10-05-2024, 07:47 AM
Kisuke llevaba ya un rato practicando el Ittoryu con Mangestu y le sorprendía que, a medida que se iba acostumbrando a la katana, su velocidad de reacción y movimientos eran cada vez más rápidos y fluidos. La diferencia de peso con respecto a Yamigiri era evidente.
Aún así era perfectamente consciente de que sus golpes serían ligeramente más débiles. No le importaba. Evidentemente, no existen dos katanas iguales, todas son diferentes y únicas a su manera por lo que era imperioso que se acostumbrase a ella, si quería empezar a usar el nitoryuu.
Kisuke estaba convencido de que el dúo de Yamigiri y Mangetsu iba a reportarle muchos beneficios porque notaba que podían complementarse a la perfección. Pese a ello, era evidente que alcanzar una sincronía perfecta con las dos a la vez iba a ser una ardua tarea. Pero el era pescador, sabía de sobra lo que es el trabajo duro y eso no le asustaba. Para él, era habitual mojarse con la lluvia o el agua del mar, sudar a mares por el esfuerzo, tener callos en las manos de sujetar tanto cabos como cañas o la propia Yamigiri... Todo aquello era el su pan de cada día y, además, su obstinación y determinación a darlo todo siempre, impedían que se diese por vencido y luchase siempre hasta el final por lograr sus objetivos.
Siguió un rato más probando con Mangestu sola haciendo florituras y combos cada vez más enredados y complejos, enlazando movimientos cada vez a mayor ritmo durante mayor tiempo. Iba mejorando, pero aún no era suficiente, seguía pensando demasiado y tenía un freno mental que aún le impedía sincronizarse del todo con su espada. Debía quitar ese freno antes de pasar al siguiente nivel.
Aún así era perfectamente consciente de que sus golpes serían ligeramente más débiles. No le importaba. Evidentemente, no existen dos katanas iguales, todas son diferentes y únicas a su manera por lo que era imperioso que se acostumbrase a ella, si quería empezar a usar el nitoryuu.
Kisuke estaba convencido de que el dúo de Yamigiri y Mangetsu iba a reportarle muchos beneficios porque notaba que podían complementarse a la perfección. Pese a ello, era evidente que alcanzar una sincronía perfecta con las dos a la vez iba a ser una ardua tarea. Pero el era pescador, sabía de sobra lo que es el trabajo duro y eso no le asustaba. Para él, era habitual mojarse con la lluvia o el agua del mar, sudar a mares por el esfuerzo, tener callos en las manos de sujetar tanto cabos como cañas o la propia Yamigiri... Todo aquello era el su pan de cada día y, además, su obstinación y determinación a darlo todo siempre, impedían que se diese por vencido y luchase siempre hasta el final por lograr sus objetivos.
Siguió un rato más probando con Mangestu sola haciendo florituras y combos cada vez más enredados y complejos, enlazando movimientos cada vez a mayor ritmo durante mayor tiempo. Iba mejorando, pero aún no era suficiente, seguía pensando demasiado y tenía un freno mental que aún le impedía sincronizarse del todo con su espada. Debía quitar ese freno antes de pasar al siguiente nivel.
