Leyenda
La enorme montaña (si es que se le podía llamar montaña) se hacía cada vez más y más grande a medida que nos acercábamos. A lo lejos no pude notarlo, pero pude ver cómo la corriente del mar se dirigía hacia aquel lugar y ascendía de forma antinatural por un canal en el flanco de la masa terrestre. Era como una especie de tobogán natural, pero este subía. Mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo.
La tripulación del barco mercante empezó a prepararse con premura. -No estarán pensando en subir por allí- pensé, pero de inmediato contuve mi duda. ¿De qué otra manera íbamos a entrar al Grand Line con nuestros barcos? Por fin entendí lo que me decía Alfred en sus historias: Solo los más valientes se atreven a entrar al Grand Line. Los más valientes y los más locos, Agregué.
El barco se acercaba cada vez más rápido a la montaña, hasta que de pronto ya no se trató de querer acercarse. La corriente se había apoderado del rumbo de la nave e inevitablemente nos empezó a atraer. Las velas ya no estaban llenas de viento, pues el empuje del mar era mucho mayor. Con señales bastante precisas, los tripulantes del barco se aferraron en sus posiciones y supe que al incorporarnos a la corriente ascendente, el impacto sería inevitable. Y lo fue. La sacudida se sintió en toda la cubierta, era como si un monstruo enorme nos golpeara desde el fondo, pero las maniobras del timonel me hicieron entender que era parte del proceso. Como pude me sostuve de la baranda que estaba a mi derecha y procuré no perder el equilibrio. Por nada del mundo estoy dispuesto a perderme este momento único -Gin, dije. Aunque seguía hablando solo. La magnificencia del momento me hacía muy difícil contener la emoción.
Subimos a toda velocidad aquel canal rodeado de sendos muros de piedra rojiza. Las salvajes aguas nor sobrepasaban por momentos, salpicando sobre la cubierta por ambos lados. Los muros de la montaña pasaban tan cerca de nosotros por instantes, que se no ser porque la velocidad era capaz de dejarte sin manos, habría sido posible tocarla. Las órdenes de la tripulación iban y venían, mientras surfeaban la corriente como si de un esquife se tratara. Esto era sencillamente indescriptible. La emoción, el miedo y la incertidumbre me hicieron sonreir como un niño. Como si el mundo no existiera y solo estuviera aquel lugar y aquel momento Raaahahahaha vamos allá! Esta montaña solo es el comienzo de la aventura-Gin! acerté a decir al viento entre carcajadas.
Mi sonrisa se borró de pronto, cuando la corriente tana bruptamente como nos había succionado, se terminó. ¡El tiempo se congeló y nuestro barco estaba volando! Solo estábamos nosotros y el cielo. Y allí, por un pequeño instante, pude ver a mi alrededor. Allí estaban los 4 mares en el horizonte. El mundo entero unido en un instante. Me sentí tan insignificante, y al mismo tiempo tan agradecido de ser parte de este mundo tan maravilloso.
Otra sacudida. El barcó giró e impactó de nuevo con el agua. Esta vez íbamos en bajada. Habíamos sobrevivido al ascenso y ahora sí nos adentrábamos al Grand Line. Las órdenes seguían y el barco, ahora más veloz incluso de precipitaba montaña abajo. Escuché un enorme estruendo proveniente de detrás, y al voltear vi como otro barco era destrozado por la corriente, estampándole contra el costado del carril, hacia el muro de piedra. Tras los restos de aquel barco venían otros dos: uno igual al nuestro, y tras de este uno diferente, de madera oscura y con velas de distinto color. ¿Qué mierda está pasando? pensé, pero no era momento de preguntas. Nos aproximábamos al final del descenso y vaya que fue notable.
Con una fuerte sacudida salimos del tobogán de la montaña, y nuestro peso levantó una enorme ola al frente que nos roció la cara, haciéndome volver a la realidad. Lo había conseguido. Había entrado al Grand Line. "Así comienza este nuevo capítulo de mi vida. En este mar podré mostrar mi valía finalmente-Gin" me dije, mientras veía pasar los Cabos Gemelos a cada lado. Frente a nosotros se hallaban un grupo de barcos, que supuse serían los dichosos Alas Negras, anfitriones del banquete. Al centro de todo un enorme galeón- Hermoso con velas... ¿blancas? y--- un lobo en el mascarón... Había leído de los Alas Negras antes de aventurarme y aunque no hubiera tenido muchos detalles, si te hacías llamar Alas Negras, decorar tu navío de blanco, usar un mascarón de lobo blanco y un Jolly Roger de un lobo con zarpas no decía precisamente ni Alas ni Negro por ninguna parte. No sé qué estaba pasando, pero debía andarme con mucho cuidado.
Nuestro barco se acercó al Galeón y luego lo hicieron los demás, incluída la goleta que se diferenciaba de las demás. Sin hablar aún con nadie, subí la escalera de mano hacia la cubierta del galeón, entre marineros que cargaban provisiones para el banquete. No supe qué hacer o a dónde dirigirme, pero al momento vi a una mujer que parecía ser la encargada. estaba revisando todo y dirigiendo al personal. Me dispuse a ir hacia ella, cuando vi a dos personas bastante... peculiares abordar la nave por babor: Una criatura enorme, de piel extremadamente blanca que podría sacarme metro y medio al menos de altura, con enormes cuernos y largos cabellos rojos se abría paso a través de la cubierta, seguida de una figura que en comparación se podría llamar como minúscula, pero se trataba de una humana de estatura promedia, aunque su piel también era blanca, al igual que sus cabellos. Todo en aquella mujer parecía estar cubierto de la más blanca nieve, a excepción de su negra vestimenta y del maquillaje de sus ojos. Me detuve al instante, inseguro de lo que podría ocurrir a continuación...
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