17-05-2024, 11:11 PM
40 de Invierno, Año 11
Skypiea - 09:47 a.m.
Corría por un pasillo largo.
Mientras jadeaba, presa del desasosiego mirando al fondo del pasillo, alternaba rápidamente el apoyo de mis cuatro patas en forma animal. Las paredes eran blancas, lisas y sobre ellas colgaban artilugios cuadrados de diversos tamaños con imágenes en su interior. Estaba repleto de puertas de metal a ambos lados que permanecían cerradas. El lugar era oscuro. Solo una tenue luz iluminaba desde un final que parecía no acercarse nunca, por más que apretara el paso. Una voz me llamaba desde el fondo. Una voz femenina que gritaba mi nombre, llamándome a su lado. — ...¡VIKTOR!… — chillaba desesperadamente, cada vez con menos frecuencia y más lejos. Yo me angustiaba cada vez que escuchaba esa voz y aceleraba el paso. Podía notar como mi corazón se estremecía y mi respiración se volvía más y más pesada por el cansancio. Pasados unos instantes, la luz al final del pasillo se apagó a la vez que la voz que me reclamaba y todo se volvió negro mientras yo me detenía a coger aire con mi lupina lengua fuera. — Viktor. — susurró a mi oído.
— ¡Selene! — exclamé a viva voz, terriblemente exaltado mientras me incorporaba como un rayo, completamente sudado y con el cuerpo dolorido. Seguramente cualquiera en el edificio podría haberme escuchado. El silencio que prosiguió en la habitación se prolongó durante minutos. ¿Qué acababa de decir? ¿Acaso conocía a aquella persona? Su voz me era extrañamente familiar, pero no recuerdo ese nombre. ¿Por qué me llamaba entonces desde la luz? — ¿Quién eres? — susurré, solo para comprobar que mi voz estaba ligeramente agarrotada por el tiempo sin hablar. Ha debido de pasar bastante tiempo desde que terminó el torneo, pensaba mientras comenzaba a revisar mi habitación.
Estaba en una habitación desconocida. Toda la construcción era típica de la zona y estaba prácticamente vacía, a excepción de un catre donde había descansado, una mesa simple donde alguien había dejado mi libro, una silla sobre la que reposaba mi abrigo y una ventana. Lo primero era buscar a mis compañeros: Sohem y Chloe. Me dolía la cabeza como si el jefe me hubiera golpeado con su Hells Bells en la sien durante una semana. Me incorporé de la cama y, con esfuerzo, apoyándome sobre las rodillas, me puse en pie. Habían dejado la ventana cerrada y no estaba seguro de qué hora era siquiera. Después de acercarme como pude a la silla para coger mi abrigo, el libro, y busqué a Shimei Kaeru, que estaba apoyada gentilmente sobre el marco de la puerta y, con pasos maltrechos, abandoné la habitación para encontrar a los demás. Estaba claro que habíamos caído presas del Emperador Zarutsuki. El gobernante resultó ser nada más y nada menos que un prominente usuario del Haoshoku Haki y, cuando Sohem intentó atentar contra la vida de Yojimbo, nos dejó a todos fuera de combate. ¿A todos? No podía saberlo. Necesitaba preguntar a mis compañeros. — Un emperador con el poder de un Rey. Irónico. — musitaba mientras buscaba con la mano el pomo de la puerta de la habitación contigua, según salí al pasillo, a mi derecha, dispuesto a conocer a mi vecino… si es que ya estaban despiertos. — Soy V, ¿puedo? — preguntaba, aunque no sabía por qué. Iba a entrar de todos modos.
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