15-05-2024, 06:02 PM
Kisuke seguía practicando a un ritmo altísimo. Sus movimientos iban adquiriendo una velocidad, fluidez y coordinación mayor a cada rato, iba notando cada vez menos el peso de Mangetsu y su mente iba poco a poco automatizando más y más sus respuestas, lo que agilizaba sus tiempos de reacción y la rapidez de sus acciones.
"Bien me voy aproximando a lo que necesito. Sólo me queda dominar las técnicas del ittoryuu con Mangetsu y podré pasar al nitoryuu."
Mientras tomaba un descanso cortito, sacó un cigarro y reflexionó un poco sobre el avance que había tenido a lo largo del día. Cómo poco a poco había conseguido encontrar soluciones a los problemas que se le iban presentando conforme avanzaba el entrenamiento; su conclusión fue evidente.
"No existen atajos para volverse fuerte. Al final debes reanalizar todo lo que sabes e ir ajustándolo a las nuevas circunstancias, la introspección antes de la innovación parece ser la clave de todo avance en el camino que he elegido."
Al final había tenido que volver a lo más básico para adaptarse a su nueva katana antes de pasar a un nuevo estilo en el que manejase dos espadas en vez de una. Sonrió al recordar como le había costado llegar a esa conclusión y como la frustración al toparse con un muro en su camino, podía nublarte el juicio hasta tal punto que no vieses el portón gigante que te permite cruzarlo.
"Ahora visto lo visto, parece la solución más lógica y que tiene todo el sentido del mundo, el problema real reside en ver esas respuestas tan "obvias y evidentes" en los momentos más difíciles, cuando tu mente está en un atolladero y no tiene la calma requerida para establecer ese tipo de hilos de pensamiento."
Le fascinaba cómo funcionaba la mente humana y cómo, muchas veces, el peor enemigo de uno mismo era su propia mente y las cadenas que nos autoimponemos, ya sea de manera consciente o inconsciente, que nos impiden avanzar y superar nuestros límites; aquello que mucha gente denominaba la "zona de confort", aquella zona delimitada por los propios miedos de uno mismo que te impiden avanzar y superarte por el temor al fracaso.
"Al final todo se reduce a eso, romper tus propios límites, ser mejor que tu yo de ayer."
Sonrió al pensar en aquello y decidió que si al final no iba en solitario y formaba un escuadrón, ese sería el mantra de su equipo. "Romper los límites, aquí y ahora". Pensó en que quizá, aunque acabase yendo en solitario era una frase que debería aplicarse a menudo, si quería terminar por alcanzar su objetivo. No bastaba con ser fuerte, tendría que ser cada día más fuerte, sin ponerse límites, sin atar su mente, a todo lo que diese su talento innato, su fuerza y el esfuerzo de sus entrenamientos, y una vez llegado a ese punto, reformular todo y romper ese límite. Quizá ese era el camino de los más fuertes, quizá así, algún día lograse ser el mejor espadachín del mundo.
"Volvamos al entrenamiento".
Y se dispuso a continuar con su arduo entrenamiento.
"Bien me voy aproximando a lo que necesito. Sólo me queda dominar las técnicas del ittoryuu con Mangetsu y podré pasar al nitoryuu."
Mientras tomaba un descanso cortito, sacó un cigarro y reflexionó un poco sobre el avance que había tenido a lo largo del día. Cómo poco a poco había conseguido encontrar soluciones a los problemas que se le iban presentando conforme avanzaba el entrenamiento; su conclusión fue evidente.
"No existen atajos para volverse fuerte. Al final debes reanalizar todo lo que sabes e ir ajustándolo a las nuevas circunstancias, la introspección antes de la innovación parece ser la clave de todo avance en el camino que he elegido."
Al final había tenido que volver a lo más básico para adaptarse a su nueva katana antes de pasar a un nuevo estilo en el que manejase dos espadas en vez de una. Sonrió al recordar como le había costado llegar a esa conclusión y como la frustración al toparse con un muro en su camino, podía nublarte el juicio hasta tal punto que no vieses el portón gigante que te permite cruzarlo.
"Ahora visto lo visto, parece la solución más lógica y que tiene todo el sentido del mundo, el problema real reside en ver esas respuestas tan "obvias y evidentes" en los momentos más difíciles, cuando tu mente está en un atolladero y no tiene la calma requerida para establecer ese tipo de hilos de pensamiento."
Le fascinaba cómo funcionaba la mente humana y cómo, muchas veces, el peor enemigo de uno mismo era su propia mente y las cadenas que nos autoimponemos, ya sea de manera consciente o inconsciente, que nos impiden avanzar y superar nuestros límites; aquello que mucha gente denominaba la "zona de confort", aquella zona delimitada por los propios miedos de uno mismo que te impiden avanzar y superarte por el temor al fracaso.
"Al final todo se reduce a eso, romper tus propios límites, ser mejor que tu yo de ayer."
Sonrió al pensar en aquello y decidió que si al final no iba en solitario y formaba un escuadrón, ese sería el mantra de su equipo. "Romper los límites, aquí y ahora". Pensó en que quizá, aunque acabase yendo en solitario era una frase que debería aplicarse a menudo, si quería terminar por alcanzar su objetivo. No bastaba con ser fuerte, tendría que ser cada día más fuerte, sin ponerse límites, sin atar su mente, a todo lo que diese su talento innato, su fuerza y el esfuerzo de sus entrenamientos, y una vez llegado a ese punto, reformular todo y romper ese límite. Quizá ese era el camino de los más fuertes, quizá así, algún día lograse ser el mejor espadachín del mundo.
"Volvamos al entrenamiento".
Y se dispuso a continuar con su arduo entrenamiento.
