar este poder? Sin quitarle la vista de encima estiré mi brazo izquierdo hacia él y alcé el pulgar indicándole que estaba bien, pero inmediatamente después caí inconsciente a causa de mis heridas, haciendo que mi propia voluntad me mantuviera en pie.
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